Poesía

LA RANA MOSTAZA

Se oculta la rana entre hojas altas,
no por miedo, sino por saber.
Quien mucho ha visto, poco descansa;
quien mucho escucha, aprende a no ceder.

No rehúye el mundo, lo contempla.
Desde su altura ve sin ser vista.
Calla, porque el ruido engaña;
espera, porque la prisa embiste.

¿Qué es la duda, sino forma de cuidado?
¿Qué es la desconfianza, sino memoria?
La rana recuerda lo que el agua calla,
lo que la tierra entierra en su historia.

Allí, entre tallos, su cuerpo reposa,
pero su espíritu está despierto.
Caza, sí, pero no solo por hambre,
caza para que el jardín siga bello.

Y si acaso parece distante, huidiza,
no es por desprecio, ni por desdén,
es que sabe que a veces la cercanía
trae sombra en vez de sostén.

No todo lo que se esconde teme;
no todo lo que duda se pierde.
La rana, al dudar, se mantiene viva.
Y en su silencio, algo protege.

Así también el alma humana,
que a veces duda y se repliega,
no siempre huye: a veces cuida,
y en la distancia también entrega.

Malania

Imagen: Ramona M. T.

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