En casa habita una rana platanera, no sé si sueña, si ayuna o si espera, pues siempre que intento su gesto atrapar permanece inmóvil en el mismo lugar.
Un día la lluvia me quiso mojar, tomé mi paraguas al verlo gotear, y entonces, sorpresa, saltó a saludar una ranita pequeña que vino a jugar.