SACAR LA LENGUA
Sacar la lengua
puede ser una travesura,
un desafío,
una burla pequeña
que cabe en la sonrisa de un niño.
Puede decir:
“no me importa”,
“te estoy molestando”,
“mírame”,
o simplemente
“hoy no pienso portarme bien”.
Pero la lengua también sabe
de silencios,
de concentración,
de esos instantes en que el mundo desaparece
y hasta el cuerpo parece pensar.
Hay pueblos donde saludar con ella
no es insolencia,
sino tradición;
porque ningún gesto pertenece
a un solo significado.
¿Y los gatos?
Ellos parecen haber entendido
que nosotros complicamos demasiado las cosas.
A veces sacan la lengua
después de acicalarse,
porque se quedaron a mitad del ritual.
A veces porque están profundamente relajados,
porque olvidaron guardarla,
o porque su pequeño universo
estaba ocupado persiguiendo un sueño.
Y otras veces, simplemente,
nos miran con esos ojos imposibles
y nos regalan un “blep”.
Una lengua diminuta,
rosada y descarada,
asomándose al mundo
sin pedir permiso.
Quizá no sea burla,
no sea saludo.
ni tampoco concentración.
Quizá un gato,
cuando saca la lengua,
solo está diciendo:
“Estoy aquí.
Estoy bien.
Y, por un instante,
me olvidé de ser elegante.”
Malania
Imagen: Rosana G. B.
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Un Comentario
miguelmarquez
Buenísimo amiga 😃😃