CÓMPLICE Y TESTIGO
El silencio suele ser un buen cómplice y un mudo testigo.
Pero a veces puede empezar a quemar por dentro
y hacer tanta presión interior y terminar con un estruendo.
El escribir, es un escape válido
y aunque no sea con versos perfectos,
lo que importa es:
inspirar aire puro para dejar fluir la inspiración,
y espirar lo que daña, lo que sobra en nuestro interior.
Escribir también suele ser una buena terapia
contra la tristeza y el desamor.
MalaniaImagen: de la red generada por Gemini
UN POEMA EN NAVIDAD
Un poema en Navidad
Para un amigo que ya no puede más…
Una sonrisa desgarrada
Por tanta desesperanza
En un clima de agua putrefacta
Que viste de negro ciudades y plazas.
Niños sin Santa y con la alegría guardada
Esperando el milagro de respirar,
un aire sin fragmentos de balas.
Sin el tormento de explosiones diarias…
Es que en esos países
El pan no sabe a nada
Si se consigue… no alimenta el alma.
La sangre que es savia, circula contaminada
Queda de esta forma la tristeza plasmada,
en el cuerpo, en la cara…
¡Lancemos una oración en masas!
Por esos olvidados en esta época Santa
A quienes les arrancaron la miel de sus entrañas,
para sembrarles uvas amargas.
¡Qué el Creador se apiade de ellos
y le devuelva la cordura a los hombres que mandan!
Para que depongan sus egos
y se concentren en hallar felicidad para su gente.Autora: Sira Vargas de Biheller .
Barquisimeto- Estado Lara Venezuela.
Imagen de la red.
SONRISAS CON AMOR
Hay sonrisas que atrapan y enamoran – salen del corazón enamorado-
Son las que nos acarician sin tocarnos, las que llenan el alma, esas que si nos faltan, las extrañamos.
Pero también hay sonrisas que atrapan y enredan
como si fuesen telarañas de las que es difícil escapar.
Son las que envuelven y enferman.
Por suerte se puede salir de ellas aunque cueste lágrimas y tristeza.
A lo largo del tiempo, eso se olvida,
la sonrisa vuelve a nosotros, vestida de buen aire, llena de paz y se instala.
Pero esta vez vuelve para quedarse con amor por nosotros mismos.Malania
Imagen: Roxana E. S. y propia (Malania)

BRISAS NAVIDEÑAS
En estos días en que el aire
parece guardar un brillo distinto,
en que el corazón se demora
ante cualquier gesto de ternura,
quiero abrazarlos con palabras
que ojalá lleguen
donde mis brazos no pueden.Familia y amigos del alma,
ustedes que habitan mi recuerdo
como lámparas encendidas,
les deseo un tiempo navideño
que cure lo que duele
y despierte lo que sigue vivo.Que el antes de la Navidad
nos encuentre preparando el espíritu:
ordenando silencios,
descansando heridas,
dejando que la esperanza
vuelva a tomar asiento.Que la Nochebuena llegue suave,
como quien toca la puerta
para no despertar tristezas,
y nos regale un instante de calma
en medio del ruido del mundo.Y que después, cuando ya pasen
las fiestas y los brindis,
permanezca la luz que encendimos,
esa que no depende de adornos
ni del calendario,
sino del amor que seguimos ofreciendo.A cada uno de ustedes
les deseo un tiempo profundo,
benigno y verdadero,
que la paz los visite sin prisa,
y que la alegría se quede más tiempo
del que suele animarse a quedarse.Feliz tiempo de Navidad.
Con todo mi afecto.Malania
Imagen: Propia
LA SOSPECHA
(Segunda parte)
– Ya son las cuatro, me voy a ir un rato al velorio, le dijo a su esposa.
La sala no era precisamente una sala alegre, pero ese día le pareció que estaba un poco más iluminada y eso la hacía menos agobiante. La Luz, pensó, siempre es bienvenida. Donde hay luz, las tristezas se van. Algunos vecinos estaban en la vereda cuchicheando porque en los velorios nadie habla en voz alta. Se acercó y, como era conocido, lo saludaron.
– Qué tal don Carlos.
– Muy bien. Buenas tardes.
Don Carlos se quedó parado en la puerta de la sala. Deberé entrar porque nadie saldrá a recibirme, pensó. En ese momento salió la viuda, llorosa acompañada de dos o tres vecinas. Don Carlos se sacó la gorra para saludarla, pero ella siguió su camino sin advertirlo. Cuando sus ojos se habituaron a la oscuridad, descubrió algunas coronas, pocas, y una de las hijas de ella, ya que Raúl se había juntado y no tenía hijos con esa mujer. Ella, en cambio, tenía tres hijos de dos maridos distintos. Falta el gringo, se dijo don Carlos, y también la Marta, la otra hija. El gringo, así le decían a ese muchacho alto, flaco, de pelo castaño claro, de unos 23 años. El Gringo, pensó don Carlos. La hija que estaba con otras chicas, no parecían muy tristes. Charlaban con dos o tres amigas comentando no sé qué cosas. Algunas vecinas sentadas como haciendo el aguante, sin decir nada, observaban todo.
Se acercó al cajón y allí lo vió al bueno de Raúl. Tenía la cabeza como vendada, con algún rastro de sangre mal lavada por el rostro. Ni le lavaron bien la cara, pensó don Carlos. Se hizo la señal de la cruz y rezó algo como pidiendo a Dios que le de la paz porque después de todo Raúl era un buen tipo. Jamás jodió a nadie. Siempre vivió de su trabajo. Claro ya hacía unos años que estaba solo, pues su mujer se le fue con otro y él empezó a rondar a la madre del Gringo hasta que un buen día se quedó en su casa. Y así fue nomas. Ahora estaba allí, sin vida, sin aliento con los ojos casi cerrados. Ya dejaste de sufrir, pensó don Carlos. Luego de unos minutos se fue para la calle. Hacía calor allí dentro.
Terminó el velorio, lo llevaron al cementerio y no se habló más de Raúl. La vida siguió. Así nos pasará a todos, pensaba don Carlos mientras ofrecía su mercadería.
Ya nadie se acordaba del pobre Raúl. El tiempo había pasado, sin embargo, la imagen de Raúl no se le iba de la cabeza. Cómo lo mataron, por qué lo mataron, quién lo mató. Eran preguntas que o tenían respuestas para don Carlos, ni para nadie.
Un buen día, siempre hay un buen día, don Carlos se encontró a solas con una de esas vecinas que les gusta hablar de las cosas más secretas de los otros. Hacía rato que esperaba encontrarse a solas con ella y como quien no quiere la cosa, le dijo que no podía olvidarse de Raúl y ya habían pasado varios meses.
– Si, dos años don Carlos, le dijo la vecina.
Se hizo un silencio apenas interrumpido por el lento masticar del caballo y por la soledad del mediodía.
– Nunca supimos qué pasó, dijo don Carlos, como al pasar.
– Pero Ud, ¿no se enteró?, le descargó la chismosa.
– De qué tengo que enterarme.
– No vio que el gringo hace tiempo que no vive por aquí?Autor: Manuel Clemente Rodríguez
Imagen de la red
NUNCA TE SIENTAS SOLO
Nunca te desanimes cuando veas que nadie está a tu lado,
no dejes que los miedos se apoderen de ti.No te sientas mal, intentando abandonar todo
y salirte de la senda, porque te domina el desánimo, la tristeza.Nunca te sientas solo, ten fe en Dios
porque siempre estará a tu lado diciéndote a su manera:-Cuando todos te hayan abandonado, llámame en una oración
y sabrás que siempre estoy fortaleciéndote-Autor: Miguel Márquez
Imagen: de la red gentileza de Ricardo Gamero
SIMPLES MIRADAS
Esa que dice sin necesitar palabras, que carga una pena guardada muy dentro.
Esa que pregunta sin entender la realidad que vivimos, no comprende por qué el daño.
Simple mirada que deja mostrar el sufrir, siente las heridas que no cicatrizan mostrando el dolor del alma.
Son llenas de inocencia, de incomprensión, las que no pueden apagar el mal que los rodean por más que lo intenten.
Simples miradas que alejan sonrisas mientras traen moldeadas la tristeza en sí, sin encontrar respuesta a lo que les toca vivir.
Autor: Poeta uruguayo Miguel MárquezImagen de la red
EL NIÑO Y EL PERRO
Un niño llamado José, todos los días cuando no estaba en la escuela, recorría el pueblo con su perro.
Llegaba a todas las casas que podía para preguntar si no necesitaban algo, estaba siempre dispuesto a hacer mandados.
Era muy conocido en el pueblo además de ser muy querido por todos, nunca se negaba a lo que los vecinos le pedían.
Nadie pedía algo que un niño no pudiese hacerlo, y ahí él con su perro, firmes a cumplir con lo que le pedían.
Por cada mandado o tarea le daban una moneda que no pedía y las iba juntando, al final del día se las daba a su madre, era de familia muy humilde.
Así pasaba sus días para poder ayudar en las compras de alimentos para sus hermanos pequeños.
Dónde iba, su perro lo seguía, se habían vuelto inseparables, tanto el sentimiento entre ambos, que no se los veía solos.
Si veían al animal frente a un comercio José estaba dentro realizando compras.
Una tarde fría de invierno el niño encontró a su perro agonizando e intentó todo para que mejorase.Todo lo que hizo y buscó, no dio resultado, su mascota terminó falleciendo, eso entristeció mucho al niño.
Ya no era el mismo sin su perro, con el pasar de los días se lo dejó de ver a José, y en el pueblo se preocuparon por él.
Cuando de la escuela lo fueron a ver, estaba en su casita simple muy enfermo en cama.
Llevaron a un médico que lo trató pero nada pudo hacer por él, se encontraba muy grave.Decidió que lo internaran en un hospital en la ciudad, no dio garantía de que pudiese mejorar aunque haría todo para eso.
A los cinco días el pueblo lloró su muerte y la escuela permaneció cerrada estando de luto.
Un anciano sentado frente a la sede vecinal del barrio donde el pequeño era velado miró al cielo.
Llorando dijo en voz alta para que todos escuchasen.
–Se fue el niño y el perro, nada será igual, no pasará su figura con su mascota siempre juntos–
Así todos despidieron a José que, como su perro se ganaron el cariño de todos.
Con el tiempo la única plaza del pueblo pasó a llamarse Plaza José y en ella un monumento al niño con su perro.Autor: Poeta uruguayo Miguel Márquez
Imagen: de la red
PAPAYAS MADURAS
Ha nacido una papaya,
la papaya del amor
de ese amor que te profeso
con alegría y dolor.
Alegría cuando me hablas
cuando ríes, cuando cantas.
Pero la tristeza me embarga
cuando te quejas o callas.
Entonces el dolor me invade
me estrangula, me sofoca.
No sé si morir de a poco
o encenderte los sentidos
para que al dolor lo alejes
y sea feliz de algún modo.La papaya va creciendo
y cuando la miro orgullosa
tal vez me dice:
algún día maduraré
y me comerás, sabrosa.
Es para ti, es para mí,
es la papaya que tanto ansié,
para brindar a tu boca
la frescura de una fruta hermosa.
Ha nacido aquí, en mi casa
para brindártela toda
con amor y con ternura
la comerás sabrosa.
La papaya ha madurado,
pero ¿Cómo te la envió?
Si está llena de rocío
del rocío del amor.
Se maduró con el sol
que con sus radiantes rayos
la iluminó toda, toda,
y la inundó de pasión.
El sol entibó su piel
y la azucaró por dentro,
la volvió exquisita en sabor
la anaranjó en talento.
Cómo quisiera que hoy,
estuvieras tú muy cerca
de la papaya y mi vida
para comértela entera.Malania
Imagen: Propia
ENTRE TIPAS FLORECIDAS
Y él se fue,
entre árboles de flores perfumadas,
donde el viento tejía memorias
con hilos de luz en cascada.No miró atrás.
Sus pasos callaban promesas
que aún en mi pecho temblaban,
como hojas que no quieren caer.El suelo, una alfombra amarilla,
dibujaba el camino de su despedida,
y cada hoja era un adiós
que el otoño guardaba en su partida.Subió al tren sin palabras,
como quien ya ha llorado en silencio,
como quien se lleva la mitad del cielo
y deja la otra mitad ni en ruinas ni suspenso.Yo me quedé allí,
bajo los árboles que aún olían a nosotros,
esperando que el perfume bastara
para no olvidarlo del todo.Y él se fue,
quizás definitivamente,
pero su ausencia sigue llegando
con la floración de tipas y naranjos.Malania
Imágenes: gentileza de mi amiga Mariana. Bs As.
