Poesía

  • Poesía

    AL BORDE DEL CAMINO

    En la cornisa extrema donde el mundo
    parece deshacerse en aire y silencio,
    unas flores solo sostienen su latido,
    firmes en la duda, tensas en el desfiladero.

    Sus colores en trama de un soleado invierno
    guardan el lenguaje áspero del viento,
    cada herida tallada por la tormenta
    como un recuerdo al borde del camino.

    Malania

    Imagen: propia

  • Poesía

    SIN VOZ NI PRISA

    Detiene el gesto el hombre en su frontera,
    entre el cielo y el mar, sin voz ni prisa.
    La red suspendida traza la divisa
    de un sueño que no sabe si espera.

    El sol se quiebra en luz que ya no era,
    y el agua guarda, fiel, lo que improvisa:
    memorias sin razón, bruma sumisa
    que el alma reconoce donde opera.

    No busca peces, tampoco lo perdido,
    quizá fragmentos de un ayer sin testimonio,
    vestigios que en la sombra se han dormido
    con ángeles de colores sin demonios.

    El tiempo calla, absorto en su abandono,
    y en cada hilo tenso y sostenido
    pesca el silencio vivo del asombro
    de un año que termina sin accesorios.

    Malania

    Imagen: Propia

  • Poesía

    CUIDA TUS PALABRAS

    Hay vocablos que se afilan
    en las sombras de la lengua,
    ganchos hechos de ceniza,
    garfios que revientan venas;
    son jaurías desatadas
    en la noche del silencio,
    incendios en las entrañas,
    relámpagos sin consuelo.

    Son venenos que respiran
    entre grietas mal cerradas,
    punzones que se disfrazan
    de caricias disfrazadas.
    A veces llegan rastreras,
    como serpientes ardientes;
    otras, vienen como toros
    que arrollan todo al frente.

    Precaución, extrema, siempre,
    con la voz que se desquicia,
    la que salta como pólvora
    y se pudre en su avaricia.

    Son mareas desbordadas,
    tempestades en cadena,
    cuervos rotos en el aire
    goteando llagas ajenas;
    y son tumbas que se abren
    cuando estallan de rabia,
    porque un verbo sin conciencia
    hiere más que mil espadas.

    Las palabras son semillas
    que germinan luz o peste:
    si se lanzan sin alma
    solo engendran hambre y muerte.

    Atiende, atiende bien
    al filo oculto del verbo.
    Y no solo al verbo,
    también a los adjetivos
    y a los sustantivos,
    a las sílabas famélicas
    que rondan como espectros.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Poesía

    POETAS DEL CINCEL

    Qué sueños carcomen tu tronco
    y qué magia navega en tu savia
    que solo el cincel y la gubia
    a ser de la nada te llaman?

    Qué milagros esperas,
    y qué prodigio tus ramas aguardan
    que el martillo y la sierra ruidosa,
    con llanto y dolor
    te lo arrancan?

    Y que tienes tú,
    obrero del golpe continuo,
    que le sacas a la forma escondida
    el ropaje maderil que la oculta?

    ¡Qué prodigio entre el hombre y el árbol!
    ¡Qué fuerza, qué temple, qué coraje!
    conformando los dos
    el ansiado y hermoso milagro.
    …y serenamente aparece
    la bella forma de líneas y pliegues
    y la madera endiosada, pulida,
    arrebata un sueño y lo hace presente.

    Salve a ti.
    cirujano del árbol,
    que conoces con muchos detalles
    la recia y hermosa figura
    que desde siempre estuvo escondida
    y de pronto tú,
    solo tú,
    provocas
    el que sea por todos
    reconocida!

    Autor: Profesor jubilado Manuel C. Rodríguez

    Imagen: Gentileza de Manuel C. Rodríguez.
    Resistencia. Chaco. Argentina

  • Poesía

    AMOR DE VIDA

    Si volviera a verte,
    amor de mi vida,
    sabrías que en mi pecho
    tu ausencia sigue herida.

    Me pierdo en tu silencio,
    me envuelve su dolor;
    y en él voy descubriendo
    la sombra del adiós.

    Mi vida es para ti,
    mi eterno y fiel deseo;
    soñar que estoy contigo
    alivia lo que siento.

    Quisiera así abrazarte,
    besarte como ayer,
    y darte mis anhelos,
    mis sueños de papel.

    Aquellos que tejimos
    bajo el amanecer,
    jurando estar unidos
    por siempre y hasta el fin.

    Amor, cuando te nombro
    susurro mi querer:
    tu ternura me enciende,
    tu dulzura es mi bien.

    Te amo por tu fortaleza,
    por todo lo que fue;
    aunque el tiempo nos cambie,
    jamás te olvidaré.

    Malania

    Imagen: gentileza de Ricardo G.

  • Poesía

    IMPRONTAS

    Ella heredaba los gestos de su madre,
    pasos medidos,
    la palabra justa,
    esa costumbre de hablar en hilos breves
    como quien teme abrir puertas antiguas.

    Del pasado prefería el silencio,
    y de su vida íntima,
    apenas un borde,
    un leve resplandor que no quemara.

    El amor había acabado hacía años,
    un fuego que alguna vez la sostuvo
    y que luego ardió hacia dentro,
    dejando una nostalgia tibia,
    cada vez más tenue,
    deslizándose lenta
    a la zona gris de la memoria
    donde lo vivido pierde nombre.

    Allí buscaba sentido
    como quien palpa un objeto en la penumbra:
    no hallaba un cariño firme,
    ningún ancla que la reclamara.

    Y así,
    uno a uno
    los fantasmas del amor—
    sus sombras, sus ecos,
    sus viejos remansos—
    se fueron desvaneciendo
    como humo que reconoce el viento
    y por fin
    se deja ir.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Efemérides,  Poesía

    DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS

    A nuestros difuntos,
    ¡Una oración  y luz para su evolución!
    ¡Qué descansen en santa calma!
    Rodeados del amor de Dios.
    Hoy en su día,
    Celebramos su  vida
    Su paso por la tierra
    ¡Ha sido lo mejor!
    De ellos, tenemos ADN
    y experiencias, que nos
    ayudaron en el crecimiento  interior.
    Son muchos aquellos que conocimos:
    Compañeros de trabajo, familiares, amigos…
    A los cuales  extrañamos
    Cada mañana, al levantarnos
    Y en la noche, al acostarnos…
    Es la ley de la vida,
    Algunos mayores, parten
    para dar espacio a otros que nacen
    En este juego infinito 
    De almas en circulación:
    Unos llegan, otros se despiden…
    Para regresar a otros planos,
    en este círculo indetenible de la creación…

    Autora: Sira Vargas De Biheller

    Barquisimeto- Estado Lara. Venezuela

    Imagen: Gerardo S. V.  y de la red.

  • Poesía

    LAS UVAS DE VERANO

    Las plantas viejas han sido removidas,
    pues ya no daban frutas, estaban resentidas.
    Mientras la veía con menos fortaleza,
    decidí enterrar una rama, con delicadeza.

    Aquella rama guardaba la vida encendida:
    hojas verdes, tallo firme, sed de nueva partida.
    Al poco tiempo empezó a florecer,
    más y más hojas sanas la vi aparecer.

    Y por si fuera poco, con mágico aviso,
    me sorprendió con uvas creciendo en racimo.
    Pequeñas primero, tímidas al sol,
    creciendo despacio, cumpliendo su rol.

    Se llenarán de jugo, de sabor intenso,
    dará el verano un dulzor inmenso.
    Serán como un canto al amor más eterno:
    dulces uvas que abrigan el alma en invierno.

    Malania
    Imágenes: Gerardo S. V.

  • Poesía

    CONO DE NUBES

    La noche en calma se avecina
    dos postes silenciosos vigilan.
    Muy cerca, una palmera dormida
    quizá sueña con mareas distantes.

    El bosque observa sin pestañear,
    cómplice del misterio que sucede,
    y en la tierra, un hueco despierto
    exhala nubes de colores que se elevan.

    Parecen suspiros de un mundo oculto,
    secretos que el viento no traduce;
    una puerta en cono se confunde
    donde la magia brota y reluce.

    Malania

    Imagen: Gentileza de Gerardo S. V.

  • Poesía

    MADRE DE LA TIERRA Y DEL ALMA

    Madre de madrugadas y de soles tibios,
    de manos cansadas, de sueños sencillos.
    Te alzabas temprano, sin quejarte nunca,
    el gallo apenas cantaba… y ya eras espuma.

    Dabas de comer a gallinas curiosas,
    encendías el fuego, amorosa y hermosa.
    Con agua caliente y un mate en la mano,
    comenzaba el día, tan fiel y temprano.

    Ordeñabas vacas con gesto sereno,
    traías la leche, regalo del cielo.
    Hacías ricota, crema y dulzura,
    llenando la mesa con tu mano pura.

    La ropa lavabas con amor sin medida,
    cuidabas la casa, cuidabas la vida.
    Barrías el patio, regabas las flores,
    dalias y rosas, claveles de amores.

    Los perros te amaban, sabían tu paso,
    tu andar silencioso, tu abrigo sin lazo.
    Nada nos faltó bajo tu cuidado,
    ropa, alimento, cariño sagrado.

    Y por las noches, amasabas el pan,
    con fuerza y ternura, como quien da paz.
    Lo dejabas leudar en silencio y en calma,
    y al alba, en moldes, lo horneabas con el alma.

    El horno de leña crujía al despertar,
    y el pan, ya liviano, empezaba a brotar.
    Todo lo hacías con tanta emoción,
    con manos de madre, con el corazón.

    Mi padre sembraba, confiando en tu abrazo,
    y en sus vacaciones, carpía el maíz raso.
    Mandioca, batatas, zapallos en fila,
    su esfuerzo y el tuyo, raíz que abriga.

    Descendiente fuerte de nobles ucranianos,
    heredaste el temple, el trabajo en las manos.
    Y aunque el tiempo pase, y el cuerpo se aleje,
    tu espíritu vive donde el amor se teje.

    Malania

    Imagen de la red.