• Poemas

    COMO REGALO DE VERANO

     
    Despliega tus alas, amor,
    para que las gaviotas sonrían
    al vernos volar a la par.
    Estás invitado a dibujar en la arena
    tus pies descalzos al andar
    pasear por la playa cuando despunta el sol
    escuchar el canto de las olas
    y al compás del viento verlas bailar;
    a contemplar el horizonte,
    cuando la luna y el sol
    juegan al escondite, sin naufragar,
    mientras en el balcón, al amanecer
    un rico mate o un café, poder saborear,
    a leer bajo una sombrilla desplegada al sol,
    mientras me contemplas
    cuando me sumerjo en el tibio mar.
    Imagen: E. P. L.
  • Poemas

    NADA FUGAZ

    En el holográfico universo,
    múltiples planos
    en grises y naranja,
    entremezclados
    con colores sin nombre.
    Planos misteriosos y mágicos,
    que se desplazan
    entre la fresca y divertida
    brisa del horizonte,
    cuando el sol
    se va despidiendo
    sin rigor del tiempo,
    desmontado
    de los hombros gigantes
    de una nube.
    Imagen: E. P. L.
  • Poemas

    PEDALEANDO

    Pedaleando en una nube,
    sin poder ir a ningún lado,
    se nos ha roto la cadena
    y de miedos nos han contagiado,
    al ver, que hasta los cuerpos celestes
    todos han sido remendados
    con hilachas y telarañas,
    hasta los bosques pintados
    en grises y anaranjados.
    A lo lejos los manteros,
    cartoneros y linyeras,
    esperan que se abran los puentes
    para cruzar las fronteras;
    también personas pudientes,
    con la esperanza latente
    de volver a ser como antes
    hermanados tras los puentes
    sin guías ni laberintos,
    haciendo vida normal
    entre blancos y azabaches.
    Las medidas casi listas
    alientan a los turistas,
    comerciantes, paisajistas,
    y siguen muchos en lista.
    Los médicos y enfermeras,
    ambulancieros, licenciados,
    y todo personal de salud,
    descansarán de sus corridas
    para trabajar en plenitud,
    normalmente y en armonía.

    Imagen: R. E. Ch.

  • Poemas

    BOSQUE ROSADO

    Un silencio tibio se estampa,
    en lo más profundo
    del bosque rosado,
    bajo un cielo espejado,
    con huellas que ha dejado
    la inmensa luna de plata.
    La adorable dulzura
    de un ambiente de paz,
    trasmite el aroma primaveral
    a las luciérnagas cansadas,
    que se adormecen a la sombra
    en las ramas de los árboles.

    Imagen: R. E. Ch.

  • Poemas

    DE UVA Y VINO

    Para nada estériles,
    imbuidas violáceas,
    como pintadas con jugo
    de uva y vino,
    se reflejan en el éter
    después de una lluvia
    incesante y frenética.
    Una corriente de aire amenaza
    la aparente inmovilidad del sol
    en noche nada estrellada
    y una luna oculta y miedosa
    deja ver las gotas de agua
    cristalizadas en las flores
    embriagadas por el vino
    y rígidas por el frío.

    Imagen: R. E. Ch.

  • Poemas

    LLANTO DE AVE

    Desolada imagen
    de un triunfador derrotado
    en proceso apocalíptico
    transido por su aciago destino.
    Devuelto a la soledad
    observa las flores violetas
    del jacarandá
    caídas por el mecer del viento
    después que el tornado
    destruyera su nido
    dando fin a  su amada. 

    Imagen: E. P. L.

                                                     
  • Cuentos

    A LA ORILLA DE UN ARROYO

    Se había sentido embriagada como si le hubiera hablado el pájaro aquel, sublime alondra, que esperaba volver a oír después de mudarse al campo, luego de que en la gran ciudad sólo escuchaba al zorzal cuando la despertaba.
    Recuerda que antes de mudarse a la gran ciudad todos querían impedirle que se fuera. Le decían que estaba loca. “Aquí estás segura y te vas a un lugar donde todo el mundo trata de alejarse de ahí”. Pero su valentía fue superior a todo aquello que, por una parte, sabía que era así. Su lugar estaba allí en la gran ciudad.
    Tenía que enfrentar la vida como fuera, de la mejor manera. En ese cambio se dio cuenta de la importancia que tienen una ruta, un puente, una altura de calle…pero también la de una mirada, una sonrisa, o simplemente el silencio.
    Esa tarde, siguió las huellas del canto de la alondra por la cuesta de los espinos amarillos. Las hojas y las flores se movían sin cesar. Vio a lo lejos en graduación los glaciares azules que coloreaban el horizonte.
    De pronto ya no había luz en el cielo. Tropezando con cuanto había en los senderos, se equivocó de camino. Llegó hasta la ladera de las cumbres y allí esperó a los primeros rayos del sol. Su sorpresa fue el paisaje y el despertar con el canto de la alondra, a la orilla de un arroyo en un bosque pantanoso.
    Nadie sabe cómo pudo llegar hasta ahí, ni ella recordaba adónde tenía que ir.

    Imagen: R. E. Ch.