• Prosa Poética,  Relatos

    EL REGALO DE LA VIDA

    La vida es el regalo más hermoso que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros. En ella encontramos la paz, la serenidad, el amor y el servicio. También descubrimos la luz que nos guía en nuestro proceso de evolución espiritual. Sin embargo, muchas veces nos apartamos de esa realidad para sumergirnos en el mundo material.

    Vivimos más preocupados por lo que podemos obtener, acumular o conquistar que por amar, respetar y cuidar nuestro propio cuerpo. Con frecuencia llegamos incluso a sacrificar nuestra salud y nuestra paz interior con tal de alcanzar bienes materiales. Es precisamente allí donde comenzamos a ser condicionados, envueltos y esclavizados.

    Cada día nos sometemos más a un sistema que constantemente nos impone modelos de vida, deseos y necesidades. Nos repiten una y otra vez, a través de la televisión, la radio, las redes sociales y nuestros teléfonos celulares, aquello que debemos consumir, desear o perseguir. Poco a poco vamos perdiendo la libertad interior, sin darnos cuenta de que hemos sido programados para vivir pendientes de lo externo.

    Pero nuestro verdadero ser es libre. Hemos recibido el don del libre albedrío, y podemos ejercerlo plenamente cuando aprendemos a gobernar nuestros pensamientos y a buscar la luz que habita dentro de nosotros. Para encontrar esa luz debemos permanecer serenos, vivir en paz, vibrar en amor y mantener siempre la disposición de ayudar, colaborar, guiar y tender la mano a quien lo necesita.

    Cuando logramos conservar esa serenidad y ese amor en nuestro corazón, comenzamos a recorrer un camino de luz que, paso a paso, nos conduce hacia una mayor evolución espiritual.

    Recordemos que estamos viviendo un tiempo propicio para despertar nuestra conciencia. Es el momento de preguntarnos quiénes somos realmente, hacia dónde vamos y qué clase de mundo queremos construir. ¿Deseamos seguir habitando un mundo dominado por la guerra, la envidia, la codicia y el egoísmo, o queremos contribuir a crear un mundo diferente, lleno de amor, paz, servicio y fraternidad, donde todos podamos vivir en armonía?

    La decisión está en nuestras manos.

    Autor: Eduardo Rivera C.

    Imagen:

  • Descripción

    MONUMENTOS NATURALES DE MISIONES

    Misiones protege su flora y su fauna a través de leyes. Tiene 27 especies declaradas monumentos naturales, 16 de fauna y 11 de flora.
    El saltamontes y el escarabajo arlequín fueron declarados recientemente como tales.
    Estos insectos son esenciales para el cuidado de la biodiversidad.
    Entre otros monumentos naturales se encuentran el yaguareté (también llamado jaguar, es el felino más grande de América, ocupando el tercer lugar a nivel mundial después del tigre y el león). Otros son: el tapir, oso hormiguero, lobo gargantilla, carayá rojo, aguará guazú, zorro pitoco, águila arpía, el loro charao y por supuesto el tucán toco.
    Y los de la fauna se encuentran el lapacho negro, pino Paraná, palo rosa, chachí bravo entre otros.

    Información e imágenes de la red.






  • Descripción

    TUCÁN DE LA SELVA

    En la provincia de Misiones habitan las cinco especies de tucanes registradas en Argentina, destacándose el tucán grande como símbolo provincial y monumento natural protegido por su gran tamaño, plumaje negro y llamativo pico naranja con mancha negra.
    Su dieta principal se compone de frutas maduras, bayas y semillas.
    También se alimentan ocasionalmente de insectos, huevos y pichones de otras aves.

    El tamaño y el peso del tucán dependen de la especie, ya que existen variedades grandes y pequeñas.
    El tucán grande, llamado toco, mide entre 55 y 65 ceentímetros de largo. Su pico puede llegar a medir hasta 20 centímetros.
    Pesa entre 500 y 860 gramos.
    Las especies más pequeñas miden unos 30 centímetros y pesan menos de 100 gramos.
    Es común verlos en el Parque de Iguazú. Pero también en diferentes lugares donde hay frutos, en la selva o en sus alrededores.
    La papaya es uno de sus alimentos favoritos.


    Información de la red.
    Imagen: Gentileza de Ninet


  • Poemas

    SACAR LA LENGUA

    Sacar la lengua
    puede ser una travesura,
    un desafío,
    una burla pequeña
    que cabe en la sonrisa de un niño.

    Puede decir:
    “no me importa”,
    “te estoy molestando”,
    “mírame”,
    o simplemente
    “hoy no pienso portarme bien”.

    Pero la lengua también sabe
    de silencios,
    de concentración,
    de esos instantes en que el mundo desaparece
    y hasta el cuerpo parece pensar.

    Hay pueblos donde saludar con ella
    no es insolencia,
    sino tradición;
    porque ningún gesto pertenece
    a un solo significado.

    ¿Y los gatos?

    Ellos parecen haber entendido
    que nosotros complicamos demasiado las cosas.

    A veces sacan la lengua
    después de acicalarse,
    porque se quedaron a mitad del ritual.

    A veces porque están profundamente relajados,
    porque olvidaron guardarla,
    o porque su pequeño universo
    estaba ocupado persiguiendo un sueño.

    Y otras veces, simplemente,
    nos miran con esos ojos imposibles
    y nos regalan un “blep”.

    Una lengua diminuta,
    rosada y descarada,
    asomándose al mundo
    sin pedir permiso.

    Quizá no sea burla,
    no sea saludo.
    ni tampoco concentración.

    Quizá un gato,
    cuando saca la lengua,
    solo está diciendo:

    “Estoy aquí.
    Estoy bien.
    Y, por un instante,
    me olvidé de ser elegante.”

    Malania

    Imagen: Rosana G. B.

  • Prosa Poética

    NUNCA CAMINARÁS EN SOLEDAD

    Aunque camines sin nadie a tu alrededor,
    siempre tendrás su compañía.

    Cuando no veas a nadie apoyarte en tormentas
    Él estará aún sin verlo.

    Nunca caminarás en soledad, mantén tu fe en Dios,
    porque Él no te abandonará jamás, fortaleciéndote
    y te dirá a su manera: 

    Confía en mí y siempre me tendrás a tu lado, sin abandonarte jamás aún sin verme.

    Autor: Miguel Márquez

    Imagen: Gladis

  • Minicuentos

    GUIRNALDAS

    El sonido de los grillos era el único acompañante de don Mateo en aquella noche estrellada, como muchas otras noches. El pueblo dormía, pero en su corazón latía una mezcla de emoción y nerviosismo. Había pasado días decorando el sendero que llevaba a su pequeña casa, transformándolo en un túnel mágico de luces cálidas y guirnaldas coloridas.

    Parece que las luciérnagas han bajado a visitarnos -murmuró para sí mismo-, contemplando cómo los banderines de colores, ahora iluminados por las pequeñas bombillas, bailaban suavemente con la brisa nocturna. Quería que la bienvenida fuera perfecta. Quería que el primer paso que ella diera de vuelta a casa fuera sobre un camino de alegría.

    Con un suspiro, don Mateo se sentó en el banco de madera que había colocado a la entrada del sendero. Estaba vacío, un recordatorio silencioso de la ausencia que pronto llegaría a su fin. Sus dedos, callosos por el trabajo de jardinería, acariciaron la madera pulida, mientras sus ojos se clavaban en la oscuridad del camino principal, esperando divisar la figura que anhelaba.

    ¿Y si no le gusta? ¿Y si prefiere el bullicio de la ciudad? -los fantasmas de la duda comenzaron a rondar su mente-. Pero la imagen de su nieta, la pequeña Lucía, con su risa contagiosa y sus ojos llenos de curiosidad, disipó cualquier rastro de inseguridad. No importaba la edad que tuviera, ella siempre sería su pequeña exploradora.

    El tiempo pasaba lentamente, pero la determinación de don Mateo no flaqueaba. Se levantó y ajustó una de las bombillas que parecía estar parpadeando. Luego, regresó al banco, dispuesto a esperar todo el tiempo que fuera necesario.

    Y entonces, en la distancia, un destello de luz. El coche de su hijo asomaba por la curva. El pulso de don Mateo se aceleró. Se puso de pie, su mirada fija en el vehículo que se acercaba.

    El coche se detuvo y una figura joven y esbelta descendió. Era Lucía, pero no la niña que recordaba. Había crecido, se había convertido en una mujer hermosa y segura de sí misma.

    ¡Abuelo!, -gritó, corriendo hacia él-.

    Don Mateo no pudo contener las lágrimas. La abrazó con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo y el aroma de su perfume, que le evocaba recuerdos de tardes de verano y risas compartidas.

    Bienvenida a casa, mi niña, -susurró-, con la voz entrecortada por la emoción

    Lucía se separó un poco, sus ojos brillando con lágrimas de alegría. Contempló el sendero iluminado, las guirnaldas de colores que se mecían suavemente con el viento.

    “Es… es hermoso, abuelo”, dijo, su voz apenas un hilo. “Es el camino más bonito que he visto nunca”.

    Don Mateo sonrió, su corazón rebosante de felicidad. Tomó la mano de su nieta y, juntos, comenzaron a caminar por el sendero iluminado.

    Teníamos mucho que contarnos, pero el banco vacío ya no lo estaba. Ahora, estaba lleno de risas, de recuerdos y de la certeza de que el amor, como las luces del sendero, siempre brilla con más fuerza en la oscuridad.

    Malania

    Imagen: M. Julián T.

  • Haikus

    DESAYUNO

    Haikus

    Sol mañanero,
    junto al río, arroz verde,
    café entre flores.

    Ríen los campos,
    rojas flores, silencio,
    brilla el paisaje.

    Reflejos de agua,
    montañas bajo el cielo,
    dulce despertar.

    Malania

    Imagen: gentileza Joseph B.

  • Relatos

    MANERA DE PENSAR

    Sé tú mismo. No te dejes perturbar por los demás ni permitas que cambien tus ideas o tu manera de pensar. Pero para lograrlo, debes comenzar por aprender a guardar silencio respecto a aquellos proyectos, metas o propósitos que deseas realizar. Hasta que no los hayas concretado, procura no comentarlos con nadie, y verás cómo todo empieza a fluir con mayor libertad y menos obstáculos.

    Recuerda que cada persona piensa de manera diferente, y nunca sabemos en qué momento podemos encontrarnos con opiniones, energías o influencias que, consciente o inconscientemente, terminen afectando aquello que queremos desarrollar. Por eso, muchas enseñanzas aconsejan actuar primero y hablar después, permitiendo que nuestros esfuerzos y resultados hablen por nosotros.

    Debemos permanecer fieles a nuestros principios y mantenernos serenos en todo momento. También debemos buscar esa fuerza, esa firmeza y esa valentía que nos permitan controlar nuestros pensamientos y evitar que cada idea se convierta inmediatamente en palabras. Muchas veces hablamos antes de tiempo y después descubrimos que lo dicho no era lo correcto o que hubiera sido mejor esperar el momento oportuno.

    Por eso es importante permanecer siempre despiertos, atentos y vigilantes, como nos enseñan nuestros guías espirituales. Debemos observar nuestros pensamientos, nuestras acciones y nuestras decisiones, analizándolas con serenidad y aprendiendo también de las experiencias de quienes nos rodean.

    Si sabemos observar y reflexionar, las personas que encontramos en nuestro camino se convierten en un espejo que nos ayuda a reconocer nuestras fortalezas y corregir nuestros errores. De esta manera podremos seguir avanzando con paso firme, construyendo sobre terreno sólido y no sobre tierra movediza, caminando con mayor seguridad, sabiduría y paz interior.

    Autor: Eduardo Rivera C.

    Imagen: Roxana E. S.

  • Prosa Poética

    SIGUE CAMINANDO

    No detengas tu marcha por difícil que sea, no importa tormentas.

    Camina firme sin miedo a pesar de temores, que nada te saque de la senda.

    Sigue caminando con firmeza a pesar de todo lo que toque enfrentar,
    mantén tu fe en Dios que te fortalecerá diciéndote a su manera: 

    No temas al mundo, estaré siempre a tu lado para no dejarte caer jamás por difícil te sea la vida-

    Autor: Miguel Márquez
    Imagen: M. Julián T.

  • Minicuentos

    RECUERDOS DEL SUBTERRÁNEO

    EL MUCHACHO DEL METRO

    Hay recuerdos que el metro guarda para uno. Algunos permanecen dormidos durante años, hasta que una palabra, una fotografía o el texto de un amigo los despierta de golpe. Hoy me ocurrió eso al leer una entrada en el blog de una amiga. Bastó que mencionara el metro para que volviera a verme allí, entre el traqueteo del vagón y el ir y venir de la gente.

    Aquel día viajaba como tantas otras veces. El vagón iba lleno, aunque no tanto como para impedirme observar a un joven que permanecía de pie junto a la puerta, listo para bajar en cualquier estación. Vestía como un oficinista: camisa impecable, pantalón bien planchado, zapatos lustrados. En una mano sostenía el teléfono celular y sus dedos se deslizaban sin descanso sobre la pantalla. Escribía con tanta concentración que el resto del mundo parecía no existir.

    Era mucho más joven que yo, casi de la edad de uno de mis hijos. Sin embargo, había algo en él que llamaba la atención. No era solo la juventud ni la elegancia discreta con que iba vestido. Era esa armonía difícil de explicar que, de vez en cuando, aparece en algunas personas. Era, sencillamente, hermoso.

    No pude evitar mirarlo durante buena parte del viaje. Él jamás levantó la vista. Nunca advirtió que una desconocida lo observaba con una mezcla de admiración y ternura, sin otro pensamiento que el de contemplar una belleza tan natural como pasajera.

    Cuando el tren se detuvo una estación antes de la mía, guardó el teléfono y descendió. Las puertas se cerraron y el vagón volvió a ponerse en marcha.

    Mientras lo veía alejarse por el andén, pensé que, si hubiera bajado conmigo, tal vez habría reunido el valor para decirle una sola frase:

    —Eres hermoso, como un rey. ¿Lo sabes?

    Nunca lo hice.

    Y quizá por eso, tantos años después, sigue viajando en mi memoria, joven para siempre, entre el ruido del metro y las puertas que se abren y se cierran.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Relatos

    UN PAQUETE

    Hay días que parecen decididos a poner a prueba la paciencia. Hoy fue uno de ellos.

    Esperaba la llegada de un paquete con la tranquilidad de quien sabe que en algún momento sonará el timbre. Sin embargo, esa llamada nunca llegó. En su lugar, comenzó una larga cadena de incertidumbres.

    El transportista, suponiendo que yo no me encontraba en casa, tomó una decisión por su cuenta: entregó el paquete a una señora llamada S. M., una vecina que vive a varias casas de distancia. Ella aseguró conocerme y dijo que luego me haría llegar el envío. Pero la realidad era muy distinta: no nos conocemos.

    Desde el mediodía pasé horas averiguando qué había ocurrido. Fui de casa en casa, preguntando con la esperanza de encontrar alguna pista. Mientras tanto, el repartidor había dejado constancia en su hoja de ruta de que el paquete ya había sido entregado a una vecina, dando el asunto por resuelto.

    Para alguien con buena salud, tal vez solo habría sido un contratiempo. Pero cuando el estado físico no acompaña, situaciones como esta generan un desgaste mucho mayor. La preocupación, la incertidumbre y el esfuerzo de recorrer el vecindario terminaron convirtiendo una simple entrega en una experiencia agotadora.

    Finalmente, decidí comunicarme con la central desde donde había sido enviado el paquete. Escucharon mi reclamo y me aseguraron que buscarían una solución. Y, para mi alivio, así fue. Aproximadamente una hora después, el transportista se puso en contacto conmigo, fue a retirar el paquete del lugar donde lo había dejado y, ya entrada la noche, lo entregó en mi domicilio, como debió haber ocurrido desde el principio.

    El problema quedó resuelto, pero la experiencia dejó una enseñanza para todos los involucrados. El transportista comprendió que nunca debe entregar un paquete a un tercero sin la autorización expresa del destinatario, por más bien intencionada que parezca la decisión. Y quien recibe un envío ajeno también debería actuar con prudencia: no corresponde aceptar la responsabilidad de entregar un paquete a alguien que en realidad no conoce.

    Al final, el paquete llegó a destino. Pero lo que debió ser un trámite sencillo terminó convirtiéndose en una tarde de preocupación, búsquedas y llamadas. Ojalá esta experiencia sirva para recordar que, en cuestiones de confianza y responsabilidad, hacer las cosas correctamente desde el principio evita problemas innecesarios para todos.

    Malania

    Imagen: de la red