• Prosa Poética

    NO DEJES TE ATRAPE EL ENOJO POR LAS COSAS DEL MUNDO

    Que lo que vives a diario no te ponga de malhumor,
    quitando tranquilidad.

    Que nada aleje la paz de ti provocando rabia,
    que terminas descargando en los que te rodean de manera injusta.

    No dejes que te atrape el enojo por las cosas de mundo,
    mantén firme tu fe en Dios que te fortalecerá dándote calma para seguir adelante todos los días,
    diciéndote a su manera 

    –Si el mundo te tiene preso a sus cosas, confía en mí que he de sacarte de sus trampas para seguir por mi senda siempre- 

    Autor: Miguel Márquez

    Imagen: M. Julián T.

  • Poemas

    EL CHALTÉN DESDE MI VENTANA

    El sol se quedó dormido
    sobre las cumbres de El Chaltén,
    y encendió de fuego el cielo
    con pinceladas de atardecer.

    Las nubes, vestidas de oro,
    abrazan la roca encendida;
    y entre montañas majestuosas
    se vuelve asombro la vida.

    ¡Qué inmensidad, qué belleza,
    qué regalo para la mirada!
    La naturaleza hace poesía
    sin necesitar decir nada.

    Malania

    Imagen: Gentileza M. Julián T.

  • Poemas

    VOLVER A CASA

    Volver a casa no es solamente
    cruzar la puerta y regresar,
    es encontrar en lo más profundo
    ese lugar donde descansar.

    Es volver a los viejos recuerdos,
    a los abrazos que saben esperar,
    a los aromas que guarda la infancia
    y a las voces que viven más allá.

    Porque hay caminos que nos alejan,
    y otros que nos enseñan a volver;
    pero siempre hay un rincón del alma
    donde sabemos que queremos permanecer.

    Volver a casa es volver a uno mismo,
    al sitio donde habita el corazón,
    donde no hacen falta explicaciones
    y nos recibe, silenciosa, la emoción.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Cuentos

    UN REGALO INESPERADO

    Ella lo esperaba con ilusión. Se habían conocido por una red social y, después de varios días de conversaciones, decidieron encontrarse. Él viajó desde el sur, llevando un hermoso regalo y muchas ganas de conocerla.

    Pasearon por la ciudad, conversaron y rieron. Todo parecía marchar sobre ruedas; hasta que llegó el momento de la intimidad.

    Entonces, algo inesperado apagó la magia del encuentro: el aliento de él le resultó insoportable. Ella no supo cómo decírselo y prefirió guardar silencio. Al despedirse, cada uno siguió su camino, y aquella historia que prometía comenzar quedó en la nada.

    Cuando me lo contó, le dije que era una pena. Quizás él desconocía su problema, que no necesariamente provenía de la boca; podía tener alguna causa digestiva y necesitar atención médica. ¿Cómo iba a solucionarlo si nadie se lo advertía?

    Pero ella no se animó a hablar.

    Y así, por una verdad que no encontró palabras para salir a la luz, dos personas perdieron la oportunidad de descubrir si había algo más entre ellas.

    Moraleja:

    A veces, una palabra dicha con respeto puede abrir una puerta que el silencio cierra para siempre. La sinceridad no consiste en herir al otro, sino en darle la oportunidad de mejorar. Porque nadie puede corregir aquello que desconoce, y una conversación a tiempo puede cambiar el rumbo de una historia.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Relatos

    VIVIR DESDE EL AMOR

    Si pudiéramos comprender y aceptar de verdad que la conciencia divina está en nuestro interior, que forma parte de nuestro ser y que, día tras día, minuto a minuto, segundo a segundo, trata de mostrarnos aquello que debemos hacer para no seguir cayendo en las tentaciones que nos presenta el mundo material, comenzaríamos a mirar nuestra existencia de una manera diferente.

    Ese velo que nos cubre muchas veces somos nosotros mismos quienes nos negamos a romper para conocer la verdad. Mientras continuemos caminando dormidos y no despertemos a la realidad de quiénes somos verdaderamente, seguiremos siendo manejados como títeres y dejándonos llevar por todos esos algoritmos y por la inteligencia artificial que hoy nos rodea, que puede alejarnos cada vez más del conocimiento que poseemos en nuestro interior.

    Tenemos esa chispa divina y podemos activarla, despertarla y ponerla no solamente a nuestro servicio, sino también al de los demás.

    Sin embargo, ni siquiera queremos seguirle el paso a nuestra Madre Tierra, que viene vibrando y desplazándose a mayor velocidad para limpiarse, sacudirse de ese peso y comenzar a moverse en aquellas energías que también necesitamos. Debemos desprendernos de todo aquello que nos limita y limpiarnos a la par de ella, para alcanzar nuestro equilibrio, ir cortando ese velo y comenzar a percibir con mayor claridad la realidad que nos rodea.

    Muchas de las situaciones que vivimos y de aquello que nos sucede son consecuencia de nuestro libre albedrío y de la cobardía que nos han inculcado, haciéndonos creer que somos fuertes cuando, en realidad, muchas veces actuamos desde el miedo; haciéndonos pensar que somos superiores a los demás, cuando la realidad es que todos formamos parte de una misma creación.

    Cada día vemos cómo la debilidad lleva a algunas personas a actuar de determinadas maneras. Por eso, hermanos míos, procuremos vivir desde el amor y conectarnos con esas energías hacia las cuales nuestra Madre Tierra también nos está impulsando, para que podamos despertar y aprender a escuchar lo que esa otra conciencia nos dice.

    Es como otro yo, otra presencia que habita en nuestro interior y que nos habla diariamente, a toda hora, pero que muchas veces no somos capaces de escuchar.

    Abramos nuestro corazón, atendamos esa voz interior y comencemos a vivir desde el amor, sirviendo, ayudando y guiando a los demás, como nos enseña la ley de nuestro Padre, para que todos podamos caminar en paz.

    Autor: Eduardo Rivera
    Colombia

    Imagen: de la red

  • Prosa Poética

    NO TEMAS A LA OSCURIDAD DE LA VIDA

    Sigue tu camino sin que nada te detenga
    a pesar de lo que puedas enfrentar.

    Duras pueden ser las batallas,
    pero si te mantienes firme no podrán derribarte.

    No temas a la oscuridad de la vida,
    aferra tu fe en Dios que,
    Él te fortalecerá para no abandonar la marcha diciéndote a su manera: 

    –Ven a mí y nada contra ti, te cuidaré siempre para que todo mal no te derribe a pesar de su fuerza–

    Autor: Miguel Márquez

    Imagen: M. Julián. T.

  • Cuentos

    UN CORAZÓN DISPUESTO A ESPERAR

    Todos los días, cuando el sol comienza a iluminar los senderos del campo, hay alguien que me espera.

    No lleva reloj ni conoce las horas, pero sabe cuándo llego. Allí está, entre los árboles, subido a una rama o escondido entre las hojas, con sus ojos atentos y su silencioso saludo.

    Es un gato de pocas palabras, pero de una fidelidad extraordinaria. Apenas me ve, parece decirme: «Llegaste. Ahora podemos comenzar».

    Y así, mientras trabajo, él me acompaña. A veces se pasea entre la vegetación; otras, se queda quieto, vigilando desde su atalaya de madera. No necesita que le hable ni que lo llame. Su presencia basta para que las horas transcurran de otra manera.

    Cuando la jornada termina, siento que no he trabajado sola. Allí estuvo él, compartiendo conmigo el tiempo, el silencio y la magia de la naturaleza.

    Quizás mañana vuelva a esperarme en la misma rama, como siempre. Porque los animales tienen una manera muy especial de regalarnos cariño: no hacen promesas, no piden explicaciones, simplemente están.

    Y en aquel rincón del campo, entre ramas y hojas, un gato me enseñó que la compañía más sincera no necesita palabras; solo un corazón dispuesto a esperar.

    Malania

    Imagen: Reyna de Py.

  • Cuentos

    HOMBROS CANSADOS

    APRENDER A VIVIR A PESAR DEL DOLOR

    Cada mañana, Solminya despertaba con la sensación de haber pasado la noche cargando piedras. No eran piedras de verdad, aunque a veces sentía que las llevaba sobre los hombros. Eran preocupaciones, ausencias, promesas incumplidas y sueños rotos que se habían quedado a vivir en su memoria.

    Se levantaba despacio, con los ojos cansados de mirar un horizonte que parecía alejarse cada vez más. Revisaba sus bolsillos vacíos, como si en algún rincón pudiera encontrar una moneda olvidada, una esperanza pequeña, algo que le permitiera seguir creyendo.

    Pero no encontraba nada.

    La desolación se sentaba a su mesa, compartía su silencio y la acompañaba hasta la noche. Solminya había aprendido a sonreír para que nadie preguntara qué le sucedía. Porque explicar el dolor también cansa, y hay tristezas que no encuentran palabras.

    Tiempo atrás había soñado con un jardín lleno de flores, una casa con ventanas abiertas y una vida en la que el amor no doliera. Ahora, aquellos sueños parecían fotografías antiguas de alguien que ya no era ella.

    Tenía miedo de volver a sentir. Miedo de querer y perder, de confiar y decepcionarse, de abrir una puerta y encontrar otra despedida. Por eso había cerrado su corazón, convencida de que nadie podría lastimarla si no dejaba entrar a nadie.

    Sin embargo, una tarde de lluvia, mientras regresaba a su casa, encontró un pequeño pájaro debajo de un banco. Estaba empapado, tembloroso, con las alas pegadas al cuerpo. Solminya lo recogió entre sus manos y lo protegió bajo su abrigo.

    —Pobrecito —murmuró—. También tienes miedo.

    Lo llevó a su casa, lo secó con un paño y le dejó unas migas de pan. Durante varios días lo cuidó, sin saber si lograría sobrevivir.

    Y mientras cuidaba de aquel pequeño ser, algo comenzó a cambiar dentro de ella. Volvió a levantarse temprano, a mirar por la ventana, a esperar que el sol apareciera entre las nubes.

    Una mañana, el pájaro agitó las alas y salió volando por la ventana abierta.

    Solminya lo siguió con la mirada hasta que desapareció en el cielo.

    Entonces lloró.

    No de tristeza, sino porque, después de tanto tiempo, había permitido que una emoción atravesara su pecho sin intentar detenerla.

    Comprendió que el dolor no siempre se puede evitar. Que vivir implica exponerse a las pérdidas, a las decepciones y a los finales que no elegimos. Pero también a los encuentros inesperados, a la ternura y a las pequeñas cosas que nos devuelven las ganas de continuar.

    Sus bolsillos seguían vacíos. Sus problemas no habían desaparecido y los sueños rotos todavía dolían.

    La vida seguía pesando.

    Pero aquella mañana, como en mucho tiempo no lo hacía, Solminya abrió la ventana de par en par.

    Y aunque no sabía qué encontraría al otro lado, ya no tuvo miedo de mirar.

    El pájaro estaba posado cerca de la ventana, como en agradecimiento cantó y con un aleteo, volvió a volar. Y así, todos los días, la mujer dejaba migas de pan en ese lugar y el pájaro venía, comía, cantaba y se iba. Ella lo disfrutaba como si fuera a escuchar la serenata más bonita del mejor solista del mundo.

    Así comprendió que a veces la vida pesa tanto que olvidamos que también tenemos alas; no para escapar del dolor, sino para aprender a vivir a pesar de él.

    Malania

    Imagen: Ramona M. T.

  • Poesía

    ATREVERSE A INTENTAR

    Hay caminos que esperan
    que nos animemos a andar,
    y sueños que con el alma
    nos invitan a volar.

    Aunque el miedo ponga piedras
    y no sepamos llegar,
    cada paso en nuestro rumbo
    nos acerca a la verdad.

    Porque vivir es moverse,
    es atreverse a intentar;
    quien persigue sus sueños
    nunca deja de brillar.

    Malania

    Imagen: Jorge G. T.

  • Cuentos

    EL NIETO DE REYNA

    —Tengo un nieto —me dijo Reyna—. Tiene los ojos celestes, como su padre. El pelo es negro, pero también blanco.
    —¿Tiene canas? —pregunté, sorprendida—. ¿Nació curresh?
    —¡No! Es así, tiene el pelo blanco y negro.
    Su respuesta me hizo viajar en el tiempo, hasta aquellos años en que se usaban los vestidos curresh.
    Recordé uno que me había confeccionado mi hermana, modista profesional. Era de poplín, o quizás de gabardina de verano. En la parte delantera, la tela se dividía en dos mitades: una blanca y otra azul marino. El corte vertical iba desde el cuello hasta el ruedo.
    Por entonces se usaban minifaldas, y mis piernas flacas no pasaban inadvertidas con aquella vestimenta. Completaba el conjunto con zapatos blancos de tacón alto, un collar de perlas en doble vuelta y unos aros colgantes al tono.
    ¡Qué tiempos aquellos!

    Pero, de pronto, caí en la cuenta de que nos habíamos alejado bastante de la historia.
    —¡Nos fuimos por las ramas, Reyna! Me estabas contando de tu nieto, ese que tiene el pelo de dos colores.
    —Es cierto —respondió ella.
    —¿Y cómo se llama?
    —Zacarías. Así lo bautizaron.
    —¡Zacarías! Como el profeta —me reí—. ¿Puedes acercarlo a la cámara? Así lo conozco.
    —No sé si va a querer. Es un poco arisco.
    —¿Cómo dices que tu nieto es arisco?
    —Espera un momento. ¡Zacarías! ¡Zácar! ¡Zaca! ¡Ven acá!
    Esperé, intrigada, hasta que apareció en la pantalla un animalito de pelo blanco y negro.
    —¡Pero, Reyna! ¡Ese es un gato! ¿Y tu nieto dónde está?
    —¡Pues aquí lo tienes! Este es mi nieto. Es de mi hija menor, que me lo dejó para que lo cuide mientras ella y mi yerno viajaron al exterior.
    Me quedé mirándola, sin saber si reírme o protestar.
    ¡Tanto hablar de ojos celestes, pelos de dos colores y nietos ariscos, para terminar conociendo a un gato!
    Y así fue como Zacarías, sin decir una palabra, se convirtió en el verdadero protagonista de nuestra conversación.

    Malania

    Imagen: Gentileza de Reyna Py

    Nota: Lo que utilizaban en esa época era la “moda Courrèges”. Al castellanizarse de oído en el día a día, la gente lo pronunciaba y escribía exactamente “curresh”. Era una moda súper vanguardista, juvenil y moderna para su tiempo.