Relatos

  • Relatos

    ENTRE LIBROS Y MASCOTAS

    El olor a yerba del mate recién preparado, lo invita a atravesar el umbral y tirarse a descansar. -Estuvo vigilante toda la noche bajo el alero exterior-. Lion parece dormido, pero de soslayo y con el rabillo del ojo derecho va registrando todo lo que ocurre.
    Las cortinas nuevas blancas y con detalles de flores bordadas en igual color, le dan al ambiente una calidez de hogar que hasta él lo siente.
    En los sillones, a pocos metros, Sía y el Negro reposan disfrutando del aroma mañanero.
    Un libro abierto sobre la pequeña mesa centra la atención de Julián, quien no advierte las miradas cómplices que intercambian el perro y los gatunos, quizá preguntándose: ¿Todo lo escrito en los libros de la Kindle podrá leerlos? De ser así, hasta el mate de calabaza será un pozo de sabiduría y la bombilla de alpaca, un túnel de conexión de infusión caliente que nutre no solo el cerebro sino todo el cuerpo.

    Malania

    Imagen: M. Julián T.

  • Relatos

    SI VOLVIERA A VERTE

    “Si se volvieran a ver, ella emitirá un silencio para contemplarlo.”
    Alguien escribió esa frase y me ha hecho reflexionar.
    Sinceramente, si lo volviera a ver algún día,
    depende de quien sea, seguramente reaccionaría
    de diferente manera.
    He pensado en dos personas:
    a una, la contemplaría sin emitir palabra,
    quizás con una sonrisa.
    A otra persona, correría para abrazarla.
    En fin…todo depende del sentimiento del momento
    y también, del acumulado en su ausencia.
    Mi vida ha sido sacudida por un ventarrón de cambios:
    domicilio, ocupación, costumbres.
    Gracias a Dios, las puntadas en el pecho que a veces tenía
    no eran por problemas cardíacos (según los médicos) sino por ansiedad o mala conciencia (recuerdos ingratos).

    Malania

    Imagen: Javier A. T.

  • Relatos

    LA TAZA VACÍA

    Me gusta leer lo que escriben mis amigos virtuales en sus blogs. Me enriquezco con sus palabras y conceptos pero también, en algunos casos como el de hoy, me ha recordado pasajes de los años que he trabajado como docente en diferentes escuelas rurales y urbanas. Treinta y siete años de docencia, siempre en lugares de Misiones, Argentina, mi provincia natal.
    Volfredo José Camacho Assef, de Ciego de Ávila, Cuba, escribió “La taza de café vacía”. El escrito acompaña a una imagen, muy elocuente, de libros y la taza.

    Me llevó a un pasado no muy lejano, y al ver esa taza vacía, apareció un recuerdo:
    Cuando trabajaba en una escuela primaria, los niños, casi todos, traían sus tazas vacías (en distintos tamaños, colores y texturas), para que llegado el momento del desayuno, (algunos llegaban a la escuela con el estómago vacío) se les sirviera la leche con mate cocido o té, muy pocas veces con cacao. Ellos decían que era leche con chocolate, como un regalo en días festivos. Una galleta, o dos, y la taza llena. Por la tarde se servía la merienda de igual manera que el desayuno. ¡Si vieran la alegría en esos ojitos! Cada vez que lo recuerdo, me emociono. Y me pregunto, cuántas tazas vacías habrá en el mundo, sin poder ser llenadas ya sea con algún refrigerio, o como ha escrito Volfredo, con palabras del saber.
    Las palabras escritas en los libros no llenan el estómago, pero sí alimentan la mente. Y de alguna manera contribuyen a salir adelante con el propio saber. Y el saber ayuda a no estancarse, a buscar alternativas, soluciones válidas para trabajar y conseguir el sustento diario para sí mismo y para la familia.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Relatos

    EL ÚLTIMO BUDÍN DE PAN DE VALE

    Han sido muchos los seres queridos familiares y amigos que se han ido de esta vida.
    Y siempre los recuerdo a todos. Pero a veces, como hoy, una fotografía bastó para recordar a “la Gorda Valentina o Vale”, la que fue mi cuñada por muchos años. Con ella pasamos gratos momentos cuando yo era adolescente. Inigualables tallarines caseros de los domingos con una salsa que solo ella sabía preparar. Paseos a la cancha de fútbol para ver jugar a mi hermano Lito, defensor de primera división del Club del pueblo, “Estrella del Norte”. Antes había jugado en otro club, creo que se llamaba “Juventud” y después tuvo oportunidad de ingresar a un club de Posadas pero el presidente de Estrella del Norte no le quiso conceder el pase gratuito, había que pagar no sé cuánto dinero. Su gran anhelo había quedado solamente en un sueño.
    Y siguiendo con el recuerdo de la Gorda Valentina, que ayer 3 de noviembre, estaría cumpliendo 81 años. No recuerdo cuándo fue que falleció, pero no solo me pasa eso con ella, ya que soy de olvidar las fechas de fallecimiento de muchas y casi todas las personas.
    Recuerdo el día, cuando ya vivíamos en Buenos Aires, ella en Guernica, yo en Capital, me invitó a que fuera un domingo. Yo había aceptado la invitación, pero ese día, no recuerdo bien qué pasó, no pude ir pero avisé, y quizás avisé tarde.  Ella había preparado budín de pan, ese que le salía tan rico como a nadie, nunca probé otro igual, ni siquiera en casas de comida. O son muy secos, o muy dulces, o les falta azúcar o algún ingrediente que le dé mejor sabor. En fin el budín de pan de la Gorda Valentina era exquisito, todos los que lo probaban opinaban lo mismo. Lo que yo no sabía era que ella se sentía enferma, porque las veces que hablábamos nunca se había quejado de nada, siempre me decía que estaba bien. Después de ese domingo que no pude ir, al poco tiempo Vale falleció. Sentí y siento hasta ahora haberme perdido esa oportunidad, tanto de verla, de charlar con ella y de saborear ese último budín de pan que había hecho para esperarme con mi postre preferido. Y según lo que me dijeron después, fue que si ella hubiera sabido que yo no iría, no se hubiese esmerado en prepararlo. Mi emoción fue más grande aún al enterarme de eso.
    Agradezco haberla conocido y siempre la recordaré con mucho cariño.
    Hoy le pido a  Dios que la tenga siempre en su Santa y Bendita Gloria.

    Elsa Luchechen

    Imágenes: Gentileza de Carlos Luchechen. Y otra de la red.

  • Relatos

    CONVIVENCIA

    La imagen lo dice todo. Sería desmenuzar el significado de cada una y ver si las cumplimos o no.
    Hoy quiero recordar a una persona, que si bien ya no está en esta vida, siempre se lo recuerda bien, al menos mi familia y yo.
    Su nombre era José, como el del pueblo donde había nacido y vivía.
    Fue empleado administrativo por mucho tiempo. Pasaban los gobernantes del Municipio, y a él nunca lo removieron. Seguramente desempeñaba bien sus funciones.
    Algo que lo caracterizaba en su trabajo era el conocimiento que tenía sobre todas y cada una de las parcelas que formaban el pueblo. Es verdad, en un pueblo chico todos se conocen, y no había alguien que no lo conociera. Recuerdo que cuando estudiaba en el Profesorado, para aprobar el último año, tuve que presentar un trabajo práctico y elegí “Historia y actualidad del pueblo de San José”. Mucho material sobre el tema no pude conseguir y José me facilitó los planos del pueblo para fotocopiarlos y presentar adjunto a mi trabajo. También me ayudó con información sobre los primeros pobladores. Siempre tuvo muy buena predisposición para ayudar a la gente del pueblo. ¡Cómo no recordarlo!
    Pero también recuerdo que a veces vivía ensimismado en quien sabe qué pensamientos.
    La señora que atendía la panadería donde él compraba el pan a diario, decía que José saludaba al entrar, y si no había muchos clientes, le gustaba conversar con la chica que lo atendía y con los demás clientes. Pero al irse, no saludaba, simplemente, ya después de haber sido atendido, se daba vuelta y se iba, como pensativo y distante. A veces la gente le decía: “chau José” y él, sin darse vuelta, levantaba su brazo derecho y agitaba su mano.
    Una persona (personaje) que quedará en la historia del pueblo.

    Malania

    Imagen: de la red, gentileza de M. Julián T y de Gerardo S. V.

  • Relatos

    CON LOS MISMOS OJOS

    Es lo que se ve en las ciudades, por un lado los edificios altos, las avenidas repletas de autos modernos, los restaurantes y bares llenos de gente sobre todo los domingos. Hay gente con plata en los bolsillos o en cuentas bancarias.
    Y por otro lado están los que viven en villas miserias, gente muy pobre que no le alcanza para comer y para vestirse adecuadamente cuando el frío arrecia.
    Se suele criticar a la gente que tiene más y se le tiene lástima a la clase baja. Se cuestiona el  por qué tanta desigualdad. En algunos casos se justifica tal crítica.
    Pero he visto jóvenes –no puedo decir lo mismo de los que están entrados en edad- que no tienen ganas de trabajar, prefieren vivir en la miseria esperando que alguien, ya sea la misma sociedad o el gobierno, no solo les ayude, sino que los mantenga. Hay gente que no se preocupa ni siquiera por aprender un oficio, y los talleres son gratuitos, no hace falta pagar. Y si los contratan, se pasan mirando uno al otro, o mirando celular, -que para eso sí tienen dinero-  y se apuran y hacen como que trabajan cuando aparece el dueño o el jefe.
    Me ha tocado convivir con gente así. Es por eso que no opinaré sobre la tan discutida desigualdad. Todo es relativo. A veces juega un papel importante la suerte, otras veces la voluntad de ser “alguien” en la vida y esforzarse por salir adelante. Si no se preocupan por ser mejores, por mejorar su estatus, no hay dios que ayude. La pereza es su enemigo.

    Malania

    Imágenes: propia y de la red

  • Minicuentos,  Relatos

    QUERER Y NO QUERER

    Delicia tenía unos veinticinco años y Jacinto cerca de los cuarenta.
    Ella había estudiado letras y su pasión era la escritura.
    Se conocieron en una fiesta de carnaval, a la que asistió con unas amigas. Él estaba solo. Ambos bailaron hasta el cansancio.
    Un día, inspirada en su relación más que especial, escribió, y se lo guardó, a nadie quiso contarle lo que le pasaba.

    “Dices que me quieres, que no quieres perderme.
    Pero tampoco la dejas, sigues a su lado.
    Que soy tu pimpollo, me deseas todo el tiempo, quieres estar conmigo, te gusta mi forma de ser, mis besos, mi pasión.
    Que con ella solo tienes un techo en común y un lugar para dormir, cada uno mirando hacia el lado opuesto.
    Que hace mucho no la tocas ni la besas.
    Que ella está enferma y es por eso que no la dejas.
    Todo esto es verdad. Lo sé.
    Pero también sé que tienes todo a tu alcance y con todo lo que está a tu alcance no te hace feliz.
    Entonces pregunto si vale la pena seguir viviendo de esa manera, por aparentar, por quedar bien delante de los viejos, delante de los hijos ya crecidos, delante de la gente.
    Porque cuando no estoy, desfalleces.
    Y cuando estoy tienes poco tiempo.
    Nos hablamos todos los días.
    Nos vemos solo cuando queda tiempo.
    ¿A muchos les pasará esto o es solamente a mí que la vida me depara migajas?
    Yo lo amo y lo acepto tal cual es con sus limitaciones y reducido tiempo.
    ¿Hasta cuándo podré hacerlo?
    ¿Hasta cuándo la chispa permanecerá encendida?”


    ¿Será verdad? ¿Será mentira? Muchos se preguntarán.
    Solo los corazones de Delicia y de Jacinto podrían responder.

    Malania

    Imagen:   de la red

  • Relatos

    RESPUESTA A UN AMIGO

    De Camila a Juan Carlos

    Querido amigo:
             ¿Sabes? Tu carta me hizo recordar a mi niñez, pero no porque recordara las frases dichas por mí, sino porque las escuchaba de los otros niños. Siempre fui muy poco participativa en los juegos en los recreos del colegio, y creo que habrá sido porque mi madre siempre me pedía que no volviera a casa con el  guardapolvo blanco,  sucio.  Tenía que volver tan impecable como salía de casa. Además, había otros chicos y chicas que llevaban la delantera en los recreos y yo era bastante tímida. Prefería divertirme mirando a los demás cómo jugaban y se reventaban las rodillas, los brazos fisurados o a veces, fracturados, o llamadas de atención de las maestras porque jugaban muy a lo brusco. Yo era muy flaquita, tal es así que me habían bautizado “flaquita” mis amigas y amigos cuando yo ya tenía 15 o más años.
    Esas frases seguramente también podrían haberse escuchado en el parque, en las plazas. Pero yo nunca iba a esos lugares. Nadie de mi familia acostumbraba salir a la plaza o al parque, y salir sola, ni pensarlo.
       Yo…apenas si jugaba a la bolita con mi primo Emilio. Él vivía en casa en vacaciones de verano, un mes completo.  Desde allí íbamos a catequesis y la parroquia nos quedaba a la vuelta de la cuadra. Era el tiempo de prepararnos para la Primera  Comunión.

    Gracias por compartir, amigo mío. Bellos recuerdos para los que los vivieron.

    Atentamente

    Tu amiga por siempre.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Relatos

    CARTA DE UN AMIGO

     De Juan Carlos a Camila

    Cuando llegues a la última frase… vas a sonreír!  ¿Te acordás de…?
     Aquel tiempo, cuando las decisiones importantes se tomaban con un práctico “Ta, te, ti, suerte para ti”  o “Piedra, papel o tijera”.
     Cuando se podían detener las cosas que se complicaban con un simple… “gancho!… gancho!…”
     Los errores se arreglaban diciendo simplemente…   ‘No vale, de nuevo… de nuevo…’
     Tener dinero, sólo significaba poder comprarte  caramelos en el kiosco de la escuela
     Hacer un castillo de barro,  podía mantenernos felizmente ocupados durante toda una tarde.  Siempre descubrías tus más ocultas habilidades, a causa de un ¿A que no te animas?’
    El último que se queda es cola de perro!…
    Era lo único que nos hacía correr como locos hasta que el corazón se nos salía del pecho.
    Las bombitas de agua eran la más moderna, poderosa y eficiente arma que jamás se había inventado…
    La palabra ‘GUERRA’ sólo significaba arrojarse papelitos durante las horas libres en clase…
    La mayor desilusión era haber sido elegidos los últimos en los equipos del recreo en la escuela…
    Cuando ganarse un helado era la mejor recompensa de los padres…
    Y quitarle las ruedas pequeñas a la bici significaba un gran paso en tu vida.
    Cuando el negocio del siglo era conseguir cambiar las figuritas repetidas por la que hacía tanto tiempo que buscabas.
     Cuando ponerte la camiseta del colegio para jugar un intercolegial te inflaba el pecho.
    Todas estas simples cosas nos hacían felices, no necesitábamos nada más que una pelota, una muñeca y un par de amigos (as) con los que jugábamos  durante todo el día…
    Si puedes recordar la mayoría de estas cosas y han hecho sonreír entonces significa que todavía queda dentro de ti algo del niño que fuiste no hace tanto tiempo.
    Nunca pierdas al niño que llevas dentro de ti.

    Malania
    Imagen de la red

  • Minicuentos,  Relatos

    PARTICULAR ORDEÑE

    Era pequeña, quizás 5 o 6 años de edad. Mi madre y a veces mi padre también, me llevaban al campo, al corral, donde nos esperaban las cuatro o cinco vacas para ser ordeñadas. Muchos días fueron los que con paciencia me enseñaban a hacerlo pero nunca pude aprender. Quizás mis pequeñas manos no tenían fuerza suficiente para apretar las ubres o tal vez el animal reconocía que no era yo la que tenía que hacer la extracción de leche. Lo cierto es que en casa nunca faltó leche fresca recién ordeñada, como tampoco la preciada ricota y crema. Me gustaba comer con varenekis (algo así como empanaditas hervidas en agua y sal), o también llamados peroguis o perojé (en ucraniano) que mi madre y mi hermana mayor los preparaban sobre todo los días domingos. A mí no me pedían ayuda porque decían que los míos se abrían en el agua y perdían el relleno.  
     Al lado del corral había un árbol muy grande llamado “tala”, que daba frutas muy pequeñas pero muy ricas de color verde. Y también una de cactus, de las que podía comer sus frutos solamente si mi madre o mi padre los sacaba y ponía en condiciones para el consumo (sacarles todas las espinas, lavarlos y con el control correspondiente, podía comerlo)
    Nunca me sentí cansada de caminar la distancia de aproximadamente tres kilómetros, en días de primavera o verano, muy temprano al clarear el día y antes que salga el sol. El objetivo era más que atrapante.
    Son recuerdos imposibles de olvidar.
    Mi amigo Patricio con su escrito: A LA LATA AL LATERO y la imagen con la que ilustró en su blog “Algo más que palabras”, me trajo a la mente esta historia real de mi infancia. Se lo agradezco porque con sus post siempre hace reflexionar.

    Malania

    Imagen de la red.