Relatos

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    QUIÉN ERES

    A mí no me conoce nadie más que mi familia, algunos amigos y los que fueron mis alumnos. Seguramente éstos últimos ya ni me recordarán. O quizás sí. Pero, importe o no, no viene al caso.
    Me pasó que estaba en una sala de espera para ser atendida por un profesional de la salud. Tardaban mucho en llamar, entre paciente y paciente había un intermedio que bien podría ser atendida otra persona. La gente empezó a impacientarse.
    Una señora se me acercó y me dijo: -Hola Ester. A lo que respondí: -No soy Ester. – Y entonces cómo te llamas? – Pues no me llamo Ester, insistí.
    Y así me preguntó más de una vez. No le dije mi nombre porque pensé ¿para qué lo quería saber?.
    Bueno, no era mi mejor día jaja. El de ella tampoco.
    Quizás en otro momento le hubiera preguntado de dónde conocía a la tal Ester, y así vería si lo que quería era simplemente entablar conversación, o había algún otro motivo detrás de ese interrogante. Quizás fue confusión, quizás no.
    Las grandes ciudades se prestan para eso y mucho más, y la desconfianza está a la orden del día.  Los engaños y los fraudes también.

    Malania

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    ERRORES MÁS COMUNES

    Vivimos procurando entender y comprender a los demás, sin darnos cuenta de que la verdadera tarea consiste en comprendernos a nosotros mismos. Debemos descubrir por qué generamos pensamientos que nos perturban, que nos conducen a la ansiedad, a la mentira, al juicio o a la calumnia contra los demás.
    Es allí donde comienza el verdadero conocimiento de nuestro ser y donde aprendemos a ejercer el dominio sobre nosotros mismos. Solo así podremos actuar correctamente y dejar de dejarnos arrastrar por todos los pensamientos que llegan a nuestra mente.
    No todos los pensamientos tienen el mismo origen. Algunos nacen de los impulsos y deseos del cuerpo; otros provienen de las influencias que nos rodean, y otros surgen de nuestro propio espíritu. Son estos últimos los que debemos aprender a reconocer, analizar y comprender, porque son los que nos orientan hacia el bien, la verdad y el crecimiento interior.
    Uno de los errores más comunes del ser humano consiste en ayudar esperando recibir algo a cambio. Prestamos un favor y luego creemos que quien lo recibió tiene la obligación de devolvernos ese gesto. Pero el verdadero servicio no funciona de esa manera.
    Así como nosotros ayudamos a unas personas, también hay muchas otras que, en diferentes momentos de la vida, nos tienden la mano sin esperar nada de nosotros. Esa es la verdadera cadena del amor y del servicio.
    Procuremos sembrar siempre el bien.

    Extracto de lo que escribió el autor: Eduardo Rivera.

    Colombia

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    TODO VUELVE

    Si todos fuéramos conscientes de que todo el mal que hacemos se nos devuelve como un boomerang, actuaríamos de una manera muy diferente. Pensaríamos antes de hablar, de juzgar o de actuar, procurando que cada paso estuviera guiado por el amor, la verdad y el deseo de ayudar, orientar y servir a los demás, en lugar de sembrar odio, envidia, mentira o división.

    Sin embargo, la realidad que vivimos es otra. Con demasiada frecuencia encontramos personas que disfrutan enfrentando a unos con otros, difundiendo comentarios o acusaciones sin conocer la verdad. Lo más preocupante es que esta conducta ya no se limita a pequeños grupos o comunidades; hoy la vemos en casi todos los ámbitos de la sociedad: en los hogares, en los lugares de trabajo, en las instituciones públicas y privadas, e incluso en los más altos escenarios del poder político.

    Por eso Jesús enseñó la parábola del sembrador. Es una enseñanza sencilla y profunda: todo lo que sembramos, tarde o temprano, lo cosecharemos. Si sembramos mentira, recogeremos desconfianza; si sembramos odio, encontraremos violencia; pero si sembramos amor, servicio, justicia y comprensión, esos mismos frutos regresarán a nuestra vida.

    Procuremos entonces sembrar siempre el bien. Que nuestras palabras unan en lugar de dividir; que nuestras acciones inspiren en lugar de destruir; que nuestro ejemplo motive a otros a caminar por el sendero de la verdad. Solo así construiremos una sociedad más justa, más fraterna y más humana, donde la paz, la serenidad y el amor sean la cosecha de nuestras propias obras.

    No lo olvidemos nunca.


    Autor: Eduardo Rivera C. Imagen: de la red

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    RECUERDOS QUE NO SE OLVIDAN NI SE OLVIDARÁN

    Los recuerdos de cuando éramos niños y adolescentes no se olvidan.
    El chocolate caliente, en taza – tenía que llevarla de su casa, cada alumno de la escuela primaria los días festivos-, con un bollo relleno con  dulce de membrillo y cubierto con crema pastelera, comprados o donados por la panadería del pueblo. Ese chocolate espeso, muy rico  y que en casa no salía igual.
    Y tantos otros recueros como los varénikis de ricota de la tía Irena, o el pan de miel de abejas de la tía María.
    El pan casero que hacía mi madre, y el pan dulce arrollado que preparaba para las Fiestas.
    Los bizcochuelos de mi hermana mayor y la torta invertida de manzana.
    Los sándwiches de mortadela con pan untado con picadillo o con manteca, acompañados con té negro, que nos servían como cena los domingos por la noche en el colegio de monjas. Eran mejores que la polenta del almuerzo de los miércoles, un plato lleno de polenta y unas pocas cucharadas de salsa con carne picada en el centro. No se conocía el queso rallado ni por asomo.
    Esos son los que me vinieron a la mente hoy.
    Y mi primera muñeca, era negra y de loza, regalo de mi hermano mayor. Seguramente no había muñecas de plástico u otro material como hay ahora.
    Hermosos recuerdos.

    Malania

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    CAUSA – CONSECUENCIA

    «Y en la calma,
    la verdad encuentra
    otra forma de mostrarse.»
    Versos que me traen recuerdos.
    Si se dice la verdad, puede que esa verdad ofenda al que escucha, que hiera a ambos, que termine en enojos o en peleas. Y quizá después, obliga a no decir más la verdad. O se calla, se oculta o se recurre a la mentira.
    Si hay calma, si hay comprensión, la verdad se muestra de otra manera, es sincera, y se profundiza la confianza. Porque a cada actitud humana, siempre hay un porqué. Es Causa  en Consecuencia.

    Malania

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    QUÉ ES Y A QUÉ SE DEBE

    La pereza, desgano o “fiaca”, como decimos en Argentina, es un estado que sumerge al ser humano, en pasividad total.
    Con solo pensar que estoy sin hacer nada, acostada en la cama, me genera «pinchazos» como si tuviera espinas. Y por supuesto doy un salto y me siento, y mayormente, voy directamente a la ducha para quitarme la modorra. Es una forma muy particular y personal.
    Aunque no necesariamente ocurre en la cama, -aunque eso es lo más común- puede ser en un patio o una galería, o en cualquier otro lugar de la casa.  
    Sé que hay gente que disfruta del no hacer nada, o sea, de la pereza. No la critico, porque a veces el cuerpo lo necesita, eso dicen.
    Supongo que tener pereza no se debe a no tener nada qué hacer, sino a no tener ganas de hacerlo.
    Me gustaría saber qué opina el lector o lectora.

    Malania

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    LA IRA Y EL HAMBRE

    Mi hijo era pequeño, pero ya sabía hablar. Aun así, en ciertos horarios lloraba, se enojaba por cualquier cosa, nada le venía bien. Hasta que descubrí que un poco de leche tibia con té o con cacao en su mamadera lo calmaba. Era hambre lo que tenía, pero nada quería, nada lo conformaba, solo su mamadera. Así fue que cuando ingresó a la escuela primaria, yo lo esperaba en casa con una mamadera llena, porque sabía que si no tomaba la leche, se pondría histérico jaja. Y hasta ahora, ya tiene 47 años y cuando está con hambre, cuando por trabajo pasa el mediodía de largo sin almorzar como corresponde, “se pone loco”, por supuesto que sabe alimentarse bien.
    La crisis económica mundial es uno de los factores responsables de la ira en las calles, de la violencia, a causa del hambre.
    Por supuesto, no descarto otros, como el desamor, el dolor físico por alguna dolencia, y todo lo que mencionas en tu post.

    Malania

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    GRATOS RECUERDOS

    Te imagino vestido de azul, sentado junto a una ventana no muy grande, envuelto en hilos de humo, y una colilla de cigarrillo apagado en un cenicero de metal lleno de cenizas.
    Sobre el escritorio, una taza fría y vacía que espera y una cafetera humeante con el contenido exacto para preparar el café con dos de azúcar.  
    Un diario desplegado bajo tu mirada fija en algunos avisos puntuales. Uno de ellos versa: Se ofrece trabajo, para cubrir cargo de Consultor en Hogar de Personas Mayores, cito en la ciudad de Los Amores, calle Recuerdos, entre Díaz Vélez y Jauretche.
    Recuerdos, gratos recuerdos.

    Malania

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    UN SUEÑO DE NIÑOS

    GALLETITAS CON PICADILLO

    El sueño de los niños era festejar el día de la primavera en la escuela. Juegos de entretenimientos guiados por los docentes, sobre todo por los Profesores de Educación física, eran su atractivo e interés principal para ese día.
    Cada niño tenía que llevar alguna bebida o comida para compartir en grupo.
    Pero el nivel económico de las familias no era del mejor, entonces llevaban poco o nada de alimentos elaborados, que era lo más preciado. Alguna pasta frola, o bizcochuelo casero que hacía la maestra del grado, sin relleno por supuesto, ni bien lo cortaban en porciones, la devoraban. Y lo que no podía faltar eran las galletitas saladas untadas con picadillo de carne, que cuando llegaban a la escuela ya se habían puesto húmedas y no estaban tan ricas como las preparadas en casa. Era lo más barato que podían llevar. El jugo concentrado para preparar, en vez de un litro de agua se agregaba el doble para que rinda lo suficiente y no falte.
    Son recuerdos, son huellas que han quedado en el corazón de aquellos niños (yo incluida) esas huellas iluminadas por la luz del amor de inocentes que en ningún momento se quejaban. Al contrario, disfrutábamos de lo que había y no pedíamos más de la vida. Nadie hablaba de suerte o desgracia. Pero siempre esperábamos el día de la primavera, y que no lloviera, solo eso pedíamos.

    Malania
    Imagen: de la red

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    ENTRE LIBROS Y MASCOTAS

    El olor a yerba del mate recién preparado, lo invita a atravesar el umbral y tirarse a descansar. -Estuvo vigilante toda la noche bajo el alero exterior-. Lion parece dormido, pero de soslayo y con el rabillo del ojo derecho va registrando todo lo que ocurre.
    Las cortinas nuevas blancas y con detalles de flores bordadas en igual color, le dan al ambiente una calidez de hogar que hasta él lo siente.
    En los sillones, a pocos metros, Sía y el Negro reposan disfrutando del aroma mañanero.
    Un libro abierto sobre la pequeña mesa centra la atención de Julián, quien no advierte las miradas cómplices que intercambian el perro y los gatunos, quizá preguntándose: ¿Todo lo escrito en los libros de la Kindle podrá leerlos? De ser así, hasta el mate de calabaza será un pozo de sabiduría y la bombilla de alpaca, un túnel de conexión de infusión caliente que nutre no solo el cerebro sino todo el cuerpo.

    Malania

    Imagen: M. Julián T.