Relatos
LA VERDAD EN NUESTRO INTERIOR
No te dejes enredar por todos los pensamientos que llegan a tu mente. Trata de mantenerte atento y vigilante de tus propios actos, para que puedas actuar conscientemente y no guiado por aquellas ideas que, en su mayoría, son insinuadas para que continúes transitando por el camino de la oscuridad y te alejes de la luz.
Y ahora, más que nunca, porque nuestro planeta Tierra está cambiando y vibrando a mayor velocidad. A medida que ella eleva su vibración, también debemos hacerlo nosotros, para ir elevando nuestra espiritualidad, conocernos mejor y descubrir, en realidad, la capacidad que llevamos dentro.
Por eso es tan importante mantenernos despiertos y vigilantes, para poder captar todo lo que está sucediendo a nuestro alrededor y que muchas veces no sentimos, no vemos o no escuchamos debido a nuestras propias imperfecciones. En este momento debemos estar más atentos que nunca si verdaderamente queremos elevar nuestra vibración y activar esa chispa divina que habita en nuestro interior. Así podremos comenzar a expresar con mayor claridad todo aquello que llevamos dentro.
Durante mucho tiempo nos han mantenido bajo un velo que no nos permite comprender que somos hijos de Dios y que esa chispa divina de nuestro Padre también está dentro de nosotros.
Pero esa chispa divina parece estar dividida en dos partes: una que concebimos arriba, como esa conciencia que todo lo ve, todo lo sabe y no necesita nada; y otra que permanece dentro de nosotros y que puede desviarnos hacia el camino de la oscuridad cuando nos dejamos llevar por las sensaciones y emociones que el cuerpo proyecta.
Sin embargo, cuando logramos mantenernos firmes y establecer contacto con nuestra conciencia divina, podemos caminar con seguridad y actuar desde un libre albedrío consciente, que nos impulse a elevar cada vez más nuestra vibración. De esa manera podremos comprender mejor todo cuanto nos rodea y descubrir que la verdad no está fuera de nosotros, sino en nuestro interior.
Autor: Eduardo Rivera C.
Imagen: de la red
CONOCER LA VERDAD
Nos encontramos atravesando momentos difíciles en nuestras vidas, pero, aun así, no queremos despertar. Queremos seguir permaneciendo con ese casco que mantenemos en nuestra mente y que no nos deja mirar más allá de lo material, alejándonos de lo espiritual, donde se encuentra nuestra verdadera esencia; esa esencia divina que nos ayuda a despertar, a ir conociendo nuestras verdaderas capacidades y a comprender a qué venimos y para qué estamos aquí, en la Tierra.
Pero a muchos les da miedo entender que estamos aquí para amar, para servir, para guiar y para orientar; no para destruir, envidiar o codiciar, como lo hace la matriz que nos han implantado para que nosotros mismos vayamos destruyéndonos uno a uno y dejando el campo libre a todos aquellos que nos manejan como títeres.
No queremos entender que toda esta inteligencia y la inteligencia artificial que hoy nos ofrecen pueden convertirse, si no las utilizamos con responsabilidad y criterio, en una forma de mantenernos sumergidos en todo eso y de alejarnos de nuestros verdaderos conocimientos.
Anteriormente teníamos que leer, memorizar, aprender y esforzarnos para poder salir adelante. Y así aprendíamos a escribir bien, a redactar correctamente y a expresar nuestras ideas de una mejor manera.
Pero hoy todo se lo dejamos a la inteligencia artificial y vivimos sumergidos en un celular, en un computador o frente a la pantalla de la televisión, escuchando y observando todo aquello que, muchas veces, resulta ser mentira o información engañosa.
Hoy ya no podemos creer fácilmente en todo lo que aparece allí, especialmente por la existencia de tantas granjas de bots que buscan llevarnos a consumir cada vez más contenidos, muchos de los cuales lo único que hacen es cerrar cada día más nuestro entendimiento y guiarnos, como siempre lo digo, como al caballo desbocado, derechito hacia el abismo.Yo les digo: aprendan a despertar y a soltar todo aquello que les está haciendo daño.
Suelten todo. Empiecen a buscar sus verdaderos errores y a comprender que, si desarrollan y extraen todos los conocimientos que llevan dentro, podrán conocer mejor la verdad y vivir en paz, en armonía y en amor, y no en la discordia, la ruina y la destrucción, como lamentablemente lo hacemos actualmente.
Autor: Eduardo Rivera C.
Imagen: Roxana E. S.
EL MILAGRO: LAS LANGOSTAS
La asombrosa BATALLA DE TUCUMÁN que ganó Manuel Belgrano.
Narrada de primera mano por un soldado participante:
Vea usted: teníamos todo para perder aquel día, pero igual nos moríamos de ganas por salir a degollar. Todavía no había amanecido, y el general iba y venía dando órdenes en lo oscuro.
Cualquiera de nosotros, la simple soldadesca de aquella jornada, sabía que nuestro jefe no tenía ni puta idea sobre táctica y estrategia militar. Que era hombre de libros y de leyes, pero que había aceptado obediente el reto de conducir el Ejército del Norte y pararles el carro a los godos.
También sabíamos, de oídas, que al enemigo lo manejaba con rienda corta un americano traidor: Pío Tristán, nacido en Arequipa e instruido en España; nos venía pisando los talones con 3000 milicos imperiales y habíamos tenido que vaciar y quemar Jujuy para dejarles tierra arrasada. Muy triste, vea usted.
Fue en los primeros días de agosto de 1812. Y el general les ordenó a los pobladores que tomaran lo que pudieran y destruyeran todo lo demás.
Le digo la verdad: el que se retobaba podía ser fusilado sin más trámite. No había muchas alternativas.
Ayudamos a arrear el ganado y a quemar las cosechas. Yo mismo lo vi con estos mismos ojos, señor: al final cuando no quedaba nada ni nadie, Belgrano salió a caballo de la ciudad y se puso a la cabeza de la columna. Íbamos en silencio, con sabor amargo, y tuvimos que cruzar tiros cuando una avanzada de los españoles jodió a nuestra retaguardia a orillas del río Las Piedras. El general mandó a la caballería, a los cazadores, los pardos y los morenos. Meta bala y aceros. Y al final, a los godos no les daban las piernas para correr, señor, se lo juro.
Sospechábamos que nos habían atacado con muy poco, pero nosotros veníamos de capa caída: darles esa leña y salir victoriosos fue un golpe de orgullo.
Voy a decirle la verdad: cuando Belgrano se hizo cargo éramos un grupo de hombres desmoralizados, mal armados y mal entretenidos. Y al llegar a Tucumán no crea que habíamos mejorado mucho, aunque marchábamos con la moral en alto.
Ahí lo tiene a ese doctorcito de voz aflautada: nos acostumbró a la disciplina y al rigor, y nos insufló ánimo, confianza y dignidad. Aunque en las filas no nos chupábamos el dedo, señor.
Pío Tristán nos perseguía con legiones profesionales, sabía mucho más de la guerra y caería sobre nosotros de un momento a otro. Nos enteramos por un cocinero que incluso el gobierno de Buenos Aires le había dado la orden a Belgrano de no presentar batalla y seguir hasta Córdoba.
Pero el general había resuelto desobedecer y hacerse fuerte en Tucumán. Adelantó oficial y tropas con la misión de que avisaran al pueblo que ya entraban para conquistar el apoyo de las familias más importantes y también para reclutar a todo hombre que pudiera empuñar un arma.
Había pocos fusiles, y casi no teníamos sables ni bayonetas, así que cuatrocientos gauchos con lanzas y boleadoras pusieron mucho celo en aprender los rudimentos básicos de la caballería. Nosotros los mirábamos con desconfianza, para qué le voy a mentir. “¿Y estos pobres gauchos qué van a hacer cuando los godos se nos vengan encima?”.
La teníamos difícil, no sé si se da cuenta. Y estuvimos algunos días fortificando la ciudad, armando la defensa, cavando fosos y trincheras, y haciendo ejercicios. “Voy a presentar batalla fuera del pueblo y en caso desgraciado me encerraré en la plaza para concluir con honor”, les dijo Belgrano a sus asistentes.
La noticia corrió como reguero de pólvora. No tiene usted idea lo que es aguardar la muerte, noche tras noche, hasta el momento de la verdad. Le viene a uno un sabor metálico a la boca, se le clava un puñal invisible en el vientre y se le suben, con perdón, los cojones a la garganta.
Uno no piensa mucho en esas horas previas. Sólo desea que empiece la acción de una vez por todas y que pase nomás lo que tenga que pasar. El general finalmente nos puso en movimiento en la madrugada del 24.
Avanzamos en silencio absoluto hasta un bajío llamado Campo de las Carreras y ahí estábamos juntando orina y con ganas de salir a degollar cuando apareció el sol y comprobamos que los tres mil imperiales nos tenían a tiro de cañón.
Miré por primera vez a Belgrano en ese instante crucial, señor, y lo vi pálido y decidido. Hacía tres días nomás le había enseñado a la infantería a desplegar tres columnas por izquierda mientras la pobre artillería se ubicaba en los huecos. Era la única evolución que habían ejercitado en la ciudad. Pero los infantes lo hicieron a la perfección, como si no fueran bisoños sino veteranos.
El general ordenó entonces que avanzara la caballería y que tocaran paso de ataque: los infantes escucharon aquel toque y calaron bayoneta. Y antes o después, no lo recuerdo, dispuso Belgrano que nuestra artillería abriera fuego. Varias hileras de maturrangos se vinieron abajo.
Volaban pedazos de cuerpos por el aire y se escuchaban los alaridos de dolor. No puedo contarle con exactitud todos esos movimientos porque fueron muy confusos.
Sepa nomás que los godos nos doblaban en número, pero que igualmente les arrollamos el ala izquierda y el centro. Y que su ala derecha nos perforó a los gritos y a los sablazos. Tronaban los cañones y levantaba escalofríos el crepitar de la fusilería. Todo se volvió un caos.
Nos matábamos, señor mío, con furia ciega y no se imagina usted lo que fue la entrada en combate de los gauchos. Cargaron a la atropellada, lanzas enastadas con cuchillos y ponchos coloridos, pegando gritos y golpeando ruidosamente los guardamontes.
Parecían demonios salidos del infierno: atropellaron a los godos, los atravesaron como si fueran mantequilla, los pasaron por encima, llegaron hasta la retaguardia, acuchillaron a diestra y siniestra, y se dedicaron a saquear los carros del enemigo.
Eran brutos esos gauchos. Brutos y valientes, pero aquel saqueo los distrajo y los dispersó. Diga que los vientos estaban ese día de nuestra parte.
Y esto que le refiero no es sólo una figura, señor. Es la pura realidad. Vea usted: en medio de la reyerta se arma un ventarrón violento que sacude los árboles y levanta una nube de polvo. Y no me lo va a creer pero antes de que llegara el viento denso vino una manga de langostas. De pronto se oscureció el cielo, señor. Miles y miles de langostas les pegaban de frente a los españoles y a los altoperuanos que les hacían la corte.
Los paisanos más o menos sabían de qué se trataba, pero los extranjeros no entendían muy bien qué estaba ocurriendo. Dios, que es criollo, los ametrallaba a langostazos. Parecía una granizada de disparos en medio de una polvareda enceguecedora. Le juro que no le miento. Un apocalipsis de insectos, viento y agua misteriosa, porque también empezó a llover. Nuestros enemigos creían que éramos muchos más que ellos y que teníamos el apoyo de Belcebú.
Muchos corrían de espanto hacia los bosques. Y con tanto batifondo, sabe qué, apenas nos dimos cuenta de que nuestra derecha estaba siendo derrotada y que armaban un gran martillo para atacarnos por ese flanco. Nosotros, que estábamos un poco deshechos, nos encontramos entonces en el medio del terreno y haciendo prisioneros a cuatro manos.
Unos y otros nos habíamos perdido de vista, y el general cabalgaba preguntando cosas y barruntando que las líneas estaban cortadas. Se cruzaba con dispersos de todas las direcciones y los interrogaba para entender si la batalla estaba ganada o perdida. Y todos le respondíamos lo mismo: “Hemos vencido al enemigo que teníamos al frente”.
Belgrano permanecía grave como si nos hubiéramos vuelto locos o si le estuviéramos metiendo el perro. Ya no se oía ni un tiro, y mientras nuestro jefe regresaba a la ciudad, Tristán trataba de rearmarse en el sur.
La tierra estaba llena de sangre y de cadáveres, y de cañones abandonados. Pero el peligro seguía siendo tanto que muchos patriotas debieron replegarse sobre la plaza, ocupar las trincheras y prepararse para resistir hasta la muerte.
Creyendo aquel miserable godo que era dueño de la situación intimó una rendición y advirtió que incendiaría la ciudad si no se entregaban. Nuestra gente le respondió que pasarían a cuchillo a los cuatrocientos prisioneros. Ya sabían adentro que Belgrano venía reuniendo a la caballería.
Pasamos la noche juntando fuerzas, cazando godos, despenando agónicos y pertrechándonos en los arrabales. No tengo palabras para narrarle cómo fueron aquellas tensas horas. Una batalla que no termina es un verdadero suplicio, señor. Anhelábamos de nuevo que saliera el sol para que fuera lo que Dios quisiera. Era preferible morir a seguir esperando.
Al romper el sol, el general había juntado a 500 leales. No se oían ni los pájaros aquella madrugada del 25 de septiembre, y el jefe mandó entrar por el sur y formar frente a la línea del enemigo.
Estábamos cara a cara y a campo traviesa. Éramos parejos y, después de tanta matanza, ahora el asunto estaba realmente para cualquiera.
Fue Belgrano quien esta vez intimó una rendición. Les proponía a los realistas la paz en nombre de la fraternidad americana. Tristán le contestó que prefería la muerte a la vergüenza. Presuntuoso hijo de la gran puta, nos rechinaban los dientes de la bronca. “Han de estar nerviosos -dijo mi teniente-. Cuando un gallo cacarea es que tiene miedo.”
Miramos a Belgrano esperando la orden de carga, pero el doctorcito tenía un ataque de prudencia. Tal vez pensara que no estaba garantizada una victoria, y que no podía arriesgarse todo en un entrevero. En esos aprontes y dudas estuvimos todo el santo día, maldiciéndolo por lo bajo y agarrados a nuestras armas.
Por la noche los españoles se dieron a la fuga. Habían perdido 61 oficiales. Dejaban atrás más de seiscientos prisioneros, 400 fusiles, siete piezas de artillería, tres banderas y dos estandartes.
Y lo principal: 450 muertos. Nosotros habíamos perdido 80 hombres y teníamos 200 heridos. Belgrano ordenó que los siguiéramos y les picáramos la retaguardia. Los realistas iban fatigados, con hambre y sed, y en busca de un refugio. Y nosotros los perseguíamos dándoles sable y lanza, y escopeteando a los más rezagados. No le cuento las aventuras que vivimos en esas horas, entre asaltos y degüellos, entrando y saliendo, ganando y perdiendo, porque se me seca la boca de sólo recordarlo, señor mío.
Regresamos a Tucumán con sesenta prisioneros más y muchos compañeros nuestros rescatados de las garras de los altoperuanos.
Éramos, en ese momento, la gloriosa división de la vanguardia, y al ingresar a la ciudad, polvorientos y cansados, vimos que el pueblo tucumano marchaba en procesión y nos sumamos silenciosamente a ella.
Allí iba el mismísimo general Belgrano, que era hombre devoto, junto a Nuestra Señora de las Mercedes y camino al Campo de las Carreras, donde los gauchos, los infantes, los dragones, los pardos y los morenos, los artilleros y las langostas habíamos batido al Ejército Grande.
Créame, señor, que yo estaba allí también cuando el general hizo detener a quienes llevaban a la Virgen en andas. Y cuando, ante el gentío, se desprendió de su bastón de mando y se lo colocó a Nuestra Señora en sus manos.
Un tucumano comedido comentó, en un murmullo, que la había nombrado Generala del Ejército, y que Tucumán era “el sepulcro de la tiranía”. La procesión siguió su curso, pero nosotros estábamos acojonados por ese gesto de humildad.
Había desobedecido al gobierno y se había salido con la suya contra un ejército profesional que lo doblaba en número y experiencia, pero el general no era vulnerable a esos detalles, ni al orgullo ni a la gloria. No se creía la pericia del triunfo. Le anotaba todo el crédito de la hazaña a esa Virgen protectora, y no tenía ni siquiera la precaución de disimularlo ante el gentío.
Nosotros tampoco sabíamos, la verdad, que habíamos salvado la revolución americana, ni que el cielo había guiado el juicio de nuestro estratega ni que Dios había mandado aquellos vientos y aquellas langostas.
Recuerde: éramos la simple soldadesca y no creíamos en milagros. Veníamos de merendar godos y altoperuanos por la planicie y todo lo que queríamos en ese momento era un vaso de vino y un lugar fresco a la sombra. Pero mirábamos a ese jefe inexperto y frágil y lo veíamos como a un gigante.
Y lo más gracioso, vea usted, es que a pesar del cuero curtido y el corazón duro de cualquier soldado viejo, a muchos de nosotros empezaron a corrernos las lágrimas por el morro.
Porque Belgrano era exactamente eso. Un gigante, señor.
Un gigante…
Autor: Un soldado participante.
Gentileza: Rubén Ch.
Imagen: de la redCOMO CORRIENTES ELÉCTRICAS
Para controlar la ira, la rabia y el inconformismo, debemos estar siempre atentos, porque estas son algunas de las cosas más difíciles de reprimir o de las que uno puede sacudirse para poder caminar tranquilo y despejado.
Por eso debemos estar siempre despiertos, porque cuando llega ese fluido o esas energías con esa fuerza, se nos sube un fogaje a la cabeza y uno quiere explotar. Pero, si estás atento, es ahí cuando tienes que demostrar lo valiente que eres para controlar tus propios impulsos y tus propios deseos.
Porque la ira es como corrientes eléctricas que llegan con esa fuerza y se disparan. Así como usted ve una corriente con fuerza que puede dañar un aparato eléctrico, así también esas energías pueden llegar a nosotros y desestabilizarnos.
Eso es lo que pueden llegar a producir: dañarnos, desestabilizarnos y hacer que no logremos encontrar lo bueno que está alrededor de nosotros en ese momento o en ese día. Porque cuando escogemos la incomodidad, la rabia y la ira, nos descontrolamos y abrimos una puerta a través de nuestros chakras. Y por ahí pueden entrar energías, pensamientos e influencias que no son nuestros, haciendo que permanezcamos todo el día perturbados y con pensamientos perturbadores, deseándole el mal a alguien, queriendo vengarnos o queriendo hacer algo que vaya en contra de la otra persona, sin darnos cuenta de que somos nosotros mismos quienes nos estamos haciendo daño.
Porque si la otra persona hizo algo, se fue y ya se relajó, mientras nosotros seguimos con aquello en nuestra mente, ¿quién se está haciendo daño? Nosotros mismos.
Por eso tenemos que tener mucho cuidado y tratar de mantenernos relajados, mantenernos en paz, mantenernos llenos de alegría y de amor para poder seguir hacia adelante, siempre con nuestra mente despejada y abierta para captar esos fluidos y todas esas energías que llegan de lo alto. Si nosotros nos abrimos y las percibimos como son, podemos mantener siempre la serenidad y la paz interior, y empezar a vibrar en amor.
Esta fue una de las cosas que el Maestro Jesús explicó a sus discípulos y a muchas personas. Pero, muchas veces, se vio en la necesidad de hablarles mediante parábolas, porque la humanidad no estaba preparada para comprender plenamente aquello que quería transmitir.
Y, aun después de todo el tiempo que ha transcurrido, muchas veces no entendemos en su totalidad qué quiso decirnos en esas parábolas, porque son difíciles de interpretar. Pero cuando uno las lleva a la realidad de lo que está viviendo, se da cuenta de todo lo que allí estaba encerrado y de todo aquello que Él quiso enseñarnos.
Él nos habló para que despertáramos y tomáramos conciencia de quiénes somos nosotros y de lo que podemos realizar para vivir en paz, en armonía y en amor.
Autor: Eduardo Rivera C.
ColombiaImagen: de la red
CON OLFATO DE PERRO
“Tu perro no sabe nada de lo que dices y, sin embargo, es muy probable que tenga un historial asombroso de anticipar lo que vas a hacer…¿Cómo funciona esto???
Porque al no ENTENDER EL PERRO lo que dices, el perro se limita a OBSERVAR LO QUE HACES, y observar lo que la gente hace es un indicador mucho más fiable de porqué lo hace. Busca el motivo entendiendo las acciones de las personas, y no lo que dicen sus palabras.
Las palabras ENGAÑAN. Los actos “DICEN LA VERDAD”.
Esto me lo envió mi amigo R. Ch. Sabe que me gustan los perros como mascotas muy fieles.
Y agrego: Los perros (dicen que también los gatos) si bien no entienden de moralidad ni de maldad, detectan intenciones mediante el sentido de su olfato muy desarrollado, pueden interpretar el lenguaje corporal y las interacciones humanas.
Pueden captar cambios químicos en el sudor o la piel asociados con emociones intensas como el miedo, la ira, la ansiedad o el estrés (feromonas y adrenalina).Analizan de forma constante pequeños gestos, posturas corporales rígidas, tono de voz y movimientos bruscos que indican una amenaza potencial.
Estudios de conducta (como los de la Universidad de Kioto) demuestran que los perros observan cómo una persona trata a sus dueños o a otros y deciden desconfiar si ven actitudes egoístas o negativas.
Recuerdan experiencias previas con personas que los engañaron o maltrataron, reaccionando con alerta ante perfiles.
Por todo esto: trata bien a los animales, sobre todo a las mascotas. Y ten en cuenta todo esto porque es importante estar en alerta ante posibles visitas tóxicas.
Hay un dicho: “Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”.La autoría de esta célebre frase se le atribuye popularmente al poeta Lord Byron.
Y yo afirmo que:
“Cuanto más conozco a algunas personas, más quiero a mis mascotas”
Malania
Imagen: Roxana E. S.
EL MUNDO GIRA
“POR UN VOTO BIEN ELEGIDO”
El mundo está girando alrededor de la codicia, la mentira y el egoísmo. Todo esto lleva a que la gente permanezca desinformada, desactualizada y creyendo en todo lo que escucha y en todo lo que ve, sin darse cuenta de que, por no analizar, por no pensar, por no tener carácter ni esa fuerza de voluntad, cada día cae más en la oscuridad de las fuerzas materiales que la esclavizan y la mantienen sumisa a todo lo que otros quieren y desean.
Y mientras el pueblo, ese que sale a votar, ese que sale a discutir y que incluso llega a pelear y a maltratarse físicamente por defender una causa, muchas veces sin analizar si realmente es la correcta, pasa necesidades y sufre hambre, otros se divierten, se gozan y continúan acumulando riquezas.
Pero también debemos reconocer que gran parte de esta situación es consecuencia de nuestras propias decisiones, de no tener el valor de enfrentar la realidad y analizar lo que sucede a nuestro alrededor.
Vemos cómo muchos hermanos, a pesar de estar disfrutando de algo o de haber recibido beneficios que les permitieron vivir mejor, terminan poniéndose en contra de quienes, según su experiencia, les ayudaron, y caminan al lado de aquellos que lentamente pueden conducirlos por un camino que perjudica su bienestar, hasta el punto de no poder tener siquiera el pan de cada día.
Pero, aun viéndose en esa situación, siguen creyendo en muchas mentiras y se dejan llevar y guiar sin analizar, como caballos desbocados que avanzan directamente hacia el abismo.
Y cuando quieren reaccionar, muchas veces ya se encuentran en el fondo y les cuesta mucho trabajo volver a levantarse.
Eso es lo que vemos actualmente: personas pasando necesidades, sin tener con qué alimentarse, padeciendo hambre y dificultades. Sin embargo, muchas veces no somos capaces de mantenernos firmes cuando llega el momento de elegir a las personas que deben trabajar por el bien común, por el bienestar del pueblo y no únicamente por los intereses de los poderosos.
Que Dios de verdad nos proteja y nos ayude a despertar y a encontrar esa fuerza, esa firmeza y esa valentía que necesitamos para analizar, pensar y actuar con conciencia. No sigamos siendo débiles ni permitamos que otros decidan siempre por nosotros. Aprendamos a ejercer nuestra voluntad con responsabilidad y a trabajar por el bienestar de todos.
Autor: Eduardo Rivera C.
ColombiaImagen: de la red
GÉMINIS
22 de Mayo al 22 de Junio
“Hablar mucho y no permanecer nunca en un mismo lugar por más de cinco minutos: esas son características típicas de Géminis. Nadie puede atar a “los Gemelos” y nadie puede pretender que estas criaturas angelicales esperen pacientemente a que alguien “tire de la cuerda” para desatarlas. Probablemente usted – mejor estilo Houdini – a la otra en sus propias narices, se libere y la deje atada con esa misma cuerda!
Géminis es impredecible, cambiante y movediza como el mercurio; le encanta disfrazarse, camuflarse. De repente se la ve a usted fascinada con algo pero con la velocidad de un rayo ya cambió de interés y saltó a otra cosa. Géminis es “la mariposa” del Zodíaco (algunas mariposas son más pequeñas y ágiles que otras, pero todas vuelan). Por supuesto que existen Géminis que han logrado especializarse en un determinado estudio, arte o profesión. Pero aun así, necesitan encontrar variedad dentro de su campo de acción.
Aunque a su signo a veces se lo acusa de superficial, o poco profundo, eso no es verdad. La mente de Géminis es perfectamente capaz de lograr profundidad de pensamiento y concentración, cuando las circunstancias así lo requieren. Pasa de una cosa a otra porque usted tiene la sensación de que si se queda solamente en un tema, se perderá lo demás más. Y pensar que se le escape la oportunidad de conocer algo interesante es lo peor que le puede suceder. Y lo peor es, precisamente, aburrirse.”Mucho de lo que dice este horóscopo, tomado de Astro.com es cierto.
No soy de las que leen el horóscopo del diario, el de todos los días. Pero apareció esto ante mis ojos, casualidad o no, y me interesó. Por supuesto me causó un poco de risa.Malania
Imagen de la red.
POR EL BIENESTAR DE TODOS
El mundo está girando alrededor de la codicia, la mentira y el egoísmo. Todo esto lleva a que la gente permanezca desinformada, desactualizada y creyendo en todo lo que escucha y en todo lo que ve, sin darse cuenta de que, por no analizar, por no pensar, por no tener carácter ni esa fuerza de voluntad, cada día cae más en la oscuridad de las fuerzas materiales que la esclavizan y la mantienen sumisa a todo lo que otros quieren y desean.
Y mientras el pueblo, ese que sale a votar, ese que sale a discutir y que incluso llega a pelear y a maltratarse físicamente por defender una causa, muchas veces sin analizar si realmente es la correcta, pasa necesidades y sufre hambre, otros se divierten, se gozan y continúan acumulando riquezas.
Pero también debemos reconocer que gran parte de esta situación es consecuencia de nuestras propias decisiones, de no tener el valor de enfrentar la realidad y analizar lo que sucede a nuestro alrededor.
Vemos cómo muchos hermanos, a pesar de estar disfrutando de algo o de haber recibido beneficios que les permitieron vivir mejor, terminan poniéndose en contra de quienes, según su experiencia, les ayudaron, y caminan al lado de aquellos que lentamente pueden conducirlos por un camino que perjudica su bienestar, hasta el punto de no poder tener siquiera el pan de cada día.
Pero, aun viéndose en esa situación, siguen creyendo en muchas mentiras y se dejan llevar y guiar sin analizar, como caballos desbocados que avanzan directamente hacia el abismo.
Y cuando quieren reaccionar, muchas veces ya se encuentran en el fondo y les cuesta mucho trabajo volver a levantarse.
Eso es lo que vemos actualmente: personas pasando necesidades, sin tener con qué alimentarse, padeciendo hambre y dificultades. Sin embargo, muchas veces no somos capaces de mantenernos firmes cuando llega el momento de elegir a las personas que deben trabajar por el bien común, por el bienestar del pueblo y no únicamente por los intereses de los poderosos.
Que Dios de verdad nos proteja y nos ayude a despertar y a encontrar esa fuerza, esa firmeza y esa valentía que necesitamos para analizar, pensar y actuar con conciencia. No sigamos siendo débiles ni permitamos que otros decidan siempre por nosotros. Aprendamos a ejercer nuestra voluntad con responsabilidad y a trabajar por el bienestar de todos.
Eduardo Rivera C.
Colombia
Imagen: De la redVOCES TÓXICAS
Todos los días nos levantamos mirando y escuchando noticias o propagandas tóxicas que lo único que hacen es embotar o encapsular aún más nuestra mente y mantenernos atados a ese código de esclavitud que nos han impuesto y que nosotros mismos hemos aceptado, sin darnos cuenta del camino tan peligroso por el que venimos transitando.
No somos capaces de desprendernos de un celular; a toda hora queremos tenerlo en la mano. No queremos dejar de mirar esas noticias que muchas veces desequilibran nuestra mente y perturban nuestro sistema nervioso.
Tampoco queremos dejar de escuchar a aquellas personas que lo único que transmiten es negatividad, porque van por el mundo hablando mal de los demás o indisponiendo constantemente a unas personas contra otras.
Apartémonos de todas esas personas. Apartémonos de esos noticieros que muchas veces terminan desequilibrando nuestra mente y desestabilizando nuestro sistema nervioso.
Apartémonos también del celular y utilicémoslo únicamente cuando realmente necesitemos enviar un mensaje o recibir una llamada. No permanezcamos pendientes de todas esas noticias, muchas de ellas falsas o diseñadas únicamente para entretener, atraer nuestra atención y mantener nuestra mente ocupada, sin dejarnos espacio para pensar libremente y actuar bajo nuestro propio libre albedrío.
La culpa también es nuestra por dejarnos llevar y no reaccionar a tiempo.
Por eso, mis hermanos, despertemos. Estemos atentos y vigilantes de nosotros mismos. Hagamos la prueba, aunque sea por un momento o por un día: dejemos de escuchar noticias constantemente, desprendámonos del celular y busquémoslo solamente cuando realmente nos estén llamando o cuando necesitemos enviar un mensaje.
Aprendamos a recuperar nuestra tranquilidad, nuestra claridad mental y nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos.
No nos dejemos guiar como corderitos hacia el matadero.
Autor: Eduardo Rivera C.
Colombia
Imagen: de la red
LA TIERRA Y SU AGILIDAD
La Tierra ha empezado a agilizar y acelerar esa limpieza que ya viene generando, desplazándose en ciertos lugares con mayor rapidez para recibir todas esas luces que están llegando, de manera que esas partes vayan quedando limpias y pueda comenzar esa evolución o ese despertar espiritual que todos necesitamos para seguir hacia adelante.
En otras partes, en cambio, se ve estática, quieta, recibiendo aún todas esas energías densas, pesadas y oscuras que nos atan a lo material y no nos permiten despertar a lo espiritual. Y, a medida que la Tierra va limpiándose y ese proceso va avanzando, comienza a mostrarnos, en toda su plenitud, lo hermosa que es la Madre Tierra, el esplendor tan maravilloso del lugar en el que vivimos y que hemos despreciado y dañado como si fuera algo inservible, cuando de ella se desprende todo lo que necesitamos para poder vivir en paz, en tranquilidad, en amor y en alegría.
Y por eso no es como muchos pensábamos: que cualquier día el planeta desaparecería y todos nosotros con él. No. El planeta se está limpiando y, a medida que las zonas que van siendo limpiadas generan una vida diferente, también aparecen personas que van despertando a la realidad, que van encontrándose consigo mismas y comprendiendo que gran parte del conocimiento que necesitamos está dentro de nosotros y que podemos desarrollarlo y ponerlo en práctica.
De esta manera, podrá funcionar de verdad esa cadena de amor y servicio que siempre nos mostró el Maestro Jesús: que todos nos amemos, nos ayudemos y nos comprendamos para que podamos realmente subsistir sin egoísmo, sin envidia y sin codicia; para que todos progresemos y todos tengamos lo necesario.
Porque en todo lugar tiene que existir una jerarquía, alguien que dirija y oriente, pero ya no desde la envidia, el rencor y el odio en los que permanecemos actualmente.
Todas aquellas personas que tratan de ayudar, orientar, guiar y servir a los demás muchas veces son calumniadas y señaladas como bandidas, como personas que buscan beneficiarse de aquello que hacen, cuando en realidad pueden estar actuando con amor y con todo el desinterés posible para ayudar a los demás.
Por favor, despertemos. Busquemos, encontrémonos y saquemos a la luz todo ese conocimiento que llevamos dentro, para que podamos vivir en paz, en armonía y en amor, y no en discordia y en odio, como muchas veces vivimos actualmente.
Eduardo Rivera C.
Imagen: Ninet y Rosana G. B.
