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EN LA DISTANCIA

 

Se disipa el rocío entre las sombras, humedeciendo la tierra.
Se estremece el polvo rojo del camino, repleto de huellas anónimas que dormitan bañadas  por el sol.
Quizás bajo las flores amarillas se resguarda algún beso, o muchos, abandonado por el cansancio, en la distancia que ha recorrido en alas del viento una tarde cualquiera.
Después de una larga espera, otros quizás moran en el túnel, labrado por hormigas  u otros insectos con el riesgo que el lugar implica.
Iban rumbo a los labios de su amor.
Allí escondidos  sueñan y son muchos.
Esperan que el azar los rescate y los deposite en los colores tibios de su piel.
Una leve ola mece las flores amarillas con la intención de encontrar esos besos perdidos.
Y mientras él dormía los dejó esparcidos en el ambiente.
Quizá cuando despierte callado y nostálgico, los descubra que están allí sobre su espalda,  su cintura, su boca y bajo las sábanas.
La dulce y sutil ola  desapareció en la madrugada entre el aroma de azucenas y canolas.
                                                                                                                                                  Malania

 

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