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INSACIABLE

El sudor violeta
empapaba su frente,
sus mejillas empalidecían.
En medio del verdor de la ventana,
divisaba una luz mutada en pájaro.
La fiebre no cedía,
los escalofríos se sucedían.
El azul era verde
y al verde, gris lo veía.
El dolor de cabeza no cesaba,
su cara seguía empapada,
su cuerpo temblaba.
Alguien llamó a su puerta,
quería saber porqué gritaba,
era su madre muy asustada.
– ¡Te dije que no cenaras tanto,
que eso te transmutaba! –
Tomó una ducha tibia
y volvió a la cama.
La pesadilla pasó,
se durmió tranquila
hasta media mañana.

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