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SIMPLE GRIS

 

Caminé sin cuidado,
observé cada rincón,
cada planta, cada flor.
Distraída, trastabillé,
por un viejo y roto
escalón en desnivel.
Me jugó en contra,
o tal vez no
y eso tuvo que pasar.
Delante de mis ojos
todo era gris.
Una enorme mata
cubría un viejo cantero.
Sobrecogida,
permanecí inmóvil
frente a esa imagen.
Parecía un sueño.
Mi corazón latía, conmovido,
como si el pasado
hubiera retornado.  
En un abrir y cerrar de ojos,
desfilaron imágenes
inconclusas y descoloridas.
El extendido gris se repetía,
desde aquella primera vez,
que vi esa planta rodear
el sitio donde fuera
su última morada.
Morada de su cuerpo,
porque seguramente,
su alma está junto a Dios
y a Cristo resucitado.
Un ser querido
permanece siempre
en el recuerdo
y es presente.

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