• Relatos

    QUIÉN ERES

    A mí no me conoce nadie más que mi familia, algunos amigos y los que fueron mis alumnos. Seguramente éstos últimos ya ni me recordarán. O quizás sí. Pero, importe o no, no viene al caso.
    Me pasó que estaba en una sala de espera para ser atendida por un profesional de la salud. Tardaban mucho en llamar, entre paciente y paciente había un intermedio que bien podría ser atendida otra persona. La gente empezó a impacientarse.
    Una señora se me acercó y me dijo: -Hola Ester. A lo que respondí: -No soy Ester. – Y entonces cómo te llamas? – Pues no me llamo Ester, insistí.
    Y así me preguntó más de una vez. No le dije mi nombre porque pensé ¿para qué lo quería saber?.
    Bueno, no era mi mejor día jaja. El de ella tampoco.
    Quizás en otro momento le hubiera preguntado de dónde conocía a la tal Ester, y así vería si lo que quería era simplemente entablar conversación, o había algún otro motivo detrás de ese interrogante. Quizás fue confusión, quizás no.
    Las grandes ciudades se prestan para eso y mucho más, y la desconfianza está a la orden del día.  Los engaños y los fraudes también.

    Malania

    Imagen de la red