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AIRE BOSCOSO

El niño descifró su nombre desde la ventana de su cuarto.
Corrió la cortina azul y gritó: -¡Un escarabajo!
Como si fuera una bolita verde tornasolada, brillaba bajo el sol desplazándose con sus patitas.
El piso caliente lo obligaba a buscar un lugar más fresco.
Recorrió un camino largo.  Y atraído por el fresco olor de aire boscoso, logró encontrar un refugio espectacular: una alfombra de hojas otoñales. Muy cansado, se durmió junto a un tronco grueso que formaba parte de la gran arboleda.

Imagen arboleda: R. E. Ch.

Imagen escarabajo: propia.

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