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LINA

 
 
 
Quizás en una alhóndiga o en un mero pastizal 
o tal vez en un lejano cantil 
descubriste el mundo y te atreviste a cruzar 
entre un reguero y alondras o un desolado muladar.
Inquieta y llorosa maullaste a mi paso 
con miedo al principio corriste a mis brazos. 
Calmé tu sed y el ansia de mitigar tu soledad 
te cubrí del frío ante la tempestad.
Pero un día me ausenté dormido 
y en noche sin luna 
cuando solo la luz de tus ojos brillaba 
te  divertiste a tu modo 
extraña princesa mimada. 
Manifestaste tu desasosiego 
aquél que nació contigo 
desahogando tu furia y con desatino 
jugaste con hojas y todas mis plantas 
que a tu paso pudiste encontrar. 
Una reprimenda  bastó que comprendas 
que de nada sirve hacer ese estrago 
con mis hermosas plantas 
que mantenerlas lindas tanto ha costado. 
Y aquí estás de nuevo a mi lado 
espiando todo el día el teclado 
y  atenta a todo lo que hago.   
 
Malania
Imágenes: M. J. T.
 
 

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