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SU PRESENCIA

Observador empedernido
de la fascinante naturaleza,
pero sobre todo
del mar y del atardecer en el río.  

Sus ojos llenos de bondad
centelleaban buen humor.
Su mirada y su porte revelaban
que era un hombre culto y sabio.
Su voz era grave y modulada,
totalmente cautivadora.
Las palabras fluían de su boca
en un torrente de elocuencia y poesía.
Suscitaba admiración y respeto.
Sumido en abrumador silencio,
su presencia resplandeciente
de hombría y amor
irradiaba una dulzura espontánea.
Talante y afectuoso.
Su presencia engalanaba mi habitación
y expandía su perfume natural
en una atmósfera mágica
de paz y serenidad.

Malania

Imagen: propia

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