LECTURA DE LIBROS
La lectura no solo amplía el vocabulario, también corrige la ortografía; ensancha la manera de pensar, afina la mirada y despierta preguntas que antes no existían.
Sin embargo, resulta inevitable notar cómo el interés por los libros físicos se ha ido diluyendo con el tiempo, aunque muchos continúen leyendo en formatos digitales. Y aunque esa forma también me acompaña, siento que no es lo mismo.Hay algo casi ritual en entrar a una librería, recorrer estanterías, elegir un libro y sentir su peso entre las manos, o en pedirlo prestado en una biblioteca, donde el silencio parece custodiar miles de historias. El libro físico no es solo un objeto: es presencia, pausa, compañía.
Visitar librerías y bibliotecas se convierte entonces en un acto de resistencia y de refugio, un escape sereno frente al ruido constante de la ciudad. En medio del caos, leer así es una manera de recuperar la calma, de habitar el tiempo con sentido y de encontrarse, aunque sea por un instante, con uno mismo.
Malania
Imagen: de la red
ENTRE LIBROS Y MASCOTAS
El olor a yerba del mate recién preparado, lo invita a atravesar el umbral y tirarse a descansar. -Estuvo vigilante toda la noche bajo el alero exterior-. Lion parece dormido, pero de soslayo y con el rabillo del ojo derecho va registrando todo lo que ocurre.
Las cortinas nuevas blancas y con detalles de flores bordadas en igual color, le dan al ambiente una calidez de hogar que hasta él lo siente.
En los sillones, a pocos metros, Sía y el Negro reposan disfrutando del aroma mañanero.
Un libro abierto sobre la pequeña mesa centra la atención de Julián, quien no advierte las miradas cómplices que intercambian el perro y los gatunos, quizá preguntándose: ¿Todo lo escrito en los libros de la Kindle podrá leerlos? De ser así, hasta el mate de calabaza será un pozo de sabiduría y la bombilla de alpaca, un túnel de conexión de infusión caliente que nutre no solo el cerebro sino todo el cuerpo.Malania
Imagen: M. Julián T.
LA TAZA VACÍA
Me gusta leer lo que escriben mis amigos virtuales en sus blogs. Me enriquezco con sus palabras y conceptos pero también, en algunos casos como el de hoy, me ha recordado pasajes de los años que he trabajado como docente en diferentes escuelas rurales y urbanas. Treinta y siete años de docencia, siempre en lugares de Misiones, Argentina, mi provincia natal.
Volfredo José Camacho Assef, de Ciego de Ávila, Cuba, escribió “La taza de café vacía”. El escrito acompaña a una imagen, muy elocuente, de libros y la taza.
Me llevó a un pasado no muy lejano, y al ver esa taza vacía, apareció un recuerdo:
Cuando trabajaba en una escuela primaria, los niños, casi todos, traían sus tazas vacías (en distintos tamaños, colores y texturas), para que llegado el momento del desayuno, (algunos llegaban a la escuela con el estómago vacío) se les sirviera la leche con mate cocido o té, muy pocas veces con cacao. Ellos decían que era leche con chocolate, como un regalo en días festivos. Una galleta, o dos, y la taza llena. Por la tarde se servía la merienda de igual manera que el desayuno. ¡Si vieran la alegría en esos ojitos! Cada vez que lo recuerdo, me emociono. Y me pregunto, cuántas tazas vacías habrá en el mundo, sin poder ser llenadas ya sea con algún refrigerio, o como ha escrito Volfredo, con palabras del saber.
Las palabras escritas en los libros no llenan el estómago, pero sí alimentan la mente. Y de alguna manera contribuyen a salir adelante con el propio saber. Y el saber ayuda a no estancarse, a buscar alternativas, soluciones válidas para trabajar y conseguir el sustento diario para sí mismo y para la familia.
MalaniaImagen: de la red