Relatos

DE TESTIGO, UN VENTEVEO

Y él escribió:

Un poco más tranquilo con mis cosas, porque terminé el trabajo del día, me decidí a cumplir algunas promesas pendientes. Una de ellas era escribirte. Y aquí estoy mientras tomo unos mates y observo al pajarito posado sobre la casita que un artesano construyó, con madera nativa del lugar donde habita. El benteveo canta y yo lo fotografío con temor a ser descubierto para que no vuele.
Son tantas las cosas que tengo para contarte que no sé por dónde comenzar. Y creo que lo mejor sería que nos reunamos uno de estos días, tomemos un café y charlemos de todo, así no se hace sólo un monólogo que me parece de tontos. Jajaja. El lugar puedes elegirlo y bueno…, el día y la hora tendríamos que combinar porque si bien no tienes compromisos horarios, yo en algunos días sí, los tengo todavía. Es que, como bien sabes, el sueldo de jubilados no es de lo mejor y hay que ingeniarse para llegar a fin de mes sin pedir prestado y menos, tocar los ahorros.
Lo que no quisiera dejar pasar es contarte que se me arruinó la computadora y el disco, donde tenía muchísimas fotografías de las que te había enviado algunas. Es por eso que tendré que recuperar mi cámara, la misma que se la presté a un amigo, para no perder de vista los hermosos lapachos florecidos, las bromelias que brotan en esta época del año y están en todo su esplendor, enraizadas en los troncos al borde del sendero que lleva a la montaña. Ah! Y los faroles de la plaza, tan antiguos pero muy bien conservados rodeados de colgantes con geranios rojos.
Y aquí termina mi mensaje porque, aunque no lo quieras creer, están llegando dos amigos que prometieron traerme unos muebles, que había dejado en la otra casa donde estuve viviendo hasta hace unos días.
Quedo a la espera de noticias tuyas. Un abrazo.

Malania

Imagen: R. E. S.

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