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LLAMA ENCENDIDA

Junto a la tenue llama
de una vela naranja,
quiso encenizar sus recuerdos
pero no pudo.
Encendió el fuego,
llenó una marmita con agua
y la colocó sobre la red de hierros,
que pronto se tornó candente.
Mientras tanto,
tomó la tralla y espantó a los perros,
atravesó el patio de tierra
y llegó al portón,
allí lo esperaba su amigo.
Se instalaron frente al chacmol,
que descansaba
sobre una repisa de madera,
iluminado por la fogata.
Imploraron
con diversos rezos y cánticos,
por una humanidad
más solidaria y bondadosa.
Con sus ojos lacrimosos,
rogaron
por sus hijos desaparecidos,
en La noche de los lápices.
Los días pasaron
y ellos no pudieron ver
a aquellos jóvenes
recibidos de profesionales.
La crueldad en la  ciudad
les robó la vida
y a los padres
la ilusión y la esperanza.
Ahora ruegan
por un presente mejor,
alejados de ilusivas promesas,
esas que se discurren
en algunos púlpitos,
aún estando en democracia,
descuidando las expectativas
de un futuro cercano.
El agua de la marmita hervía a borbotones,
los choclos,  estaban a punto,
las humitas sobre las brasas, también
así como les gustaba a sus hijos,
con los que  ya nunca  podrán compartir.
Imagen: M. J. T.

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