Relatos

MI ALUMNA DE SEGUNDO GRADO

En un aula con veinticinco alumnos entre niñas y varones, una vez por semana tenía que dar clase de Dibujo. Así se llamaba la asignatura que después fue cambiando de nombre y hoy día es Artes Plásticas.
Una niña, Graciela, con sobre nombre Gala, nunca quería dibujar en clase porque decía que no le salía bien, que lo haría en su casa. Al otro día aparecía con un dibujo casi perfecto, por supuesto no era su obra sino de alguien que la ayudaba. Así pasaron varias clases y siempre hacía lo mismo. Yo veía que era un problema, porque ¿Cómo calificaría ese dibujo que no estaba hecho por ella?, aunque la niña aseguraba que sí, que era su trabajo.
Un día resolví citar a la madre para explicarle y hacerle entender que la niña solo tenía 7 años y no podía comparar su dibujo o de quien lo hubiera hecho, con el que ella podía hacer y que además, de ese modo no aprendería nunca a dibujar. Tampoco podía calificar porque a la legua se notaba que no era el trabajo de la niña. La madre pidió disculpas y aceptó lo que le había sugerido: alentar a la niña para que dibujara sola.
Desde ese día, la niña guiada por su maestra, fue aprendiendo a dibujar. Sus dibujos no eran perfectos pero sí, eran propios de su edad, por lo que las notas fueron siempre o casi siempre de las mejores.
Gala estudió y se recibió de maestra. Hasta hoy día me agradece el gesto y la actitud que tomé al citar a la madre a la escuela para explicarle lo antes dicho.

Los dibujos y las pinturas siempre son bonitas si el que las crea lo hace con entusiasmo y desde el corazón. Son la expresión del alma. Esa es mi opinión.

Malania

Imagen de la red y de Lua T.

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