HUYENDO DE LA SOMBRA
Timoteo era un hombre de carácter bastante especial.
Muchas veces parecía andar malhumorado, se enojaba consigo mismo.
Cierto día de sol, se lo vio un poco inquieto, corría, saltaba, parecía estar loco.
La gente lo miraba y sonreía, no paraba quieto un segundo.
Un jovencito que por ahí pasaba se le acerca para preguntarle si le sucedía algo.
-¿Qué tiene señor? ¿Puedo ayudarlo en algo?- le dice.
Timoteo lo mira con cara de poco amigo y responde
-Esa sombra que no me deja en paz, la quiero perder, pero me sigue a donde voy-.
El joven se sonrió a carcajada al escuchar su respuesta, eso no le agradó nada.
Timoteo, le dice con voz agresiva al joven
-¡Te estás burlando de mi jovencito!-.
El joven con temor huye sin contestarle, dejando solo a Timoteo.
Tanto estuvo así está hasta cansarse y sentarse dándose cuenta, mientras hay luz la sombra estará sin alejarse.
Es así que Timoteo decide dejar de huir de la misma.
Se da cuenta que está haciendo el ridículo y avergonzado se retira cabizbajo hacia su casa lentamente.Autor: Miguel Márquez
Imagen: propia (Malania)NATURALEZA HUMANA
Huir del viento,
para que no te dañe la piel.
Huir del sol,
para que no te queme ni te salgan manchas.
Huir de la lluvia,
para que no se te estropee la ropa.
Huir del calor,
encerrándote en una fresca habitación,
para no sofocarte.
Huir del frío,
para no tiritar y pescarte una gripe.
¡Y de cuántas más cosas!
De la guerra, de un tornado,
de un animal salvaje,
de un grupo humano agitado.
Podríamos agregar muchos más.
Huir. Huir. Huir.
Pero…NUNCA HUYAS DEL AMOR.Malania
Imagen: propia