HAGAMOS REIR A UN NIÑO
Dibujemos sonrisas regalando felicidad para que brille el sol,
aún en días grises apagando la tristeza.Cantemos con el alma lo que dicte el corazón,
llenando de emociones buenas por cada lugar que pasemos.Hagamos reír a un niño, para secar así sus lágrimas
y poder verlos correr en libertad.Dejemos pasar de largo la maldad sin detenernos,
sigamos con toda nuestra alegría contagiando cosas maravillosas.Autor: Miguel Márquez
Imagen: gentileza del autorLAS FLORES…PROTAGONISTAS
Las flores gritan su presencia…
¡Se visten de fiesta!
Con faldas variadas:
Amarillas, blancas, rosadas…
Fragancias agradables al viento,
Transmitiendo sentimientos.
Desean ser observadas
Como las invitadas,
Más importantes de la reunión,
Esperando protagonismo, sin acción…
¡Qué les demuestren admiración!
-¡Qué linda tu decoración!
-¿Cultivaste estas flores en tu jardín?
-¡Es lo más hermoso que se aprecia por aquí!
Se sienten tan famosas,
Se ponen más hermosas,
¡Y hasta bailan con la brisa!
Porque cumplen su misión, sin prisa:
Hacen felices a los seres humanos,
Con sus encantos.
Autora: Sira Vargas Rodríguez
Imagen: de la autora
SACAR LA LENGUA
Sacar la lengua
puede ser una travesura,
un desafío,
una burla pequeña
que cabe en la sonrisa de un niño.Puede decir:
“no me importa”,
“te estoy molestando”,
“mírame”,
o simplemente
“hoy no pienso portarme bien”.Pero la lengua también sabe
de silencios,
de concentración,
de esos instantes en que el mundo desaparece
y hasta el cuerpo parece pensar.Hay pueblos donde saludar con ella
no es insolencia,
sino tradición;
porque ningún gesto pertenece
a un solo significado.¿Y los gatos?
Ellos parecen haber entendido
que nosotros complicamos demasiado las cosas.A veces sacan la lengua
después de acicalarse,
porque se quedaron a mitad del ritual.
A veces porque están profundamente relajados,
porque olvidaron guardarla,
o porque su pequeño universo
estaba ocupado persiguiendo un sueño.Y otras veces, simplemente,
nos miran con esos ojos imposibles
y nos regalan un “blep”.Una lengua diminuta,
rosada y descarada,
asomándose al mundo
sin pedir permiso.Quizá no sea burla,
no sea saludo.
ni tampoco concentración.Quizá un gato,
cuando saca la lengua,
solo está diciendo:“Estoy aquí.
Estoy bien.
Y, por un instante,
me olvidé de ser elegante.”Malania
Imagen: Rosana G. B.
GUIRNALDAS
El sonido de los grillos era el único acompañante de don Mateo en aquella noche estrellada, como muchas otras noches. El pueblo dormía, pero en su corazón latía una mezcla de emoción y nerviosismo. Había pasado días decorando el sendero que llevaba a su pequeña casa, transformándolo en un túnel mágico de luces cálidas y guirnaldas coloridas.
Parece que las luciérnagas han bajado a visitarnos -murmuró para sí mismo-, contemplando cómo los banderines de colores, ahora iluminados por las pequeñas bombillas, bailaban suavemente con la brisa nocturna. Quería que la bienvenida fuera perfecta. Quería que el primer paso que ella diera de vuelta a casa fuera sobre un camino de alegría.
Con un suspiro, don Mateo se sentó en el banco de madera que había colocado a la entrada del sendero. Estaba vacío, un recordatorio silencioso de la ausencia que pronto llegaría a su fin. Sus dedos, callosos por el trabajo de jardinería, acariciaron la madera pulida, mientras sus ojos se clavaban en la oscuridad del camino principal, esperando divisar la figura que anhelaba.
¿Y si no le gusta? ¿Y si prefiere el bullicio de la ciudad? -los fantasmas de la duda comenzaron a rondar su mente-. Pero la imagen de su nieta, la pequeña Lucía, con su risa contagiosa y sus ojos llenos de curiosidad, disipó cualquier rastro de inseguridad. No importaba la edad que tuviera, ella siempre sería su pequeña exploradora.
El tiempo pasaba lentamente, pero la determinación de don Mateo no flaqueaba. Se levantó y ajustó una de las bombillas que parecía estar parpadeando. Luego, regresó al banco, dispuesto a esperar todo el tiempo que fuera necesario.
Y entonces, en la distancia, un destello de luz. El coche de su hijo asomaba por la curva. El pulso de don Mateo se aceleró. Se puso de pie, su mirada fija en el vehículo que se acercaba.
El coche se detuvo y una figura joven y esbelta descendió. Era Lucía, pero no la niña que recordaba. Había crecido, se había convertido en una mujer hermosa y segura de sí misma.
¡Abuelo!, -gritó, corriendo hacia él-.
Don Mateo no pudo contener las lágrimas. La abrazó con fuerza, sintiendo el calor de su cuerpo y el aroma de su perfume, que le evocaba recuerdos de tardes de verano y risas compartidas.
Bienvenida a casa, mi niña, -susurró-, con la voz entrecortada por la emoción
Lucía se separó un poco, sus ojos brillando con lágrimas de alegría. Contempló el sendero iluminado, las guirnaldas de colores que se mecían suavemente con el viento.
“Es… es hermoso, abuelo”, dijo, su voz apenas un hilo. “Es el camino más bonito que he visto nunca”.
Don Mateo sonrió, su corazón rebosante de felicidad. Tomó la mano de su nieta y, juntos, comenzaron a caminar por el sendero iluminado.
Teníamos mucho que contarnos, pero el banco vacío ya no lo estaba. Ahora, estaba lleno de risas, de recuerdos y de la certeza de que el amor, como las luces del sendero, siempre brilla con más fuerza en la oscuridad.
Malania
Imagen: M. Julián T.
EL RELOJ INTERIOR
Hubo un tiempo en que corría,
como si la vida premiara al primero en llegar.
Creía que la prisa era el idioma de los sueños,
y que detenerse era perder y llorar.
Pero el camino, sabio en sus silencios,
me habló con la voz de las caídas y las tormentas.
Me enseñó que no toda carrera
se conquista con velocidad,
y que a veces el paso más valiente
es aquel que sabe esperar.
Aprendí a caminar sobre cáscaras de huevo,
con el alma despierta y los sentidos abiertos,
descubriendo que no toda sonrisa nace del corazón,
ni todo elogio es reflejo de la verdad.
Hay palabras que abrazan de frente y,
al darse vuelta, se convierten en sombras.
Hoy camino despacio.
Ya no persigo las horas, ni discuto con el reloj.
Solo escucho el compás que marca mi pecho,
ese latido sincero que conoce los senderos
antes que mis propios pasos.
Porque el corazón,
cuando aprendemos a oírlo,
es el único mapa que casi nunca se equivoca.
Y en su calma he encontrado el destino
que la prisa jamás pudo mostrarme.Malania
Imagen: propia
VOLVER O NO
¿Y no has pensado en que algún día puedas volver?…
A veces es necesario dejar atrás no solo un lugar solitario, sino alejarse de las personas que están, pero ya no nos hacen compañía.
Y cuando piensas en ellas, o en ese lugar, puedes recordarlo con una sonrisa o con desprecio. Todo depende de la situación que ha generado ese deseo de abandonar el lugar.
Malpa tenía dos hijos varones mellizos y una mujer. Los niños eran tan pero tan terribles, que la mujer, vaya a saber qué fue lo que la impulsó, un día preparó su valija (maleta) diciendo que se iba de compras a Buenos Aires y estaría ausente de su hogar por unos días. Lo cierto es que nunca más volvió.
Una vecina, que se dedicaba a vender ropa ofreciéndolas a domicilio, viajó a la gran ciudad y encontró a Malpa en uno de los comercios del rubro ropería.
Le preguntó: ¿No has pensado en volver algún día? Pero la respuesta fue solamente una mirada lejana y un movimiento de cabeza a un lado y otro en señal de negación.
Según dicen, Malpa trabajaba como mucama en un edificio de la gran ciudad.Malania
Imagen: de la red
AMIGOS MÁS ALLÁ DEL FRÍO O DEL CALOR
Cuando la vida se vaya vistiendo de silencios,
y caminemos despacio, sin dejar de avanzar,
cuando los años nos inviten a hacer una pausa
y la memoria juegue a esconder algún lugar,
seguirá latiendo el alma con la fuerza del camino,
porque cada paso compartido nos enseñó a continuar.Cuando la noche se transforme en un nuevo amanecer,
y el sol nos regale otra oportunidad de agradecer,
miraremos el horizonte con el corazón sereno,
abrazando cada instante como un precioso regalo.
La esperanza será la luz que nunca se apague,
y la gratitud el refugio donde siempre volver.Seremos amigos más allá del frío o del calor,
caminando bajo la lluvia con sonrisas en los labios,
compartiendo el peso y la alegría de los días,
sin permitir que el tiempo deshaga nuestros lazos.
Porque hay afectos que vencen todas las estaciones,
y nada en este mundo podrá jamás separarnos.Malania
Imagen: Jorge G. T.
EL PASADO PRESENTE
Tus palabras fueron como un botón antiguo,
de esos que el alma aprieta en silencio.
Y, sin darme cuenta, rebobiné la memoria
hasta encontrar instantes que creía perdidos.La vida no se detiene para avisarnos.
Pasa despacio y, al mismo tiempo, vuela;
nos regala pequeños milagros cotidianos
que a menudo se escapan entre pensamientos.Mientras la mente viaja hacia lo que falta,
el presente escribe su propia historia.
Y cuando por fin volvemos la mirada,
descubrimos que hubo abrazos, sonrisas y despedidas
que ocurrieron sin pedir permiso a la memoria.Y entonces aparece un amanecer sobre la playa,
pintando el horizonte con la luz de enero.
En esa orilla aún caminan los recuerdos,
como olas que regresan con su ruido.
El sol vuelve a nacer cada mañana,
pero hay auroras que permanecen para siempre
porque aprendieron a vivir dentro del corazón.Quizá vivir también sea eso:
aprender a mirar lo que parecía invisible,
escuchar el eco de lo ya vivido,
sin quedarse atrapado en el mar,
desacelerando el ritmo cardíaco.Porque el pasado no vuelve,
pero sus huellas iluminan el camino;
y cada recuerdo, al rebobinar el tiempo,
nos enseña que la vida siempre estuvo ocurriendo,
minuto a minuto, incluso cuando no la veíamos.Malania
Imagen: Roxana E. S.
EL AMOR ES
El amor es cuidar el mundo,
mostrar que no estamos solos
y todos hermanos sin odio ni rencor.El amor es soñar,
buscando realizar en tiempos difíciles,
tratar cuidar la paz aunque parezca tan lejana.El amor es querer al que a nuestro lado está,
sin dejar perderse todo lo bueno,
mantenernos unidos.El amor es andar regalando alegría,
pintar sonrisa en la tristeza haciendo crecer la felicidad,
aunque debamos esforzarnos.Autor: Miguel Márquez
Imagen de la red gentileza del autor.EL PRIMER AMOR
Llegó ese día en que el corazón habló más fuerte,
el alma se aferró a un sentimiento que se encendió de a poco.Cada momento tuvo sentido, mientras únicos se hicieron los instantes,
donde la vida se llenó de color.El primer amor llegó, no hubo explicación pero abrió puertas,
se iluminó cada día llenando de magia el amanecer.Las ganas presentes dibujaron sonrisa, las palabras se hicieron versos
en dulce poesía que envolvió todos los sueños.Autor: Miguel Márquez
Imagen: Gentileza del autor