BRISA DE A DOS
(Letra y Música)
Labios que desean emigrar
para humedecer la sequedad
de tus momentos silenciosos.
Para ver y sentir tus manos ansiosas
agitando vientos que no existen
que sí vibran, sin pausa y sin cansancio.
Pícaras, logran encontrar el punto exacto,
justo en el momento cumbre e ideal.
Siguen brisas
acarician la tibieza de tus humedecidos poros.
Múltiples deseos penden de la soledad
en horas silenciosas, tranquilas, íntimas.Malania
Imagen: propia
https://music.youtube.com/watch?v=_oaYGjdvlwU&si=wEdTQlzSpcQT74oT
LA SOSPECHA
(Segunda parte)
– Ya son las cuatro, me voy a ir un rato al velorio, le dijo a su esposa.
La sala no era precisamente una sala alegre, pero ese día le pareció que estaba un poco más iluminada y eso la hacía menos agobiante. La Luz, pensó, siempre es bienvenida. Donde hay luz, las tristezas se van. Algunos vecinos estaban en la vereda cuchicheando porque en los velorios nadie habla en voz alta. Se acercó y, como era conocido, lo saludaron.
– Qué tal don Carlos.
– Muy bien. Buenas tardes.
Don Carlos se quedó parado en la puerta de la sala. Deberé entrar porque nadie saldrá a recibirme, pensó. En ese momento salió la viuda, llorosa acompañada de dos o tres vecinas. Don Carlos se sacó la gorra para saludarla, pero ella siguió su camino sin advertirlo. Cuando sus ojos se habituaron a la oscuridad, descubrió algunas coronas, pocas, y una de las hijas de ella, ya que Raúl se había juntado y no tenía hijos con esa mujer. Ella, en cambio, tenía tres hijos de dos maridos distintos. Falta el gringo, se dijo don Carlos, y también la Marta, la otra hija. El gringo, así le decían a ese muchacho alto, flaco, de pelo castaño claro, de unos 23 años. El Gringo, pensó don Carlos. La hija que estaba con otras chicas, no parecían muy tristes. Charlaban con dos o tres amigas comentando no sé qué cosas. Algunas vecinas sentadas como haciendo el aguante, sin decir nada, observaban todo.
Se acercó al cajón y allí lo vió al bueno de Raúl. Tenía la cabeza como vendada, con algún rastro de sangre mal lavada por el rostro. Ni le lavaron bien la cara, pensó don Carlos. Se hizo la señal de la cruz y rezó algo como pidiendo a Dios que le de la paz porque después de todo Raúl era un buen tipo. Jamás jodió a nadie. Siempre vivió de su trabajo. Claro ya hacía unos años que estaba solo, pues su mujer se le fue con otro y él empezó a rondar a la madre del Gringo hasta que un buen día se quedó en su casa. Y así fue nomas. Ahora estaba allí, sin vida, sin aliento con los ojos casi cerrados. Ya dejaste de sufrir, pensó don Carlos. Luego de unos minutos se fue para la calle. Hacía calor allí dentro.
Terminó el velorio, lo llevaron al cementerio y no se habló más de Raúl. La vida siguió. Así nos pasará a todos, pensaba don Carlos mientras ofrecía su mercadería.
Ya nadie se acordaba del pobre Raúl. El tiempo había pasado, sin embargo, la imagen de Raúl no se le iba de la cabeza. Cómo lo mataron, por qué lo mataron, quién lo mató. Eran preguntas que o tenían respuestas para don Carlos, ni para nadie.
Un buen día, siempre hay un buen día, don Carlos se encontró a solas con una de esas vecinas que les gusta hablar de las cosas más secretas de los otros. Hacía rato que esperaba encontrarse a solas con ella y como quien no quiere la cosa, le dijo que no podía olvidarse de Raúl y ya habían pasado varios meses.
– Si, dos años don Carlos, le dijo la vecina.
Se hizo un silencio apenas interrumpido por el lento masticar del caballo y por la soledad del mediodía.
– Nunca supimos qué pasó, dijo don Carlos, como al pasar.
– Pero Ud, ¿no se enteró?, le descargó la chismosa.
– De qué tengo que enterarme.
– No vio que el gringo hace tiempo que no vive por aquí?Autor: Manuel Clemente Rodríguez
Imagen de la red
ÚLTIMA LLAMADA
Esperando encontrarse solo, Don Jacinto aprovechó para hacer su última llamada.
Sabía que su tiempo llegaba al final, tomó el teléfono y discó un número que llevaba en mente.
Lentamente tomó el tubo del mismo, al colocarlo sobre su oído escuchó una voz que lo llenó de paz.
Quien le hablaba lo hacía con cierto amor, no podía dejar de prestarle atención.
De repente la misma le hace una pregunta
-¿Sabes quién soy y por qué te digo estas palabras?-.
Con voz temblorosa Don Jacinto se animó a responder
-Para mí eres Dios-.
Con el gran creador estaba hablando, aprovechó para pedirle si podía hacer del mundo un lugar mejor para sus nietos, y derramó lágrimas
Su nieto más pequeño lo estaba escuchando tras la puerta entreabierta, igual que él derramó lágrimas en silencio.
Lento se alejó mientras el anciano finalizó la última llamada, todo se llenó de calma reinando la paz en el lugar.
Así Don Jacinto se levantó y salió de la pieza rumbo a su cuarto echándose a dormir.
Cerró los ojos para no volver a despertar.
Se fue sin decir adiós en su soledad, quedando un dejo de nostalgia.Autor: Miguel Márquez
Imagen: de la red. Gentileza del autor del cuento.
EL RELOJ
Sin relojes…
¿las noches y los días se confunden?
En una danza sin medida
donde el tiempo es solamente un suspiro,
un paseo por la vida o un abismo.
Hay insomnio en mi piel,
como un eco persistente,
mientras los sueños
se deshacen en la almohada,
y a veces,
ni siquiera hay sueños.
Acariciada por la soledad,
me descubro acompañada
de luces suaves del día
o temblorosas por el viento.
Hasta las sombras conocen mi nombre
adivinando mis deseos.
Aquí, donde no hay calendarios ni minutos,
el alma se mueve a su antojo,
y cada latido, aunque diminuto,
es una eternidad que no espera.
Y deseo esta alegría sin reloj,
ser libre en el tiempo y el espacio,
solo yo, el viento, las hojas,
el canto lejano de un ave,
la caricia tibia del sol en la piel,
y la certeza serena
de que eso me alcanza
y con suavidad me abraza.Malania
Imagen: de la red
LABERINTO ESPIRALADO
Mi mente deambuló perdida
por la 9 de Julio y otra avenida.
Caminé como en laberinto espiralado.
Nada ya me importaba
si no encontraba lo que yo buscaba.
La ausencia y lejanía se presentaban
como un enigma bajo las estrellas
esas que yo no veía.
Ni los destellos de los faros
mis pensamientos iluminaban.
Hoy las aureolas son más brillantes,
hacen nacer corrientes
de inspiración, como vertidas
de un manantial transparente.
De aquella locura inquieta y sin sol,
esa que mi soledad rondaba,
no quedan vestigios, hoy no existe.
Ya no pierdo la consciencia por un amor
que se devuelve en desamor.
Ya no me pierdo en el laberinto de la nada,
si el viento sonrisas me regala,
me divierten la nieve y la escarcha.
El rocío fresco de la mañana
me hace respirar profundo
llenando mis pulmones de aire puro,
sin recuerdos amargos.
El sonar de campanas
los domingos a la mañana,
o los días entre semana
anunciando el Ángelus,
no me traen nostalgia,
simplemente me alegran.
Disfruto de los árboles
sus frutos maduros y sus flores
porque hay vida en ellos,
se expresan con todos sus colores.Malania
Imagen: propia
AMAR EN SILENCIO
Ni la luna, ni las estrellas
amenguan mis penas.
No puedo reír
no quiero llorar.
No las deseo mirar;
me traen recuerdos…
Prefiero el silencio;
sumirme en soledad;
para meditar lentamente
y elegir el camino
que debo continuar.Malania
Imagen: Alejandra de Comodoro
NOCHE EN SOLEDAD
Esperé toda la noche
con el sueño entrecortado,
el reloj entre mis manos
y con el puño apretado
me dormía pensando en vos
que ese día tú me has dado
la felicidad que hoy
se me escapa entre las manos
la felicidad de estar
muy juntos y abrazados
apretando contra mi pecho
tu corazón apasionado.Malania
Imagen: Roxana E. S.
MELANCOLÍA
Omy y su mamá Elyn se iban por el mes de febrero a una cabaña alquilada en la playa mientras Alex se quedaba trabajando y se reunía con ellos los fines de semana.
Como la mayoría de los maridos de aquel país, presumían de no tomar jamás vacaciones porque eran indispensables en sus trabajos.
Según Elyn, esposa de Alex, era una expresión más del machismo criollo. ¡Cómo iban a renunciar a la libertad de solteros de verano que podían gozar! Además habría sido mal visto que Alex, que era médico, se ausentara del Hospital durante un mes. Pero su motivo principal, era que la playa le traía malos recuerdos, de cuando vivió muchos meses atendiendo a los refugiados en el campo de batalla y se había propuesto no volver a pisar más la arena.Lo que Elyn no sabía era que Alex aprovechaba la soledad de esos días para dar rienda suelta a su melancolía, esa que permanecía en el abismo de sus entrañas, en cada rincón de su cuerpo, esa que se había instalado para -quizás- no abandonarlo jamás. Se le instaló ingenuamente como un huésped descortés. Aprovechaba para fumar cigarros de esos que se fabricaban con hojas y tabaco picado como lo hacía su abuelo, y los llamaba puros.
Entre las cenizas que caían veía sus anhelos envueltos en historias rotas y un sentimiento de derrota de la vida misma.
Sentía una presencia callada y en su soledad notas de ausencias.
Su cuerpo se estremecía al mínimo ruido de aviones y de trenes, que si bien no vivía cerca de las estaciones, según el sentido del viento se escuchaba. Su propia sombra a veces lo asustaba, pero era su compañía junto al sol de los buenos días. A veces le daba impresión de que el tiempo no avanzaba, que estaba detenido en el espacio, sobre todo en las noches de desesperanza, esperando la aurora y el nacimiento de un nuevo día.
Todo volvía a la normalidad cuando Elyn y Omy volvían a la casa.Malania
Imagen: propia
LA CASA A ORILLAS DEL MAR
Con el mar a su alrededor, la casa mostraba belleza
atrapando miradas llenas de elogió, regalaba encanto.Dejaba sueños llenos de asombro, regalaba poesía en su eterno estar,
se amigaba con la luna todas las noches.Parecía bailar al ritmo de cada ola,
mostraba magia en el silencio, muchas veces, de la soledad.La casa a la orilla del mar, parecía pedir permiso
para irse dentro del océano.
Pero, tal vez una fuerza extraña le dijo no.Autor: Miguel Márquez
Imagen de la red. Gentileza Miguel M.
DE A DOS
Labios que desean emigrarpara humedecer la sequedadde tus momentos silenciosos.Para ver y sentir tus manos ansiosasagitando vientos que no existenque sí vibran, sin pausa y sin cansancio.Pícaras, logran encontrar el punto exacto,justo en el momento cumbre e ideal.Siguen brisasacarician la tibieza de tus humedecidos poros.Múltiples deseos penden de la soledaden horas silenciosas, tranquilas, íntimas.MalaniaImagen propia