RECUERDOS QUE NO SE OLVIDAN NI SE OLVIDARÁN
Los recuerdos de cuando éramos niños y adolescentes no se olvidan.
El chocolate caliente, en taza – tenía que llevarla de su casa, cada alumno de la escuela primaria los días festivos-, con un bollo relleno con dulce de membrillo y cubierto con crema pastelera, comprados o donados por la panadería del pueblo. Ese chocolate espeso, muy rico y que en casa no salía igual.
Y tantos otros recueros como los varénikis de ricota de la tía Irena, o el pan de miel de abejas de la tía María.
El pan casero que hacía mi madre, y el pan dulce arrollado que preparaba para las Fiestas.
Los bizcochuelos de mi hermana mayor y la torta invertida de manzana.
Los sándwiches de mortadela con pan untado con picadillo o con manteca, acompañados con té negro, que nos servían como cena los domingos por la noche en el colegio de monjas. Eran mejores que la polenta del almuerzo de los miércoles, un plato lleno de polenta y unas pocas cucharadas de salsa con carne picada en el centro. No se conocía el queso rallado ni por asomo.
Esos son los que me vinieron a la mente hoy.
Y mi primera muñeca, era negra y de loza, regalo de mi hermano mayor. Seguramente no había muñecas de plástico u otro material como hay ahora.
Hermosos recuerdos.Malania
Imagen de la red.
PASAJERA SIN BOLETO
El ómnibus avanzaba como un hilo oscuro atravesando la tarde. Afuera, los árboles se inclinaban al paso del viento y el sol se despedía sin apuro, como si también estuviera de viaje.
Yo miraba por la ventanilla cuando la vi.
Era una abeja pequeña, casi dorada, que golpeaba una y otra vez contra el vidrio. Su vuelo no era firme: más bien parecía una pregunta insistente. Zumbaba bajito, como si pidiera permiso para volver al mundo de afuera.
—Mátala —dijo una mujer a mi lado, sin mirarla demasiado—. Esas cosas después pican.
Pero la abeja no tenía cara de amenaza. Tenía cara de extravío.
Se había colado en el colectivo quién sabe en qué parada, y ahora estaba atrapada entre destinos que no eran suyos. Un viaje sin flores, sin aire, sin rumbo propio.
La observé un rato largo. Cada intento suyo contra la ventana era más débil que el anterior. Pensé en lo fácil que sería aplastarla con un gesto mínimo. Pensé también en lo fácil que es, a veces, decidir por la vida de otros.
No hice nada.
O mejor dicho, decidí esperar.
Cuando el chofer anunció una parada técnica, sentí que algo dentro mío también se detenía. Me saqué la bufanda despacio, como si el movimiento pudiera asustarla, y con cuidado la envolví. Apenas pesaba: era como sostener un soplo.
Bajé del ómnibus. El aire de afuera tenía otro olor, más abierto, más cierto. Caminé unos pasos hasta un árbol que parecía estar esperando a alguien.
Abrí la bufanda.
La abeja dudó un instante, como si no creyera en esa libertad repentina. Después, desplegó sus alas y se fue. No hizo ruido. No miró atrás.
Yo sí la miré.
No supe qué fue de ella después. Tal vez encontró flores. Tal vez encontró su camino. O tal vez el mundo
siguió siendo difícil, como suele ser.
Pero no murió en ese vidrio.
Y eso, pensé mientras volvía al asiento, ya era suficiente.
El ómnibus arrancó otra vez. Yo también seguí viaje, con la extraña certeza de haber compartido kilómetros con una pasajera sin boleto, que por un rato fue tan humana como cualquiera de nosotros.Moraleja: A veces, los gestos más pequeños pueden cambiar un destino. Elegir cuidar, incluso cuando nadie lo espera, también es una forma de viajar mejor por la vida.
Malania
Imagen: propia
FLOR DE MBURUCUYÁ
Entre oficios y profesiones
hay diferencia en la acción.
Encontramos variados y un montón,
los que hacen por ganar dinero
y los que lo eligen por vocación.
Pero…
¿Cómo definir el trabajo de la abeja
que trabaja y no se queja?
Hoy, revoloteando junto a la flor
se ganó la comida sin ningún temor.
Ni al calor del día por el fuerte sol,
ni al colibrí que volaba;
con coraje y firmeza lo enfrentó.
Mburucuyá o pasionaria,
pasiflora o como quieras llamarla.
Una flor que las abejas aman
y los colibríes la reclaman.
Malania
Imagen: M. Julián T.DIFERENTES
Las ideas bullían en mi interior, eran fuertes y profundas.
Escuché a alguien decir que la tierra entera les pertenece a todos los hombres. ¿Será tan así? No estoy tan segura de eso. Si solo viviesen hombres, o mujeres, ¿la raza humana subsistiría sin animales, sin plantas, sin un bioma? Totalmente imposible.
Pero seguí escuchando la conversación, y ahí sí, pude sentirme más convencida de que en algo tenían razón:
Las divisiones que trazan los corazones mezquinos necesitan ser borradas. El planeta debe mantenerse limpio y sano de egoísmos para que todos podamos movernos de un lugar a otro sin restricciones, pues los dueños absolutos no existen.
Deduje que, juzgar de antemano sin escuchar hasta el final, puede terminar en un gran malentendido. Así comienzan los “chismes” y calumnias.
Las imágenes ilustran la diferencia que hay entre diferentes tipos de una misma especie: flores. Ellas no compiten, no se degradan unas a otras y ambas exhiben su particular belleza. Ambas son necesarias, por ejemplo, para alimento de abejas colibríes, etc. Y para embellecer nuestro paisaje.Malania
Imágenes: Ernesto R. y Rubén Ch.

MARGARITAS AMARILLAS
No me gustan las cosas sofisticadas y de las flores prefiero las simples y perfumadas.
Me gustan las silvestres y las que son sencillas como las margaritas.
Estas amarillas pueden considerarse comunes, pero hermosas. No se queman con el sol, no les hace nada la helada, y se multiplican para formar una alfombra amarilla sin igual, pero por supuesto no se las puede pisar. No necesitan mucho cuidado son unas de las flores que más atraen a las mariposas y a los colibríes. También son las preferidas de las abejas.Malania
Imágenes: Ninet y Rubén E. Ch.

MIEL DORADA
En el campo de pasto verde y fresco,
donde las plantas bailan con el viento
el zumbido de la abeja que va y viene,
recogiendo el néctar de toda flor que encuentra.En este rincón del campo, la vida late,
la naturaleza en su esplendor,
teje historias de colores y fragancias,
con un marco de sinfonías desplegadas
por el viento, los pájaros y las abejas.Cada gota dulce es un regalo sagrado
esencia de un mundo fecundo y frágil,
convierten el néctar en tesoro brillante,
un trabajo, un ballet ensimismado,
que en el vuelo de abejas queda eternizado.Malania
Imagen de la red.