Relatos

RECUERDOS QUE NO SE OLVIDAN NI SE OLVIDARÁN

Los recuerdos de cuando éramos niños y adolescentes no se olvidan.
El chocolate caliente, en taza – tenía que llevarla de su casa, cada alumno de la escuela primaria los días festivos-, con un bollo relleno con  dulce de membrillo y cubierto con crema pastelera, comprados o donados por la panadería del pueblo. Ese chocolate espeso, muy rico  y que en casa no salía igual.
Y tantos otros recueros como los varénikis de ricota de la tía Irena, o el pan de miel de abejas de la tía María.
El pan casero que hacía mi madre, y el pan dulce arrollado que preparaba para las Fiestas.
Los bizcochuelos de mi hermana mayor y la torta invertida de manzana.
Los sándwiches de mortadela con pan untado con picadillo o con manteca, acompañados con té negro, que nos servían como cena los domingos por la noche en el colegio de monjas. Eran mejores que la polenta del almuerzo de los miércoles, un plato lleno de polenta y unas pocas cucharadas de salsa con carne picada en el centro. No se conocía el queso rallado ni por asomo.
Esos son los que me vinieron a la mente hoy.
Y mi primera muñeca, era negra y de loza, regalo de mi hermano mayor. Seguramente no había muñecas de plástico u otro material como hay ahora.
Hermosos recuerdos.

Malania

Imagen de la red.

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