TUS LINDOS OJOS ME ENAMORARON
No puedo dejar de pensarte, quisiera olvidarte pero sigues muy viva en mí.
Cierro mis ojos y ahí estás tan cerca, te veo bella, llena de encanto y más te quiero.
Tu lindos ojos me enamoraron, como negarlo, no puedo hacerlo,
pero tal vez falte esa palabra para decirte lo que estoy sintiendo.Hoy si te encontrara a ti diría del gran amor que llevo dentro,
mi corazón te anda buscando para poder regalártelo.Autor: Miguel Márquez
Imagen: Gentileza del autorRECUERDOS QUE NO SE OLVIDAN NI SE OLVIDARÁN
Los recuerdos de cuando éramos niños y adolescentes no se olvidan.
El chocolate caliente, en taza – tenía que llevarla de su casa, cada alumno de la escuela primaria los días festivos-, con un bollo relleno con dulce de membrillo y cubierto con crema pastelera, comprados o donados por la panadería del pueblo. Ese chocolate espeso, muy rico y que en casa no salía igual.
Y tantos otros recueros como los varénikis de ricota de la tía Irena, o el pan de miel de abejas de la tía María.
El pan casero que hacía mi madre, y el pan dulce arrollado que preparaba para las Fiestas.
Los bizcochuelos de mi hermana mayor y la torta invertida de manzana.
Los sándwiches de mortadela con pan untado con picadillo o con manteca, acompañados con té negro, que nos servían como cena los domingos por la noche en el colegio de monjas. Eran mejores que la polenta del almuerzo de los miércoles, un plato lleno de polenta y unas pocas cucharadas de salsa con carne picada en el centro. No se conocía el queso rallado ni por asomo.
Esos son los que me vinieron a la mente hoy.
Y mi primera muñeca, era negra y de loza, regalo de mi hermano mayor. Seguramente no había muñecas de plástico u otro material como hay ahora.
Hermosos recuerdos.Malania
Imagen de la red.
LLAMA ENCENDIDA
HAIKUS
Muy silenciosa
la distancia inventada
se reconstruye.Llama encendida.
Reconocido fuego
en el camino.El aire tibio,
imposible olvidarte.
Memoria intacta.Malania
Imagen: de la red
ECOS DEL BOSQUE
El bosque guarda ecos invisibles,
susurros que no se oyen
pero se sienten.
Palabras dichas al pasar,
leídas en voz baja,
escritas para no olvidar,
quedan flotando entre troncos y hojas.En su silencio habitan abrazos,
vibraciones que el corazón reconoce
como sueños antiguos.
Así como el bosque,
el corazón también conserva ecos:
resuenan en la memoria,
aunque el sonido haya partido.Si abrazamos al bosque,
él responde sin palabras:
con sombra fresca al mediodía,
con aire limpio que protege la vida,
con ecos sencillos
que nos devuelven la paz.Malania
Imagen: Propia
POLILLAS, TORTUGAS Y GOLONDRINAS
Las polillas obedecen
a una lámpara mínima:
no saben por qué la luz
las llama por su nombre antiguo.Las tortugas cargan el mapa del mar
en la sangre,
regresan a la misma isla
cuando la arena recuerda el tiempo exacto
de los huevos que no toca nadie.Las golondrinas llegan puntuales
a un cielo repetido,
como si el calendario
les cantara desde lejos
con letras de cupido.Nada de esto piensa:
el cuerpo sabe,
la especie recuerda
lo que el individuo ignora.Nosotros, en cambio,
aprendemos a tientas.
Sin faros inscritos en la piel,
sin playas heredadas,
con nidos que se inventan.Somos memoria prestada,
experiencia que se ensaya,
error que enseña
sin olvidar nada.Mientras ellos cumplen
lo que siempre fue,
nosotros sobrevivimos,
en cada paso,
aprendiendo a ser.
MalaniaImagen: propia
MAÑANA
Mañana será un nuevo día donde habrá de buenas y malas.
Donde lloraré, reiré y no olvidaré lo que fui, lo que soy,
disfrutando momentos.Mañana seguiré soñando,
seguiré buscando lo que ha de venir.Abriré la puerta de la felicidad atrapando ilusiones,
caminando con el tiempo por caminos que me llaman a cruzarlos.Andaré cargando magia que transforme el mundo
en un lugar mejor para todos.Autor: Miguel Márquez
Imagen de la red.
PARTICULAR ORDEÑE
Era pequeña, quizás 5 o 6 años de edad. Mi madre y a veces mi padre también, me llevaban al campo, al corral, donde nos esperaban las cuatro o cinco vacas para ser ordeñadas. Muchos días fueron los que con paciencia me enseñaban a hacerlo pero nunca pude aprender. Quizás mis pequeñas manos no tenían fuerza suficiente para apretar las ubres o tal vez el animal reconocía que no era yo la que tenía que hacer la extracción de leche. Lo cierto es que en casa nunca faltó leche fresca recién ordeñada, como tampoco la preciada ricota y crema. Me gustaba comer con varenekis (algo así como empanaditas hervidas en agua y sal), o también llamados peroguis o perojé (en ucraniano) que mi madre y mi hermana mayor los preparaban sobre todo los días domingos. A mí no me pedían ayuda porque decían que los míos se abrían en el agua y perdían el relleno.
Al lado del corral había un árbol muy grande llamado “tala”, que daba frutas muy pequeñas pero muy ricas de color verde. Y también una de cactus, de las que podía comer sus frutos solamente si mi madre o mi padre los sacaba y ponía en condiciones para el consumo (sacarles todas las espinas, lavarlos y con el control correspondiente, podía comerlo)
Nunca me sentí cansada de caminar la distancia de aproximadamente tres kilómetros, en días de primavera o verano, muy temprano al clarear el día y antes que salga el sol. El objetivo era más que atrapante.
Son recuerdos imposibles de olvidar.
Mi amigo Patricio con su escrito: A LA LATA AL LATERO y la imagen con la que ilustró en su blog “Algo más que palabras”, me trajo a la mente esta historia real de mi infancia. Se lo agradezco porque con sus post siempre hace reflexionar.Malania
Imagen de la red.
SÉ QUE NO PUEDO OLVIDARTE
Quisiera echarte a un lado,
dejar pasar el tiempo y seguir andando.
Estás en mis pensamientos,
mi voz te llama mientras la mirada te busca.
Sé que no puedo olvidarte,
nunca podré, porque quedó muy dentro
un gran dolor que dejó tanta tristeza.
Camino en la soledad con un vacío
guardando nostalgia,
siento irse las palabras llenas de silencio.
Sé que no puedo olvidarte,
jamás sabrás tanto te extraño,
a través de los años no pierdo la esperanza
aunque sé que no habrá regreso.
Autor: Miguel MárquezImagen: Propia (Malania)