• General

    ECOS DEL BOSQUE

    El bosque guarda ecos invisibles,
    susurros que no se oyen
    pero se sienten.
    Palabras dichas al pasar,
    leídas en voz baja,
    escritas para no olvidar,
    quedan flotando entre troncos y hojas.

    En su silencio habitan abrazos,
    vibraciones que el corazón reconoce
    como sueños antiguos.
    Así como el bosque,
    el corazón también conserva ecos:
    resuenan en la memoria,
    aunque el sonido haya partido.

    Si abrazamos al bosque,
    él responde sin palabras:
    con sombra fresca al mediodía,
    con aire limpio que protege la vida,
    con ecos sencillos
    que nos devuelven la paz.

    Malania

    Imagen: Propia

  • Poesía

    POLILLAS, TORTUGAS Y GOLONDRINAS

    Las polillas obedecen
    a una lámpara mínima:
    no saben por qué la luz
    las llama por su nombre antiguo.

    Las tortugas cargan el mapa del mar
    en la sangre,
    regresan a la misma isla
    cuando la arena recuerda el tiempo exacto
    de los huevos que no toca nadie.

    Las golondrinas llegan puntuales
    a un cielo repetido,
    como si el calendario
    les cantara desde lejos
    con letras de cupido.

    Nada de esto piensa:
    el cuerpo sabe,
    la especie recuerda
    lo que el individuo ignora.

    Nosotros, en cambio,
    aprendemos a tientas.
    Sin faros inscritos en la piel,
    sin playas heredadas,
    con nidos que se inventan.

    Somos memoria prestada,
    experiencia que se ensaya,
    error que enseña
    sin olvidar nada.

    Mientras ellos cumplen
    lo que siempre fue,
    nosotros sobrevivimos,
    en cada paso,
    aprendiendo a ser.

    Malania

    Imagen: propia

  • Prosa Poética

    MAÑANA

    Mañana será un nuevo día donde habrá de buenas y malas.

    Donde lloraré, reiré y no olvidaré lo que fui, lo que soy,
    disfrutando momentos. 

    Mañana seguiré soñando,
    seguiré buscando lo que ha de venir.

    Abriré la puerta de la felicidad atrapando ilusiones,
    caminando con el tiempo por caminos que me llaman a cruzarlos.

    Andaré cargando magia que transforme el mundo
    en un lugar mejor para todos. 

    Autor: Miguel Márquez

    Imagen de la red.

  • Minicuentos,  Relatos

    PARTICULAR ORDEÑE

    Era pequeña, quizás 5 o 6 años de edad. Mi madre y a veces mi padre también, me llevaban al campo, al corral, donde nos esperaban las cuatro o cinco vacas para ser ordeñadas. Muchos días fueron los que con paciencia me enseñaban a hacerlo pero nunca pude aprender. Quizás mis pequeñas manos no tenían fuerza suficiente para apretar las ubres o tal vez el animal reconocía que no era yo la que tenía que hacer la extracción de leche. Lo cierto es que en casa nunca faltó leche fresca recién ordeñada, como tampoco la preciada ricota y crema. Me gustaba comer con varenekis (algo así como empanaditas hervidas en agua y sal), o también llamados peroguis o perojé (en ucraniano) que mi madre y mi hermana mayor los preparaban sobre todo los días domingos. A mí no me pedían ayuda porque decían que los míos se abrían en el agua y perdían el relleno.  
     Al lado del corral había un árbol muy grande llamado “tala”, que daba frutas muy pequeñas pero muy ricas de color verde. Y también una de cactus, de las que podía comer sus frutos solamente si mi madre o mi padre los sacaba y ponía en condiciones para el consumo (sacarles todas las espinas, lavarlos y con el control correspondiente, podía comerlo)
    Nunca me sentí cansada de caminar la distancia de aproximadamente tres kilómetros, en días de primavera o verano, muy temprano al clarear el día y antes que salga el sol. El objetivo era más que atrapante.
    Son recuerdos imposibles de olvidar.
    Mi amigo Patricio con su escrito: A LA LATA AL LATERO y la imagen con la que ilustró en su blog “Algo más que palabras”, me trajo a la mente esta historia real de mi infancia. Se lo agradezco porque con sus post siempre hace reflexionar.

    Malania

    Imagen de la red.

  • Poemas

    SÉ QUE NO PUEDO OLVIDARTE

    Quisiera echarte a un lado,
    dejar pasar el tiempo y seguir andando.
    Estás en mis pensamientos,
    mi voz te llama mientras la mirada te busca.
    Sé que no puedo olvidarte,
    nunca podré, porque quedó muy dentro
    un gran dolor que dejó tanta tristeza.
    Camino en la soledad con un vacío
    guardando nostalgia,
    siento irse las palabras llenas de silencio.
    Sé que no puedo olvidarte,
    jamás sabrás tanto te extraño,
    a través de los años no pierdo la esperanza
    aunque sé que no habrá regreso.

    Autor: Miguel Márquez

    Imagen: Propia (Malania)