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ECOS DEL BOSQUE

El bosque guarda ecos invisibles,
susurros que no se oyen
pero se sienten.
Palabras dichas al pasar,
leídas en voz baja,
escritas para no olvidar,
quedan flotando entre troncos y hojas.

En su silencio habitan abrazos,
vibraciones que el corazón reconoce
como sueños antiguos.
Así como el bosque,
el corazón también conserva ecos:
resuenan en la memoria,
aunque el sonido haya partido.

Si abrazamos al bosque,
él responde sin palabras:
con sombra fresca al mediodía,
con aire limpio que protege la vida,
con ecos sencillos
que nos devuelven la paz.

Malania

Imagen: Propia

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