SOMOS DOS, NADA MÁS QUE DOS
Somos dos que seguimos el mismo camino,
dos que dejamos el tiempo nos lleve sin echarnos a un lado.Nos verán tan lejanos sin detener nuestro andar,
cruzando noches y días entre recuerdos guardados.Somos dos, nada más que dos sin mirar atrás
buscando lo que no vuelve,
las horas nos llaman en su viaje sin tener regreso.El silencio envuelve y la vida atrapa,
pero nada detiene mientras vamos andando sin apuro,
la prisa no nos acompaña en este mundo diferente al de ayer.Autor: Miguel Márquez
Imagen: gentileza del autor (de la red)QUIEN SE QUEDA
Es más difícil para quien se queda,
despedir los aromas
de las rosas y de las lilas.
Apilar los recuerdos y revisarlos
es imposible,
porque permanece la casa llena
de presencias y experiencias,
de vivencias, las cuales se graban en la mente.
Nos quedamos y revivimos
Nos vamos y dejamos la huella…
Por eso, es más difícil para quien se queda
despojarse de lo vivido.
Cada rincón de la casa, grita su presencia.
Cada momento, representa un desafío,
para desligarnos de quien ha partido.
Cada hora, nos cuenta aquello que hacíamos.
El ambiente, se confabula para recordar a quien se fue,
porque se quedó ahí, como energía ausente.
Los recuerdos atrapan el consciente,
es telaraña que nos succiona al abismo de la muerte.
Morimos cada día por el hastío,
por la falta de esa presencia, que dejó ese frío.
Cuando estaba, el calor abundaba
y ahora, la cobija no alcanza para subir
la temperatura a 38 grados.
Por eso… es más difícil para quien se queda.
Quien se va se lleva todo y nos deja, en la orfandad,
sin calor, sin charlas, sin un ser para compartir la soledad.
La copa, se queda casi vacía, y cada gota de vino duele,
se clava en las células de quien la bebe.
Sangramos poco a poco, sorbiendo los recuerdos,
reviviéndolos uno a uno, porque no queremos que se nos escapen.
Deseamos que perduren como fotografías en la mente,
que se puedan revisar día a día para fijarlas más.
Aprehenderlas, como fichas dentro de nuestras manos,
para observarlas cuando lo deseamos.
Mis lágrimas, dicen que te llevo dentro,
que me voy… pero me quedo.
Estás sobre mí, como la nube que cruza el cielo,
te siento como al aguacero,
porque eres atmósfera, sol y cielo.
Mañana, tarde, noche desesperada
A donde mire, estás
Donde voy… te encuentro.
Por eso, es más difícil para quien se queda
Pero igual, para quien se va, la ausencia pega…Autora: Escritora Prof. Sira Vargas de Biheller
Barquisimeto Venezuela.Imagen: propia (Malania)
GRATOS RECUERDOS
Te imagino vestido de azul, sentado junto a una ventana no muy grande, envuelto en hilos de humo, y una colilla de cigarrillo apagado en un cenicero de metal lleno de cenizas.
Sobre el escritorio, una taza fría y vacía que espera y una cafetera humeante con el contenido exacto para preparar el café con dos de azúcar.
Un diario desplegado bajo tu mirada fija en algunos avisos puntuales. Uno de ellos versa: Se ofrece trabajo, para cubrir cargo de Consultor en Hogar de Personas Mayores, cito en la ciudad de Los Amores, calle Recuerdos, entre Díaz Vélez y Jauretche.
Recuerdos, gratos recuerdos.Malania
Imagen: de la red
RECORRIENDO EL TIEMPO
Caminando lento se lo ve pasar,
lleva la tranquilidad de haber vivido mucho.Carga años idos en la piel, consigo recuerdos
de momentos guardados en su memoria.Recorriendo el tiempo va sin dejar la paz,
la tranquilidad que lo caracteriza.Sabe lo que la vida le ha enseñado
ganando experiencia de todo lo aprendido.Recorriendo el tiempo,
lleva los saludos del que lo conoce y grita-¿Cómo le va abuelo Manuel?- llenándolo de felicidad.
Autor: Miguel Márquez
Imagen: Gentileza del autor.UN SUEÑO DE NIÑOS
GALLETITAS CON PICADILLO
El sueño de los niños era festejar el día de la primavera en la escuela. Juegos de entretenimientos guiados por los docentes, sobre todo por los Profesores de Educación física, eran su atractivo e interés principal para ese día.
Cada niño tenía que llevar alguna bebida o comida para compartir en grupo.
Pero el nivel económico de las familias no era del mejor, entonces llevaban poco o nada de alimentos elaborados, que era lo más preciado. Alguna pasta frola, o bizcochuelo casero que hacía la maestra del grado, sin relleno por supuesto, ni bien lo cortaban en porciones, la devoraban. Y lo que no podía faltar eran las galletitas saladas untadas con picadillo de carne, que cuando llegaban a la escuela ya se habían puesto húmedas y no estaban tan ricas como las preparadas en casa. Era lo más barato que podían llevar. El jugo concentrado para preparar, en vez de un litro de agua se agregaba el doble para que rinda lo suficiente y no falte.
Son recuerdos, son huellas que han quedado en el corazón de aquellos niños (yo incluida) esas huellas iluminadas por la luz del amor de inocentes que en ningún momento se quejaban. Al contrario, disfrutábamos de lo que había y no pedíamos más de la vida. Nadie hablaba de suerte o desgracia. Pero siempre esperábamos el día de la primavera, y que no lloviera, solo eso pedíamos.Malania
Imagen: de la redSI VOLVIERA A VERTE
“Si se volvieran a ver, ella emitirá un silencio para contemplarlo.”
Alguien escribió esa frase y me ha hecho reflexionar.
Sinceramente, si lo volviera a ver algún día,
depende de quien sea, seguramente reaccionaría
de diferente manera.
He pensado en dos personas:
a una, la contemplaría sin emitir palabra,
quizás con una sonrisa.
A otra persona, correría para abrazarla.
En fin…todo depende del sentimiento del momento
y también, del acumulado en su ausencia.
Mi vida ha sido sacudida por un ventarrón de cambios:
domicilio, ocupación, costumbres.
Gracias a Dios, las puntadas en el pecho que a veces tenía
no eran por problemas cardíacos (según los médicos) sino por ansiedad o mala conciencia (recuerdos ingratos).Malania
Imagen: Javier A. T.
RESPUESTA A UN AMIGO
De Camila a Juan Carlos
Querido amigo:
¿Sabes? Tu carta me hizo recordar a mi niñez, pero no porque recordara las frases dichas por mí, sino porque las escuchaba de los otros niños. Siempre fui muy poco participativa en los juegos en los recreos del colegio, y creo que habrá sido porque mi madre siempre me pedía que no volviera a casa con el guardapolvo blanco, sucio. Tenía que volver tan impecable como salía de casa. Además, había otros chicos y chicas que llevaban la delantera en los recreos y yo era bastante tímida. Prefería divertirme mirando a los demás cómo jugaban y se reventaban las rodillas, los brazos fisurados o a veces, fracturados, o llamadas de atención de las maestras porque jugaban muy a lo brusco. Yo era muy flaquita, tal es así que me habían bautizado “flaquita” mis amigas y amigos cuando yo ya tenía 15 o más años.
Esas frases seguramente también podrían haberse escuchado en el parque, en las plazas. Pero yo nunca iba a esos lugares. Nadie de mi familia acostumbraba salir a la plaza o al parque, y salir sola, ni pensarlo.
Yo…apenas si jugaba a la bolita con mi primo Emilio. Él vivía en casa en vacaciones de verano, un mes completo. Desde allí íbamos a catequesis y la parroquia nos quedaba a la vuelta de la cuadra. Era el tiempo de prepararnos para la Primera Comunión.
Gracias por compartir, amigo mío. Bellos recuerdos para los que los vivieron.Atentamente
Tu amiga por siempre.
Malania
Imagen: de la red
PARTICULAR ORDEÑE
Era pequeña, quizás 5 o 6 años de edad. Mi madre y a veces mi padre también, me llevaban al campo, al corral, donde nos esperaban las cuatro o cinco vacas para ser ordeñadas. Muchos días fueron los que con paciencia me enseñaban a hacerlo pero nunca pude aprender. Quizás mis pequeñas manos no tenían fuerza suficiente para apretar las ubres o tal vez el animal reconocía que no era yo la que tenía que hacer la extracción de leche. Lo cierto es que en casa nunca faltó leche fresca recién ordeñada, como tampoco la preciada ricota y crema. Me gustaba comer con varenekis (algo así como empanaditas hervidas en agua y sal), o también llamados peroguis o perojé (en ucraniano) que mi madre y mi hermana mayor los preparaban sobre todo los días domingos. A mí no me pedían ayuda porque decían que los míos se abrían en el agua y perdían el relleno.
Al lado del corral había un árbol muy grande llamado “tala”, que daba frutas muy pequeñas pero muy ricas de color verde. Y también una de cactus, de las que podía comer sus frutos solamente si mi madre o mi padre los sacaba y ponía en condiciones para el consumo (sacarles todas las espinas, lavarlos y con el control correspondiente, podía comerlo)
Nunca me sentí cansada de caminar la distancia de aproximadamente tres kilómetros, en días de primavera o verano, muy temprano al clarear el día y antes que salga el sol. El objetivo era más que atrapante.
Son recuerdos imposibles de olvidar.
Mi amigo Patricio con su escrito: A LA LATA AL LATERO y la imagen con la que ilustró en su blog “Algo más que palabras”, me trajo a la mente esta historia real de mi infancia. Se lo agradezco porque con sus post siempre hace reflexionar.Malania
Imagen de la red.
LA NOCHE CÓMPLICE
La noche puede ser cómplice:
De pensamientos
de almas ardientes,
de corazones rotos
deshechos por el tiempo.
De mariposas en el estómago
que estremecen el cuerpo.
De murmullos entre las sombras
que acompasan recuerdos.
De una piel erizada
por manos entrelazadas.
De cruces de suspiros
bajo el mecer de una rama.
De deseos, roces y besos
al despuntar el alba.
De recuerdos en danza
rondando en la distancia.
Malania
Imagen: Roxana E. S.
CERRÓ UN CAPÍTULO DE VIDA
Entre bemoles y sostenidos, esperaba con resignación que algo diferente ocurriera.
Frente a su casa, los árboles permanecían de pie como soldados firmes.
Ya nada quedaba de los bosques nativos y fragantes de cuando era niña.
Habían sido talados con hacha o con sierra mientras ella estuvo ausente.
Los árboles la observaban, habían sido plantados para que en un futuro cercano -o no-, fueran destinados a la industria. Algún día también desaparecerían como los nativos y como su amor.
Nunca creyó que ese amor prosperaría. Era como una planta sin raíces destinadas a marchitarse.
A veces, como ese día, esperaba el milagro. Pero no tuvo éxito su deseo.
Entonces, la noche la adormeció y se durmió en brazos de la luna llena.
Cuando despertó dijo a sí misma:
“Nada crece, nada prospera en la penumbra de los secretos.
El amor, como los árboles, necesita de luz y espacio para desarrollarse y expandirse”.
Se sintió libre de su amante, fuerte, sana, con mucho apetito como una adolescente.
Hacía largas caminatas seguidas por sus mascotas, y se metía en la cocina para preparar exquisiteces.
Cerró un capítulo de su vida y dejó de atormentarse con recuerdos y especulaciones sobre lo que pudo ser.Malania
Imágenes: propias y de Rosana G. B.

