• Poesía

    SIN ALMANAQUE

    No me cuentes los años hacia el frente,
    prefiero el tierno truco de la inversa;
    dejar que el almanaque se disperse
    mientras avanza el alma, simplemente.

    Que sumen los caminos y los viajes,
    los proyectos que nacen con el día,
    pero la edad… la edad es cortesía
    de quien sabe mudar de camuflajes.

    El once es la cita, por si acaso,
    mas no te abrumes buscando algún regalo;
    me basta con saber que estás presente
    en tu casa, por las redes, o en algún otro lado.

    Una flor virtual, una caricia leve
    que venza la distancia y el olvido,
    vale el oro del tiempo compartido
    y el afecto constante que nos mueve.

    ¿Y qué importa el error del calendario?
    ¿Qué importa que el saludo llegue el cuatro?
    No es por vejez, mi amigo, es por llenura,
    de tanto recuerdo acumulado y datos.

    Gracias por el saludo anticipado,
    por la hoja en blanco llena de colores;
    al final, los despistes son mejores
    si nos hallan queriendo y abrazados.

    Malania

    Imagen: de la red, gentileza Ricardo G.

  • Poemas

    EL ECO DE LA TREGUA

    Bajo la luz que no juzga,
    donde el viento es un susurro,
    se desmorona el muro
    que la soberbia dibuja.
    Ya no hay voz que nos estruja
    con el peso del ayer,
    pues sanar es aprender
    que detrás de cada herida,
    hay una historia escondida
    que solo busca entender.

    No es el rigor de la espada
    lo que rinde a la verdad,
    es esa dulce humildad
    de la mirada calmada.
    La palabra, ya lavada
    de la hiel y del reproche,
    no trae sombras de noche
    ni el trueno del desamor;
    solo el bálsamo mejor:
    la paz tras el trasnoche.

    Acepto tu herida y la mía
    como causas del destino,
    compañeras de camino
    en esta geografía.
    Que la paz sea la guía
    y el silencio nuestro aliado,
    pues lo que fue perdonado
    ya no pesa en el oído:
    es solo un nido tejido
    en el alma, con cuidado.

    Malania

    Imágenes: propias

  • Cuentos

    PASAJERA SIN BOLETO

    El ómnibus avanzaba como un hilo oscuro atravesando la tarde. Afuera, los árboles se inclinaban al paso del viento y el sol se despedía sin apuro, como si también estuviera de viaje.
    Yo miraba por la ventanilla cuando la vi.
    Era una abeja pequeña, casi dorada, que golpeaba una y otra vez contra el vidrio. Su vuelo no era firme: más bien parecía una pregunta insistente. Zumbaba bajito, como si pidiera permiso para volver al mundo de afuera.
    —Mátala —dijo una mujer a mi lado, sin mirarla demasiado—. Esas cosas después pican.
    Pero la abeja no tenía cara de amenaza. Tenía cara de extravío.
    Se había colado en el colectivo quién sabe en qué parada, y ahora estaba atrapada entre destinos que no eran suyos. Un viaje sin flores, sin aire, sin rumbo propio.
    La observé un rato largo. Cada intento suyo contra la ventana era más débil que el anterior. Pensé en lo fácil que sería aplastarla con un gesto mínimo. Pensé también en lo fácil que es, a veces, decidir por la vida de otros.
    No hice nada.
    O mejor dicho, decidí esperar.
    Cuando el chofer anunció una parada técnica, sentí que algo dentro mío también se detenía. Me saqué la bufanda despacio, como si el movimiento pudiera asustarla, y con cuidado la envolví. Apenas pesaba: era como sostener un soplo.
    Bajé del ómnibus. El aire de afuera tenía otro olor, más abierto, más cierto. Caminé unos pasos hasta un árbol que parecía estar esperando a alguien.
    Abrí la bufanda.
    La abeja dudó un instante, como si no creyera en esa libertad repentina. Después, desplegó sus alas y se fue. No hizo ruido. No miró atrás.
    Yo sí la miré.
    No supe qué fue de ella después. Tal vez encontró flores. Tal vez encontró su camino. O tal vez el mundo
    siguió siendo difícil, como suele ser.
    Pero no murió en ese vidrio.
    Y eso, pensé mientras volvía al asiento, ya era suficiente.
    El ómnibus arrancó otra vez. Yo también seguí viaje, con la extraña certeza de haber compartido kilómetros con una pasajera sin boleto, que por un rato fue tan humana como cualquiera de nosotros.

    Moraleja: A veces, los gestos más pequeños pueden cambiar un destino. Elegir cuidar, incluso cuando nadie lo espera, también es una forma de viajar mejor por la vida.

    Malania

    Imagen: propia

  • Poesía

    ME VOY O ME QUEDO

    ¿Me voy o me quedo? Pesa la balanza,
    los huecos duelen, mas son necesarios;
    cuidarlos es de espíritus valientes,
    quedarse es dar al tiempo a su templanza.

    ¿De qué partir, si incierta es la esperanza
    de hallar en otros rumbos lo esperado?
    Si el alma duda, el paso apresurado
    se vuelve sombra fría en lontananza.

    La única partida no elegimos,
    la que al final nos borra del camino;
    las otras nacen donde decidimos.

    Si sanas son las raíces, su destino
    es florecer con fe, como intuimos:
    ningún jardín es libre de espino.

    Malania

    Imagen: propia

  • Prosa Poética

    SOY LA PUERTA NO UN MURO

    Hay una voz que conoce tu nombre, no el que te dan los demás,
    ni el que te has construido para defenderte… sino tu verdadero nombre,
    el que te dice quién eres en realidad. 
    «Yo soy la puerta»
    No un muro, no un obstáculo. Una puerta, es decir, un paso, una posibilidad, una apertura.
    Entrar por esa puerta que es el mismo Jesús.
    Es su camino hacia el Padre.

    Gentileza de Sira Vargas de Biheller

    Imagen: de la red

  • Poemas

    SOMOS DOS, NADA MÁS QUE DOS

     Somos dos que seguimos el mismo camino,
    dos que dejamos el tiempo nos lleve sin echarnos a un lado.

    Nos verán tan lejanos sin detener nuestro andar,
    cruzando noches y días entre recuerdos guardados. 

    Somos dos, nada más que dos sin mirar atrás
    buscando lo que no vuelve,
    las horas nos llaman en su viaje sin tener regreso.

    El silencio envuelve y la vida atrapa,
    pero nada detiene mientras vamos andando sin apuro,
    la prisa no nos acompaña en este mundo diferente al de ayer.

    Autor: Miguel Márquez   
    Imagen: gentileza del autor (de la red)               

  • Haikus

    LLAMA ENCENDIDA

    HAIKUS

    Muy silenciosa
    la distancia inventada
    se reconstruye.

    Llama encendida.
    Reconocido fuego
    en el camino.

    El aire tibio,
    imposible olvidarte.
    Memoria intacta.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Poesía

    EN SUS SUAVES MANOS

    Quizá en lo alto, donde el silencio es más denso,
    algo germine sin tierra ni ruido,
    y lo que decimos se vuelva raíz
    en una claridad que no se ve, y no se ha ido.

    Observa su paso firme,
    como si el error no lo rozara,
    como si el camino se abriera solo
    bajo la certeza de su andar pasara.

    ¿Qué guarda en sus pequeñas manos?
    destellos que no se extinguen,
    porque hay luces que no ceden
    aunque la noche las rodee.

    Inventaremos otra forma de alcanzar lo lejano,
    una manera más amplia de tocar lo que crece,
    y dibujar en lo alto aquello que espera
    ser nombrado, y sin prisa se estremece.

    Dime, en un hilo de voz,
    si lo que somos coincide con lo que decimos,
    o si andamos buscando aún
    la forma exacta de reconocernos.

    Malania

    Imagen: propia

  • Poesía

    CIELO HÚMEDO Y GRIS

    El cielo se viste húmedo y gris,
    mientras la niebla abraza el camino.
    El sol, un faro en el aire, escondido,
    nos dicta en silencio nuestro destino.

    Entre el asfalto y la lluvia,
    perlas de luz en gotas, se asoman.
    La mañana, de bruma empañada,
    en suspiros, por la ventana se desploma.

    Malania

    Imagen: Norma A. L.

  • Poesía

    CÍRCULOS DE GLORIA

    Tres ruedas que cuentan una historia,
    sobre el ladrillo, silentes hoy descansan.
    No son solo caucho, son memoria,
    de los valientes que a la meta avanzan.

    El rojo que arde, el amarillo que aguanta,
    y el blanco que resiste el largo camino.
    Homenaje a la mano que el trofeo levanta,
    y al piloto que en la pista forja su destino.

    Huellas de asfalto, alma de acero,
    el eco de un motor que no se olvida.
    Para el que corre primero…
    y para el que deja en cada curva la vida.

    Malania

    Imagen: M. Julián T.