• Poemas

    CÍRCULOS CERRADOS

    Si el tiempo insiste en girar,
    todo círculo encuentra su borde.
    El fuego que un día ardía alto
    se rinde sin estruendo,
    y en el silencio que deja
    solo quedan brasas agotadas,
    cumpliendo su destino
    de apagar lo que fue incendio.

    Maalania

    Imagen: de la red

  • Poesía

    IMPRONTAS

    Ella heredaba los gestos de su madre,
    pasos medidos,
    la palabra justa,
    esa costumbre de hablar en hilos breves
    como quien teme abrir puertas antiguas.

    Del pasado prefería el silencio,
    y de su vida íntima,
    apenas un borde,
    un leve resplandor que no quemara.

    El amor había acabado hacía años,
    un fuego que alguna vez la sostuvo
    y que luego ardió hacia dentro,
    dejando una nostalgia tibia,
    cada vez más tenue,
    deslizándose lenta
    a la zona gris de la memoria
    donde lo vivido pierde nombre.

    Allí buscaba sentido
    como quien palpa un objeto en la penumbra:
    no hallaba un cariño firme,
    ningún ancla que la reclamara.

    Y así,
    uno a uno
    los fantasmas del amor—
    sus sombras, sus ecos,
    sus viejos remansos—
    se fueron desvaneciendo
    como humo que reconoce el viento
    y por fin
    se deja ir.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Poemas

    EL SILENCIO Y LA LUZ

    El silencio, a veces bálsamo,
    cura heridas que no saben nombrarse;
    otras veces se vuelve abismo,
    cueva del miedo donde se extravía la esperanza.
    Allí, el tiempo no tiene rostro,
    y el espacio es un túnel sin salida.
    Quisiera gritar, pedir auxilio,
    pero ni el viento se detiene a escucharme.
    He habitado tantas veces esa sombra,
    atada a palabras que nunca florecieron,
    buscando puertas invisibles
    para escapar en un breve instante.
    La canción del viento no tiene frío,
    la noche, esclava de su propia oscuridad,
    y mi cuerpo, entre asteriscos de sol,
    se refugia bajo un árbol frondoso.
    Perdida en el mundo, temía herir
    con mi mirada frágil
    los pétalos de rosa,
    los copos del sur,
    el primer rayo del alba.
    Y mientras tanto, otros corazones se encontraban:
    se enamoraban bajo fuegos artificiales,
    y sin pestañear,
    se decían todo con los ojos.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Poesía

    FLORES SUMERGIDAS

    En el silencio azul profundo,
    brotan corolas de fuego,
    naranjas llamas que arden
    sin temor al agua inmensa.

    Sus hojas como cintas en danza
    se enredan entre las olas,
    dibujando secretos verdes
    sobre la piel del océano.

    No está presente el viento
    solo susurran mareas,
    y entre ellas florecen,
    como si el mar fuese cielo.

    Perdidas entre corales
    son memoria del sol,
    con belleza incomparable
    lucen con vivo color.

    Malania

    Imagen de la red.

  • Poemas

    ATARDECER TURQUESA

    Hay frío en el aire
    pero el fuego baila
    como si no le importara nada
    en la tarde calma.

    A lo lejos
    las nubes se tiñen de rosa
    y se abrazan en un cielo
    que parece inventado
    en azul y turquesa intenso.

    El río
    mezcla reflejos y sombras,
    palmeras negras y otros arbustos,
    colores que no se nombran,
    reteniendo en la memoria.

    Todo se detiene por un segundo
    y ahí estamos, calor en la piel,
    humo y quietud,
    en el aire meditabundo.

    Malania

    Imagen: Guillermo T.

  • Poemas

    AUNQUE SOPLE EL VIENTO

    Eres fuego,
    pero no el que quema,
    sino el que abraza lento
    cuando la noche cae
    y el mundo se enfría.

    Tu calor no se explica,
    se siente.
    Como un hogar encendido
    en medio del invierno,
    como esa llama
    que no se apaga
    aunque sople el viento.

    Luminoso,
    te acercas sin ruido,
    me miras,
    y todo arde distinto.

    No necesito más.
    Solo tú,
    una noche,
    y esta vida
    encendida contigo.

    Malania

    Imagen: M. Ramona T.

  • Poesía

    TÚ ERES MI NOCHE Y MI FAROL

    En la noche, cuando el mundo calla,
    y el cielo viste su sombra más pura,
    enciendo en mi pecho una llama
    que arde con tu esbelta figura.

    Tu voz es fuego que al alma abriga,
    tu piel, el calor que al frío espanta.
    Eres mi hogar, donde todo se origina,
    donde el alma canta y se encanta.

    Luminoso entre sombras me alcanzas,
    como faro en la niebla, constante.
    Eres llama que nunca se cansa,
    mi amor ardiente, mi gran amante.

    Y si el tiempo se lleva los días,
    si el viento apaga el fulgor del sol,
    mi corazón, con su fuego, diría:
    “Tú eres mi noche, mi calor, mi farol.”

    Malania

    Imagen: Roxana E. S.

  • Relatos

    DÍA DE AYUNO Y ABSTINENCIA

    Durante mi infancia, en casa de mis padres, la Semana Santa tenía un silencio especial, como si el tiempo caminara más despacio, sin apuro.
    El día Viernes Santo nos despertábamos temprano, como casi todos los días, ya que dormir hasta tarde era de haraganes.
    Nos levantábamos y casi sin hablar, nos higienizábamos y uno a uno nos íbamos peinando sin mirarnos al espejo. El espejo, de hecho, estaba dado vuelta contra la pared desde la noche anterior. No era una prohibición explícita, pero sabíamos, mis dos hermanos y yo, que así tenía que ser. Mirarse era una forma de distraerse, de entrar en la vanidad, y ese día no era para eso.
    El desayuno era sencillo y calmo: té negro, fuerte y con muy poco azúcar, acompañado de galletas sin grasa y tostadas. Nos sentábamos juntos, pero no hablábamos. Cada uno tomaba el calor de la taza como si fuera algo sagrado.
    Durante el día comíamos solo si teníamos hambre, y lo hacíamos con un respeto casi ritual. Nada de carne, y ningún alimento de origen animal, ni siquiera caldo, porque ese día se encendía el fuego en la cocina a leña solamente para el té y el mate de la mañana. Las batatas al horno hechas la noche del Jueves Santo, llenaban la casa de un olor dulce y terroso, y la mandioca hervida también el día anterior—con apenas un poquito de sal— nos recordaba que la sencillez también puede ser abundancia. A veces, le poníamos un hilo de miel de caña, como un gesto pequeño de dulzura.
    Por la tarde, el maní tostado rompía un poco la quietud, con ese crujido que parecía más fuerte de lo que era. Y la palta, con azúcar por encima, tenía algo de postre secreto, aunque sabíamos que no era para celebrar, sino para acompañar el recogimiento.
    No se escuchaba música. Estaba prohibido, aunque nadie lo decía en voz alta. Y tampoco hablábamos fuerte. Las palabras eran pocas y suaves, como si alzarlas demasiado pudiera romper algo que no veíamos, pero sentíamos.
    Así pasaba el día. Con un ritmo distinto, casi suspendido. No era tristeza, tampoco alegría. Era otra cosa, un día de duelo. Una forma de respeto. Una manera de habitar el tiempo con cuidado.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Poesía

    TIERRA FÉRTIL Y MANOS HACENDOSAS

    En el huerto de Doña Cata,
    se esconde un secreto de la tierra,
    donde las verduras bailan al viento,
    y el sol acaricia su verde esencia.

    Zapallos grandes como el sol,
    reposan junto a un tronco en calma,
    mientras morrones coloridos, brillantes,
    se alzan con fuerza, llenando su alma.

    Jalapeños picantes, ardientes,
    guardan su fuego en cada rincón,
    y las calabazas, doradas y sabias,
    sueñan con el otoño y su canción.

    En su chacra, Doña Cata cuida,
    el jardín que canta en su corazón,
    cada verdura es un tesoro,
    que florece en un abrazo de pasión.

    Así, con amor y mucha paciencia,
    cultiva en su tierra el mejor sabor,
    y sus manos, llenas de alegría,
    ofrecen al mundo su más dulce labor.

    Malania

    Imágenes: Cata B.

  • Poesía

    DÉJAME SENTIR

    Eres mi más profundo pensamiento,
    el tiempo que comparto,
    el sustento del día a día,
    la caricia que me deja el viento.
    Eso me lo dice el tiempo…
    Eres la luz que me abraza
    el canto del zorzal al amanecer
    el reflejo del amor en el espejo.

    Déjame sentirte más de la cuenta.
    Déjame mirarte de lejos,
    mírame la piel como se eriza
    cuando me escribes versos.
    Déjame un soplo suavecito
    en la intimidad de mis sueños.
    Déjame una lluvia de fuego
    y nadie más que tú
    se sumirá detrás de mi velo.

    Malania

    Imagen: Propia