CÍRCULOS CERRADOS
Si el tiempo insiste en girar,
todo círculo encuentra su borde.
El fuego que un día ardía alto
se rinde sin estruendo,
y en el silencio que deja
solo quedan brasas agotadas,
cumpliendo su destino
de apagar lo que fue incendio.Maalania
Imagen: de la red
IMPRONTAS
Ella heredaba los gestos de su madre,
pasos medidos,
la palabra justa,
esa costumbre de hablar en hilos breves
como quien teme abrir puertas antiguas.Del pasado prefería el silencio,
y de su vida íntima,
apenas un borde,
un leve resplandor que no quemara.El amor había acabado hacía años,
un fuego que alguna vez la sostuvo
y que luego ardió hacia dentro,
dejando una nostalgia tibia,
cada vez más tenue,
deslizándose lenta
a la zona gris de la memoria
donde lo vivido pierde nombre.Allí buscaba sentido
como quien palpa un objeto en la penumbra:
no hallaba un cariño firme,
ningún ancla que la reclamara.Y así,
uno a uno
los fantasmas del amor—
sus sombras, sus ecos,
sus viejos remansos—
se fueron desvaneciendo
como humo que reconoce el viento
y por fin
se deja ir.Malania
Imagen: de la red
EL SILENCIO Y LA LUZ
El silencio, a veces bálsamo,
cura heridas que no saben nombrarse;
otras veces se vuelve abismo,
cueva del miedo donde se extravía la esperanza.
Allí, el tiempo no tiene rostro,
y el espacio es un túnel sin salida.
Quisiera gritar, pedir auxilio,
pero ni el viento se detiene a escucharme.
He habitado tantas veces esa sombra,
atada a palabras que nunca florecieron,
buscando puertas invisibles
para escapar en un breve instante.
La canción del viento no tiene frío,
la noche, esclava de su propia oscuridad,
y mi cuerpo, entre asteriscos de sol,
se refugia bajo un árbol frondoso.
Perdida en el mundo, temía herir
con mi mirada frágil
los pétalos de rosa,
los copos del sur,
el primer rayo del alba.
Y mientras tanto, otros corazones se encontraban:
se enamoraban bajo fuegos artificiales,
y sin pestañear,
se decían todo con los ojos.Malania
Imagen: de la red
FLORES SUMERGIDAS
En el silencio azul profundo,
brotan corolas de fuego,
naranjas llamas que arden
sin temor al agua inmensa.Sus hojas como cintas en danza
se enredan entre las olas,
dibujando secretos verdes
sobre la piel del océano.
No está presente el viento
solo susurran mareas,
y entre ellas florecen,
como si el mar fuese cielo.Perdidas entre corales
son memoria del sol,
con belleza incomparable
lucen con vivo color.Malania
Imagen de la red.
ATARDECER TURQUESA
Hay frío en el aire
pero el fuego baila
como si no le importara nada
en la tarde calma.A lo lejos
las nubes se tiñen de rosa
y se abrazan en un cielo
que parece inventado
en azul y turquesa intenso.El río
mezcla reflejos y sombras,
palmeras negras y otros arbustos,
colores que no se nombran,
reteniendo en la memoria.Todo se detiene por un segundo
y ahí estamos, calor en la piel,
humo y quietud,
en el aire meditabundo.
MalaniaImagen: Guillermo T.
AUNQUE SOPLE EL VIENTO
Eres fuego,
pero no el que quema,
sino el que abraza lento
cuando la noche cae
y el mundo se enfría.Tu calor no se explica,
se siente.
Como un hogar encendido
en medio del invierno,
como esa llama
que no se apaga
aunque sople el viento.Luminoso,
te acercas sin ruido,
me miras,
y todo arde distinto.No necesito más.
Solo tú,
una noche,
y esta vida
encendida contigo.Malania
Imagen: M. Ramona T.
TÚ ERES MI NOCHE Y MI FAROL
En la noche, cuando el mundo calla,
y el cielo viste su sombra más pura,
enciendo en mi pecho una llama
que arde con tu esbelta figura.Tu voz es fuego que al alma abriga,
tu piel, el calor que al frío espanta.
Eres mi hogar, donde todo se origina,
donde el alma canta y se encanta.Luminoso entre sombras me alcanzas,
como faro en la niebla, constante.
Eres llama que nunca se cansa,
mi amor ardiente, mi gran amante.Y si el tiempo se lleva los días,
si el viento apaga el fulgor del sol,
mi corazón, con su fuego, diría:
“Tú eres mi noche, mi calor, mi farol.”Malania
Imagen: Roxana E. S.
DÍA DE AYUNO Y ABSTINENCIA
Durante mi infancia, en casa de mis padres, la Semana Santa tenía un silencio especial, como si el tiempo caminara más despacio, sin apuro.
El día Viernes Santo nos despertábamos temprano, como casi todos los días, ya que dormir hasta tarde era de haraganes.
Nos levantábamos y casi sin hablar, nos higienizábamos y uno a uno nos íbamos peinando sin mirarnos al espejo. El espejo, de hecho, estaba dado vuelta contra la pared desde la noche anterior. No era una prohibición explícita, pero sabíamos, mis dos hermanos y yo, que así tenía que ser. Mirarse era una forma de distraerse, de entrar en la vanidad, y ese día no era para eso.
El desayuno era sencillo y calmo: té negro, fuerte y con muy poco azúcar, acompañado de galletas sin grasa y tostadas. Nos sentábamos juntos, pero no hablábamos. Cada uno tomaba el calor de la taza como si fuera algo sagrado.
Durante el día comíamos solo si teníamos hambre, y lo hacíamos con un respeto casi ritual. Nada de carne, y ningún alimento de origen animal, ni siquiera caldo, porque ese día se encendía el fuego en la cocina a leña solamente para el té y el mate de la mañana. Las batatas al horno hechas la noche del Jueves Santo, llenaban la casa de un olor dulce y terroso, y la mandioca hervida también el día anterior—con apenas un poquito de sal— nos recordaba que la sencillez también puede ser abundancia. A veces, le poníamos un hilo de miel de caña, como un gesto pequeño de dulzura.
Por la tarde, el maní tostado rompía un poco la quietud, con ese crujido que parecía más fuerte de lo que era. Y la palta, con azúcar por encima, tenía algo de postre secreto, aunque sabíamos que no era para celebrar, sino para acompañar el recogimiento.
No se escuchaba música. Estaba prohibido, aunque nadie lo decía en voz alta. Y tampoco hablábamos fuerte. Las palabras eran pocas y suaves, como si alzarlas demasiado pudiera romper algo que no veíamos, pero sentíamos.
Así pasaba el día. Con un ritmo distinto, casi suspendido. No era tristeza, tampoco alegría. Era otra cosa, un día de duelo. Una forma de respeto. Una manera de habitar el tiempo con cuidado.Malania
Imagen: de la red
TIERRA FÉRTIL Y MANOS HACENDOSAS
En el huerto de Doña Cata,
se esconde un secreto de la tierra,
donde las verduras bailan al viento,
y el sol acaricia su verde esencia.Zapallos grandes como el sol,
reposan junto a un tronco en calma,
mientras morrones coloridos, brillantes,
se alzan con fuerza, llenando su alma.Jalapeños picantes, ardientes,
guardan su fuego en cada rincón,
y las calabazas, doradas y sabias,
sueñan con el otoño y su canción.En su chacra, Doña Cata cuida,
el jardín que canta en su corazón,
cada verdura es un tesoro,
que florece en un abrazo de pasión.Así, con amor y mucha paciencia,
cultiva en su tierra el mejor sabor,
y sus manos, llenas de alegría,
ofrecen al mundo su más dulce labor.Malania
Imágenes: Cata B.

DÉJAME SENTIR
Eres mi más profundo pensamiento,
el tiempo que comparto,
el sustento del día a día,
la caricia que me deja el viento.
Eso me lo dice el tiempo…
Eres la luz que me abraza
el canto del zorzal al amanecer
el reflejo del amor en el espejo.Déjame sentirte más de la cuenta.
Déjame mirarte de lejos,
mírame la piel como se eriza
cuando me escribes versos.
Déjame un soplo suavecito
en la intimidad de mis sueños.
Déjame una lluvia de fuego
y nadie más que tú
se sumirá detrás de mi velo.Malania
Imagen: Propia