• Poesía

    MONTAÑAS DE NUBES

    Las montañas guardan silencio
    bajo un cielo que respira nubes,
    azules profundas se pliegan
    como pensamientos antiguos al viento.

    El verde se extiende, paciente,
    un latido manso de la tierra viva,
    mientras los árboles, altos centinelas,
    escriben su fe en el aire que cautiva.

    Todo parece detenerse un instante:
    ni prisa, ni ruido, ni miedo.
    Solo el mundo siendo mundo,
    y el alma aprendiendo a quedarse.

    Malania

    Imagen: M. Julián T.

  • Poemas

    EL ECO DEL MAR

    El eco del ruido del mar
    pasea por la playa sin descanso.
    A lo lejos se observan olas
    que galopan sin pausa
    y con implacable fiereza,
    segundo tras segundo,
    esperando tal vez
    el sosiego del viento,
    en un atardecer pastel,
    con nubes multicolores
    que navegan y se mezclan
    entre sombras calmas.

    Malania

    Imagen: Claudia D.

  • Poesía

    POSADAS TORMENTOSA

    El cielo gris se estira en suave degradé,
    del plomo oscuro al ceniciento más liviano,
    cubre la ciudad que respira lento un sábado,
    calles en pausa bajo un techo de nubes cansadas.

    Hay calma en el aire, pero algo late escondido,
    un rumor de tormenta que todavía no irrumpe;
    la luz se apaga y se enciende en tonos inciertos,
    como un aviso silencioso de lluvia por venir.

    Malania

    Imagen: Noelia G.

  • Poesía

    PRECIOSO UNIVERSO

    Estaba de paso.
    Pensaba en silencio. 
    Miraba hacia el cielo. 
    Precioso universo.

    El sol se escondía, 
    entre nubes azules,
    violetas, turquesas,
    colores en mezcla.
    Tras ellas desaparecía.

    Matizaba la noche
    Temprana, extendida 
    en sombras de casas
    y árboles de la avenida. 

    La niña observaba
    esta imagen natural
    de asombrosa maravilla. 

    Mientras tanto cantaba 
    en el balcón de su casa 
    una canción al azar.

    Malania

    Imagen: Lua T.

  • Poemas

    NUBES DE ALGODÓN CON LUZ DE LUNA

    La luna derrama su claridad sobre la intemperie
    y lo que parecía desierto se vuelve santuario.
    No pide ofrendas: basta con mirar
    para que lo estéril revele su secreto.

    Las nubes, lentas y blancas, se apartan
    como si supieran que el cielo necesita abrirse,
    dejando pasar un calor suave
    que no quema, pero acompaña.

    Tal vez esa hendidura en lo alto,
    ese respiro entre sombras,
    no sea un gesto al azar,
    sino una señal que nos llama a lo simple,
    a lo que queda cuando todo calla.

    Ese ojo antiguo que todo observa
    no vigila: invita.
    A quedarnos quietos.
    A soltar el paso apurado del miedo.

    Porque quien aprende a mirar sin urgencia
    descubre que siempre hay más cielo
    del que cargan sus preocupaciones,
    y una luz sin voz que orienta
    aun en las noches que llevamos dentro.

    Y entonces, bajo la paciencia plateada de la luna,
    entendemos: no estamos extraviados,
    solo estamos despertando la mirada.

    Malania

    Imagen: propia

  • Poesía

    ENTRE PENSAR Y DUDAR

    Se sienta a la orilla del día,
    midiendo el aire, contando sombras,
    como si el mundo fuera un acertijo
    y no un instante que exige paso.

    Entre sus manos, la duda late
    como un pájaro que nunca emprende vuelo;
    todo lo piensa, todo lo frena,
    pone espinas al más llano terreno.

    Y mientras calcula cada gesto,
    la vida pasa, ligera y muda,
    llevándose oportunidades intactas
    como frutos que nadie alcanza.

    Así, en su quietud, se marchita;
    se vuelve eco de lo que no hizo,
    memoria de un impulso que no llegó.

    Y al final, queda apenas un suspiro
    lastimado por tanto silencio
    y oportunidades que en nubes se han ido.

    Malania

    Imagen: Propia

  • Prosa Poética

    POR GRIS ESTÉ EL DÍA

     No temas si las nubes no dejan ver el sol
    porque su luz siempre estará,
    no temas a las tormentas. 

    Por más viento arrasador que sople
    no podrá derribarte,
    sigue adelante sin detenerte jamás.

    Por más gris que esté el día, si mantienes tu fe en Dios
    todo tendrá su luz alejando oscuridad y lo escucharás decirte: 

    -Continúa junto a mí y no habrá nada que te atemorice,
    pues tú conmigo, nadie contra ti-

    Autor: Miguel Márquez

    Imagen:   Propia (Malania)            

  • Poemas

    PALABRAS QUE HIEREN

    Un cuidado hecho de humo,
    de palabras que caminan
    sobre patas de relojes rotos,
    las que beben rocío oscuro
    en la garganta de un eclipse.

    Hay vocablos que reptan
    con sombreros de espejos,
    que se esconden bajo plumas
    de un cuervo hecho de nubes,
    y disparan cataratas
    de cristales derretidos
    contra el pecho del que escucha.

    Son sílabas que ríen
    con dientes de girasoles quemados,
    que se afilan en la médula
    de un pez sin memoria.
    Se deslizan por las venas
    como insectos transparentes
    que cargan tormentas en sus alas
    y dejan sobre la piel
    cicatrices hechas de murmullo.

    Ay! de las palabras
    que brotan como escaleras
    hacia un cielo invertido,
    a las que gotean tinta en verde
    desde los párpados del aire,
    a las que suenan
    como un piano hundido en un pantano
    donde la música muerde.

    Porque hay voces
    que abren puertas hacia abismos líquidos,
    que dejan caer lunas oxidadas
    sobre la mesa del alma,
    y son ciclones diminutos
    agazapados en la lengua
    esperando el descuido.

    Las palabras, esas criaturas de humo,
    pueden sembrar un eclipse
    o desatar un enjambre de espejos rotos:
    todo depende del pulso
    que las libera del sueño.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Poemas

    RESPLANDECIENTE

    Nubes amarillas y rosadas
    celestes, grises y anaranjadas
    se reflejan en la calle mojada,
    por la lluvia fría y transparente
    como pequeñas lagunas doradas.
    Árboles, muros y casas,
    se confunden en la oscuridad temprana,
    y las luces en farolas
    parecen luciérnagas que no se apagan.

    Malania

    Imagen: M. Julián T.

  • Poemas

    MATE AL ATARDECER

    Al atardecer, sentado en la vereda,
    con el mate listo como un viejo secreto,
    la bombilla quieta, el termo vigilante,
    y un soplo de azúcar que endulza la yerba
    como quien endulza un recuerdo.

    Detrás, el cielo se abre
    en un mural que nadie pintó
    y que, sin embargo, respira:
    nubes dispersas, errantes,
    de tamaños indecisos,
    formas que rozan lo imposible,
    colores que parecen venir
    de un sueño que aún no termina.

    Los árboles, casi en sombra,
    se erigen como custodios del momento;
    sus siluetas oscuras dialogan
    con el brillo dorado del sol,
    que desciende lento,
    como si no quisiera irse del todo.

    Y él, sentado, observa.
    Entre sorbos, recuerda que la vida
    a veces cabe entera
    en una simple tarde sin esperas,
    un mate compartido consigo mismo
    contemplando un paisaje  desde la vereda.

    Malania

    Imagen: Gerardo S. V.