Poemas

NUBES DE ALGODÓN CON LUZ DE LUNA

La luna derrama su claridad sobre la intemperie
y lo que parecía desierto se vuelve santuario.
No pide ofrendas: basta con mirar
para que lo estéril revele su secreto.

Las nubes, lentas y blancas, se apartan
como si supieran que el cielo necesita abrirse,
dejando pasar un calor suave
que no quema, pero acompaña.

Tal vez esa hendidura en lo alto,
ese respiro entre sombras,
no sea un gesto al azar,
sino una señal que nos llama a lo simple,
a lo que queda cuando todo calla.

Ese ojo antiguo que todo observa
no vigila: invita.
A quedarnos quietos.
A soltar el paso apurado del miedo.

Porque quien aprende a mirar sin urgencia
descubre que siempre hay más cielo
del que cargan sus preocupaciones,
y una luz sin voz que orienta
aun en las noches que llevamos dentro.

Y entonces, bajo la paciencia plateada de la luna,
entendemos: no estamos extraviados,
solo estamos despertando la mirada.

Malania

Imagen: propia

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