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DEJA QUE LAS AGUAS CORRAN


No pretendas corregir al árbol viejo y torcido
porque seguro que se rompe al primer desvío.
No remes contra la corriente
porque tus esfuerzos serán inútiles,
y aunque lo intentes, te cansarás
y te darás cuenta que tu recorrido ha sido en vano.
No pretendas que alguien
se enamore de ti por lo que tienes,
aunque tu amor, por él o por ella,
sea el más grande del mundo
y estés seguro que nada te detiene.
La vida continúa,
la sangre se desplaza por los capilares
y nuestro cuerpo sigue funcionando.
El agua corre por su cauce
da vida a los peces y otros animales
y a la vegetación verde.
Sé tú mismo,
con la convicción de que eres útil
para tu entorno y para ti mismo,
aunque digan lo contrario tus enemigos.
Quiérete, ámate, porque de ese modo
dejarás que corran las malas aguas
y podrás, sin tapujos ni rencores,
amar a los demás.

Imagen: M. J. T.

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