TOBILLO HERIDO
Las nubes competían
con matices diferentes.
Los últimos rayos del sol
contorneaban sus siluetas.
La lluvia invitaba al descanso
y mi cuerpo se desmoronó.
No hubo ladridos de perros
ni acordes de violín del vecino
que pudieran despertarme.
Y en ese sueño tempranero y profundo
soñé contigo, con tu lastimado tobillo.
Me pedías atención con tu mirada fija
y con inestables muecas.
Un estridente timbre sonaba en sinfonía
con golpeteos de nudillos en la puerta.
Me levanté sobresaltada
pero no encontré a nadie en la puerta.
Tampoco estabas sentado en el sillón
ahí donde te vi, con tu tobillo herido.
Tu ausencia enmudecía el aire
llenando el espacio con melancolía.
¿Te habrá llevado la lluvia?Malania
Imagen propia.
EL PIANO DE ELVIRA
Doña Elvira fue una de mis profesoras más queridas. Jamás la había escuchado gritar en clase o dejar en penitencia a ninguno de sus alumnos. Tocaba el piano como los dioses, era impecable, no desentonaba nunca. Siempre con su cuaderno de pentagramas y notas, esas que me hacían traspirar para aprender sus nombres y la ubicación de cada una. Aún recuerdo la negra, blanca, corchea, fusa y otras tantas más.
Me encanta el piano. Me pasaría horas escuchándolo tocar. Cuando era niña quise estudiar piano pero los ingresos de mis padres no daban para pagar la cuota y me quedé sin hacer eso. Otras necesidades para mí y mis hermanos eran prioridad. La situación era comprensible.
Los días de lluvia eran los más lindos porque muchos de mis compañeros faltaban. Si justo ese día nos tocaba tener clase de Música, la profesora Elvira nos enseñaba a tocar el piano, la ubicación de las diferentes notas en el teclado y hasta el estribillo de alguna canción. Quizás fuimos cinco o seis alumnas que habíamos tenido asistencia perfecta y en el acto de fin de año nos entregaban siempre un presente. Los varones nos llamaban de “chupa media” porque decían que a nosotras, las profesoras y maestras nos preferían más que a ellos. Es que nosotras –Viviana, Dora S., Nilda, Dora M., Beatriz B y Elsa- teníamos buen comportamiento y hacíamos caso a lo que nos pedían que hiciéramos, en cambio a ellos siempre les faltaba algo para terminar las tareas.
Como yo era muy flaca, tal así que algunos de mis compañeros me decían que tenía “patas de tero”, la veía a Doña Elvira como una mujer gorda pero de buena figura. Mucha cadera para una cintura fina. Pero siempre la apreciamos por su caminar nada apurado y saludando a quien se la cruzaba.
Hoy día cuando escucho el sonido del piano, ese piano de cola, con mueble antiguo pero bien cuidado, recuerdo a doña Elvira.Malania
Imagen: de la red
SALUDOS CON LLUVIA
Le pareció triste y gris el paisaje del día, no era invierno pero algunos árboles estaban desnudos y secos por falta de lluvias. En esta época de pleno verano, el sol quema y no perdona. Una nube le hizo creer que las próximas horas traerían algo de agua, para aliviar el ambiente infernal y sofocante.
Pero siempre hay algo que puede cambiar el ánimo. Un saludo diario, muy particular de las mañanas, con bonitas flores de suaves colores o con fotos de amaneceres en la playa, transforma su semblante.
Otro motivo de alegría es el gorjeo de los gorriones y de las palomas cuando rompe el alba.
Y llegó la lluvia, ríen las flores cuando el viento esparce las gotas y le hacen cosquillas.Malania
Imagen: V. D. S.
ELINA
Desde el ventanal de cristales rasguñados
su corazón se acelera virando su peluda cola
mientras los estridentes pájaros
con sus malabares
la inducen a dar saltos en el aire.
De la bandada sobresale uno
el de color tostado
de cabeza nevada y cuerpo dorado
Juega a las escondidas y ella enloquece
él le arroja flores de lapacho rosa
y ella las besa acariciándolas
al compás de la llama roja
de su corazón exaltado.
Entonces recuerda:
Él la despertaba todos los días
se le había hecho costumbre
darse besos madrugados
con o sin razón, a plena lumbre.
Pero una mañana extraña
él se quedó dormido, o tal vez no
y ella lo esperó
durante todo el día, la noche, al otro día
y sucesivamente hasta hoy lo espera
pero nadie le dice qué ha sucedido
adónde fueron sus vuelos
dónde anclaron sus besos
quizás en el viento
o tal vez en algún mar del mismo universo.
Hoy día trata de aplacar sus penas
La humedad de la lluvia
y los tibios rayos del sol
le brindan sustento.
MalaniaImagen: M. J. T.
UNA SEÑAL
El pequeño búho escuchó que alguien dijo:
– La vida es como un viaje.
Quiso volar hacia el sol, lo había visto hacía apenas unos minutos antes.
Miró al cielo para emprender su viaje y vivir la vida, pero se encontró con una nube gris que anunciaba tormenta y lluvia.
Inclinó su cabeza como buscando al sol. Volvió a girar pero el astro rey se escondió. Entonces el búho pensó:
– seguramente es una señal de la vida, no es el momento de emprender vuelo.
Y desistió del intento de abrir sus alas y volar.
Debemos estar siempre atentos a las circunstancias y a las señales que se nos presentan.
Muchas veces por ir contra ellas, nos va mal y no logramos nuestro objetivo.
Hay que darle “Tiempo al tiempo” y las cosas se van acomodando para bien.Malania
Imágenes de la red y propia.
LA INTRUSA
Era una gata triste que caminaba por los tejados y dormía bajo la luz de la luna con un gato vestido de azabache y sol. Él la llamaba con maullidos alegres y ella se sentía feliz. Una de esas noches blancas sin luna él no asistió a la cita. Ella deambuló sola por las calles del barrio hasta que encontró un lugar para dar a luz a dos hermosos gatitos.
Las dos gatas de la vivienda la recibieron sin mimos, indiferentes, como si fuera algo natural permitir la entrada a una intrusa, que llegó para tener a sus crías en el altillo de la casa.
Un día de lluvia apareció el gato azabache ojos de sol y se la llevó junto a los gatitos. A los pocos días, un ruiseñor anunció la visita con su canto. Ella volvió como si esa fuera la casa que tuvo siempre, pero no como visita, vino a quedarse. Temerosa, se acerca a comer y a tomar agua. No pide mimos ni ronronea como las otras dos. Pero se la ve bien, al menos tiene techo y comida. De sus hijos no se supo nada más.Malania
Imagen: M. J. T.
EL SUEÑO DE MAHARAJÁ
En una noche oscura y fríaHuma sentía el respirar de los gorrionesa través de la ventanilla de cristales empañadosen un bosque de almendrosrodeado por un prado de margaritas silvestresa orillas de un caudaloso río.Las olas subían por la rocay luego resbalabanfluyendo por ambos ladospulimentando una piedra.Las olas eran largas y profundaspero sin espuma que rompieraen sus crestas redondeadas.Las gotas de lluviase pegaban unas contra otrascon gratuita violenciacomo la que causaría el marsi estallara en espuma blanca.En un profundo y embriagador sueñolos rayos descarriados iluminaban su sonrisa.Se dio vuelta, se volvió un ovilloy como caracol, durmió plácidamentehasta el primer trino de una calandrialuego de una noche de lluvia tormentosa.MalaniaImágenes: M. J. T.UN HOY DIFERENTE
Bajo un cielo inquietocon síntomas ocasionalesdel regreso de buenos pronósticos,soportando el parpadeo pasional de Venuscon vientos cálidos en el mismísimo invierno,se cerró la lluvia en su pompa vitraly la mala mañana desapareció
empalagada por el beso de las mariposas.Texto: Malania
Fotografía: gentileza J. H.AROMA A BOSQUE
Se le enrojeció la piel
por la resolana cálida.
Sentado sobre una roca
se quedó contemplando
el agua transparente de la cascada,
en contraste con la laguna calma,
por el escaso caudal a falta de lluvia
que se ha puesto amarronada.
El espectáculo vibrante
de las hojas de los árboles
que bailoteaban con el viento,
lucía diferentes tonos verdes
con algunas incandescentes.
La luz del pasado mediodía
invadía el límpido cielo.
Las nubes desaparecieron.
El característico olor a bosque
inundaba las horas de la siesta
junto al canto de las cigarras.
Y el hombre pensativo
seguía disfrutando
del repiqueteo de la cascada.Malania
Imagen: N. R.