• Leyendas

    LEYENDA DEL VIEJO OMBÚ

    Según cuentan los más ancianos, en un pequeño pueblo de mi país, un Gaucho solía sentarse todas las tardes en una esquina. 
    Dicen que esperaba a su amada que un día partió y no regresó. Ahí solían encontrarse todos los días.
    El tiempo pasó y él seguía yendo todas las tardes a la misma hora a esa esquina, quedándose hasta el oscurecer. 
    Siempre en silencio inmóvil se lo veía; quien lo conocía sabía su pena de amor.
    Aún viejito, seguía presente en dicho lugar al atardecer, así hasta el último día de su vida.
    Con el tiempo no se lo volvió a ver más en la esquina, según algunos falleció en soledad.
    Poco a poco con el tiempo empezó a crecer un árbol en el lugar, un ombú. 
    Muchos hoy dicen que ese árbol es el alma del Gaucho enamorado presente en el lugar, aún a la espera de su amada. 

    Aporte del Poeta Uruguayo Miguel Márquez

    Imagen: de la red

  • Poemas

    MAPAS EN LA ESPALDA

     

    Aun dormida, ella,
    siguió buscando palabras en el vacío
    hasta encontrar lo que quería.
    No había una sola página demás.
    Tomó un libro de la estantería virtual
    lo abrió al azar y lo encontró.
    Leer algunos párrafos se convirtió
    en una costumbre habitual
    jamás él la decepcionó en la lectura.
    Poesías y poemas
    y alguno que otro relato
    a veces extraño, ilógico
    otras veces los recuerda
    latente y patente
    como si los hubieran vivido juntos.
    Algunos quizás
    inventos de su imaginación (de él)
    como si sintiese placer en saberlo todo
    dejando a los demás en la inopia.
    Hoy
    la última sílaba quedó suspendida
    desgajada en el aire.
    De repente las palabras se esfumaron.
    Ella
    intentó continuar pero no encontró nada.
    Abrió los ojos y alargó la mano
    hacia las notas de luz que flotaban en el aire
    como si quisiera retenerlo.
    Y lo recordó
    como todas las madrugadas.
    Recordó
    que hacer mapas en su espalda dorada
    con sus dedos, con su lengua,
    era el sueño de su vida.

    Malania

    Imagen de la red

     
     
  • Efemérides

    DÍA DE LOS ENAMORADOS

    Cada 14 de febrero,  el mundo celebra el amor, el cariño y la amistad a través de lo que se conoce como Día de San Valentín.
    La festividad tiene sus raíces en la antigua Roma.
    Se cree que San Valentín fue un sacerdote que, en el Siglo lll, desobedeció la orden del emperador Claudio ll de prohibir los matrimonios de jóvenes soldados, argumentando que los hombres casados eran malos soldados.
    El Papa Gelasio l formalizó el culto al santo, a fin de cristianizar la celebración pagana de Lupercales, que tenía lugar en febrero.

    Información de la red.
    Imagen: de la red

  • Poemas

    DESPERTAR EN LA NOCHE

    Palabras que acarician mi alma.
    Silencios que traen recuerdos,
    de un pasado que no existió.
    De un amor que está presente,
    como olas de mar en calma.
    Amor…
    En el tiempo, en la distancia.
    En estrellas del amanecer
    que no restan su importancia.
    En el arco iris de paisajes
    que van al vuelo. Estás ahí,
    como caricia de terciopelo.
    Palabras a cielo abierto
    desencadenadas de una tormenta.
    Pasa la noche,
    no es todo sueño.
    Palabras con rayos de sol,
    latidos del corazón, aumentan.
    Un ¡Te quiero!, corre hacia el viento,
    la nube blanca es amuleto.
    ¡Te espero!, grito en silencio.
    ¡Te amo!, queda en suspenso…

    Malania

    Imagen: Rox E. S.

  • Poemas

    SIN SENTIDO

    ¿Para qué remar contra la corriente?
    si naufragarás en medio del mar.
    ¿Para qué soplar en contra del viento?
    Te endurecerá el corazón, el aire polar.
    Y todo, todo será dolor,
    todo, todo será mentira,
    no sentirás al amor,
    desaparecerá en la gran vía.
    La angustia se apoderará de tu cuerpo,
    dormirás con rencor,
    o te quitará el sueño.
    Y en ese mar que un día te dio alegría,
    hoy, sin la muerte, serás
    solo un triste perdedor en vida.

    Malania

    Imagen propia

  • Relatos

    NO LO ABANDONES

    El sol se apodera del entrelazado asfalto que une mi casa con la tuya, con la de ella, con la de él.
    A mediodía quema los pies descalzos de las mascotas perdidas.
    Ya no les quedan sueños solo lamentos de un caminar sin fin.
    Buscan comida entre las bolsas de residuo que los vecinos dejan en los canastos.
    Pedazos de pan, restos de carne en huesos del asado del domingo, o del puchero de cualquier mediodía.
    Entre rejas miran hacia adentro para ver si algún alma solidaria le tira un poco de comida fresca.
    Con pena se alejan buscando la sombra de algún árbol y un poco de agua que algunos buenos vecinos dejan a propósito para que ellos sacien su sed.
    Otras veces se alegran moviendo la cola en agradecimiento por la comida fresca que alguien les ofrece. Pero no se quedan, siguen su camino entre muros de cemento y agrios silencios.
    Es la rutina de perros (no tanto de gatos), que luchan por subsistir.
    Han nacido en algún lugar, alguien los habrá criado desde pequeños, o quizás desde temprana edad, han sido abandonados por los que fueron sus dueños. Los dejaron en un yuyal, en un descampado, o en algún lugar soleado y con asfalto caliente. Quién sabe. Nunca han tenido ni siquiera una caja de cartón con un pedazo de trapo viejo donde poder dormir los días de invierno. Ni un oso de peluche para jugar como muchos perros tienen. Han nacido y crecido en una cuna de lamentos: “no te quiero”, “no tengo tiempo para cuidarte”,  “no tengo comida para darte, el presupuesto no alcanza”. O lo que es peor: “no te me acerques”, “sal de aquí, hueles mal”, y tantas otros pretextos para no aceptar a estas “criaturas” o animales, como mejor te quede llamarlos. No saben hablar, no saben pedir ni quejarse, se comunican con su mirada cuando están tristes o enfermos, o cuando necesitan algo, y con el batir de sus colas cuando están alegres.
    Y en estos transitados trayectos les duele la vida, les quema el desánimo al caminar por el asfalto caliente en busca de comida y agua.
    Si cada uno de nosotros se apiadara de ellos, al menos colocando recipientes con agua fresca, que podemos cambiar todos los días, y algún pedazo de pan o restos de comida fresca, no pasarían hambre ni sed. Ellos no tienen la culpa de haber nacido o de haber sido abandonados.

    Y si en tu barrio o ciudad no has encontrado a ninguna de estas mascotas callejeras, eres afortunado de que no te duela el alma por verlos sufrir.

    Malania

    Imagen: propia. Es de un perro que apareció en el lugar y le brindaron refugio.

  • Poesía

    SI PUDIERA

    SI PUDIERA

    Si pudiera regresar el tiempo
    y brincar al compás del viento,
    habitar al borde del mar
    y del alba aspirar el aire fresco.
    Si pudiera hoy tomar tus manos
    acariciar tus suaves dedos,
    caminar por frescos senderos
    al ritmo joven de nuestros cuerpos.
    Hoy todo sería distinto,
    los susurros del amor serían más claros,
    el eco de tus palabras resonaría eterno,
    y en tus ojos vería el reflejo
    de un “para siempre” compartido.
    Pero el tiempo, como río, no vuelve,
    y solo nos queda un hermoso recuerdo.

    Malania

    Imagen: propia y de la red

    Parque Centenario. Fotos Andres Perez Moreno / prensa Ambiente y Espacio Publico
  • Poemas

    SENTADA SOLA

    Te vi sola y lejana, sentada, guardabas silencio,
    tu voz callada mientras el tiempo se iba.

    Te vi en tu tristeza, quise acercarme pero no pude,
    dejé seguir el momento, no logré entender tu pena.

    No me animé a preguntar, tuve miedo a molestar,
    el viento mecía suave tu cabello, parecía acariciarte.

    Sentada sola estabas, en mí las preguntas,
    ¿Por qué? sin respuestas, cómo saber qué te hiere.

    Te vi y nada pude hacer, cómo calmar tu dolor,
    no puedo olvidar, tú llorabas, tan solo miré sin hacer nada.

    Sentada sola ahí en ese viejo banco de una plaza casi vacía,
    me faltaron palabras para llevarte consuelo,
    me fui también, llorando y no comprendí.

    Autor: Miguel Márquez

    Imagen: Rubén E. Ch.

  • Poemas

    MISMAS HORAS, DISTINTOS TIEMPOS

    Cómo saber sin hacer ¿?
    es como vivir sin amar
    He soltado hace ya tiempo
    amarras de mi puerto.
    Las estrellas de mis sueños me han guidado.
    Como un niño voy descubriendo mi camino
    dejándome llevar.
    Atravesando incertidumbres cultivo mis certezas
    y así las huellas voy dejando atrás.
    Tan solo eso quedará…
    Hacia adelante va mi vida.
    Hay tierras que no he de volver a pisar.
    Cerraré algunas puertas y otras tantas
    se abrirán.
    Aunque al día le pongan nombre
    y en veinticuatro se divida,
    lo que pasó, se fue
    y lo que vendrá, no existe.

    Autor: Patricio Massa
    Imagen de la red

  • Haikus

    OTRO ATARDECER

    Vuela un pájaro
    sobre las nubes grises.
    Encandila el sol.

    No hay azules
    Los colores se mezclan
    en mar abierto.

    Cae la tarde.
    Amarillo y naranja
    pintan el cielo.

    Malania

    Imagen: Gentileza Ricardo Gamero