• Poemas

    UNA SOMBRA EN LA VENTANA

    Un punto que une
    la mañana con la tarde:
    la sombra que se posa
    cada día en mi ventana.
    Los segundos desfilan
    y la sombra se desplaza
    buscando lentamente
    el amanecer del mañana.
    La luz se pierde en la noche
    las sombras se vuelven calmas
    hasta que el tiempo traiga
    nuevas luces al alba.
    Los segundos avanzan
    dejando huellas marcadas
    y a mediodía aparece
    la misma sombra en la ventana.

    Malania

    Imagen: propia

  • Haikus

    EL HORIZONTE

    Haikus

    EL CONTRASTE
    Blanca la arena.
    Luces bailan en sombras.
    Brilla el refugio.

    LA NOCHE Y EL MAR
    Noche de calma.
    El hotel observa el mar.
    Fuego en el vidrio.

    EL HORIZONTE
    Luna discreta.
    Arena bajo mis pies.
    Luces de fiesta.

    Malania

    Imagen: Roxana E. S.

  • Poemas

    EL ECO DEL MAR

    El eco del ruido del mar
    pasea por la playa sin descanso.
    A lo lejos se observan olas
    que galopan sin pausa
    y con implacable fiereza,
    segundo tras segundo,
    esperando tal vez
    el sosiego del viento,
    en un atardecer pastel,
    con nubes multicolores
    que navegan y se mezclan
    entre sombras calmas.

    Malania

    Imagen: Claudia D.

  • Poesía

    DOS DIMENSIONES EN CAJAS SIN REGALOS

    Brilla la caja al sol, pura apariencia,
    dos mundos albergando en su figura:
    afuera, el goce ingenuo de la altura,
    adentro, un hueco mudo en decadencia.

    Promete con su gesto la abundancia,
    pintada en tonos dulces de tertulia;
    más dentro, solo late la penuria,
    la sombra que deshace la esperanza.

    Dos dimensiones guardan su delirio:
    la faz que invita al sueño y lo provoca,
    y el fondo donde habita el desconsuelo.

    Así se abre el cartón: nace el martirio.
    Hermosura por fuera, engaño en boca,
    y un aire de mentira alzando vuelo.

    Malania

    Imagen: Propia

  • Poemas

    EL PULSO DEL HORIZONTE

    Con o sin hojas, nada oculta,
    ofrece sombras, frescas bajo el cielo,
    quizás vulnerable por sus ramas torcidas.
    Contemplarlo, se lo ve tan verdadero.

    Y es en esa franqueza donde brota
    la belleza de lo que ya no teme:
    fuertes raíces insisten en la piedra,
    su vida avanza aunque todo decline.

    Mirarlo es aprender del borde mismo,
    del límite que no cierra, que invita.
    Porque hay presencias que, aun solas,
    nos revelan que la altura no asfixia:
    solo marca el pulso del horizonte,
    ese lugar donde la vida continúa
    respirando, sin apuro, día tras día,
    bajo su sombra susurrante y silenciosa.

    Malania

    Imagen propia (Resistencia, frente al predio de la Bienal del Chaco)

  • Poesía

    ENTRE PENSAR Y DUDAR

    Se sienta a la orilla del día,
    midiendo el aire, contando sombras,
    como si el mundo fuera un acertijo
    y no un instante que exige paso.

    Entre sus manos, la duda late
    como un pájaro que nunca emprende vuelo;
    todo lo piensa, todo lo frena,
    pone espinas al más llano terreno.

    Y mientras calcula cada gesto,
    la vida pasa, ligera y muda,
    llevándose oportunidades intactas
    como frutos que nadie alcanza.

    Así, en su quietud, se marchita;
    se vuelve eco de lo que no hizo,
    memoria de un impulso que no llegó.

    Y al final, queda apenas un suspiro
    lastimado por tanto silencio
    y oportunidades que en nubes se han ido.

    Malania

    Imagen: Propia

  • Poemas

    SUÉLTAME, QUE ME DESHAGO EN GEOMETRÍAS

    Suéltame…
    que sin ti también existo:
    soy gaviota dibujada en el reverso de una sombra,
    un día que se pliega en sí mismo
    y estalla en fragmentos de azul inventado.

    No me extravío cuando me ausento;
    soy flor suspendida en un hilo de silencio,
    raíz que no toca tierra
    porque la tierra decidió volverse humo.

    Soy brújula sin cardinales,
    ciclo que se abre y se cierra
    en un punto que nadie nombra;
    soy barca que navega en mares sin agua,
    mares hechos de respiraciones que no recuerdo.

    El amor no es nudo ni ancla,
    es un eco que se curva
    y se disuelve antes de alcanzar la boca;
    un destello que no promete,
    un tacto que no persiste.

    El tiempo dejó de existir
    cuando las agujas se volvieron pájaros,
    y yo aprendí a caminar
    sobre la línea invisible
    que separa la forma del deseo.

    En esa frontera sin bordes
    mi fuerza se expande,
    y no depende de nada…
    ni siquiera de mí.

    Malania

    Imagen: propia

  • Poemas

    LA TOALLA CELESTE

    Podrías enviarme una fotografía tuya,
    envuelto en aquella toalla celeste
    que aún sueña con evaporarse.
    ¿Lo recuerdas?
    La mía era igual,
    pero de un rosado que olía a crepúsculo.

    A veces la olvidabas
    como quien deja su sombra apoyada en una silla.
    Yo sospechaba que era un ritual,
    una conspiración del algodón y la piel,
    una forma de que la humedad
    me hablara en tu idioma.

    La toalla hacía lo que el aire no se atrevía,
    rozaba tus hombros hasta confundirlos con el cielo.
    Tu espalda —ese mapa imposible—
    se extendía como un continente recién descubierto,
    y el vapor del baño inventaba fronteras que yo cruzaba sin permiso.

    Me pedías que te secara,
    pero lo que en verdad querías
    era que el agua recordara mi tacto.
    Los pies, las piernas,
    ese territorio donde el deseo se derrite
    y el tiempo queda suspendido,
    como una gota que nunca termina de caer.

    Una toalla hacía lo que yo no podía:
    desaparecer en tu cuerpo
    y seguir siendo objeto.
    Yo, en cambio,
    me quedé siendo voz,
    evaporada,
    en el vaho azul de esa fotografía que aún no existe.

    Malania

    Imagen de la red

  • Prosa Poética

    POLVO ACUMULADO

    Los búhos de colección, cada cual con sus colores diferentes, reflejan en sus ojos y sus cuerpos, expresiones como si fueran gestos identificando su origen. Algunos miran de soslayo, otros de frente encandilando a quien los observa.
    Quizás se comunican entre ellos en las noches calladas, recordando los escaparates donde han estado por quien sabe cuánto tiempo con polvo acumulado sobre su frágil lomo, y el día que fueron adquiridos por su dueña de hoy día, hogar donde son mimados y admirados sobre todo cuando se les desempolva con paños suaves para no despintarlos.
    Cuando queda atrás la sombra de la noche y el sol los ilumina por la mañana, brillan como si fueran lo más preciado de la casa.  
    Mamá búho los vigila y los protege en la repisa de madera.

    Malania

    Imagen: Propia

  • Poemas

    ENTRE CERROS

    Corre el viento tras la neblina
    hasta llegar al cerro.
    El árbol vigila,
    por momentos quieto.
    Su sombra preciada ampara
    al caminante más inquieto.
    Los cerros murmuran
    los guardados secretos.

    Malania

    Imagen: propia