• General

    HELIOTROPO

    Callaba para escuchar el silencio de la sala,
    mientras  tejía maravillosos versos sin artificios.
    Su rostro asalmonado soltaba
    gestos de pasión, dulzura o sorpresa,
    mientras con su mirada recorría
    los cuadros de la galería.
    De pronto se detuvo ante uno
    con predominio del color que más preciaba.
    Sintió un olor fino y suave que de allí brotaba,
    ramilletes de heliotropo aroma a violetas.
    Vaciló si era cierto o estaba soñando.
    Al lado había uno con flores de habas
    pero no percibía ningún perfume.
    Caminó hasta el final de la galería
    y el aroma lo perseguía.
    Volvió al lugar del cuadro de heliotropos
    y envuelto en imaginación de melancólicos paisajes,
    hizo nacer su obra poética.
    Al otro día regresó para comprar el cuadro
    pero este ya no estaba.

    Imagen de la red.

  • Poemas

    AL AMANECER

    ¿Por qué versos tristes?
    si los prefiero alegres
    ¿Para qué llorar si existe?
    la ternura y el amor ardiente.
    Aunque no puedo negar…
    extraño tu saludo en madrugada
    y tus besos tempraneros
    meciéndose en mi almohada.
    Extraño tu dulce tu sonrisa
    y tus ojitos color miel
    que hacen brillar las estrellas
    en cálido amanecer.
    Imagen de la red.
  • General

    MENTE JUGUETONA

    Hay cosas que son porosas al espíritu y se impregnan de él.
    Hacen nacer del corazón versos en cadena
    con eslabones de interminables y estremecidos recuerdos.
    La mente juguetona parece electrizar la pluma
    y las palabras saltan con ligereza por sí mismas
    como si fueran pájaros de rama en rama.
    Pero también se oscurecen en la penumbra
    y desvanecen con desencanto fortuito
    como campanillas y hierbas silvestres
    componiendo un grimorio complejo.
    Entonces, nacen la soledad y el silencio   
    y el poeta se recluye en su descontento.

    Imagen: R. E. CH.

  • Poemas

    EL TREN

    Tus poemas contienen
    entre sus versos,
    el viento cálido
    de una mañana de enero
    y el sol brillante
    del mediodía,
    cuando te acompañaba
    mientras te ibas.

    La taza de café,
    esa en la que bebías
    con dos de azúcar,
    conserva tu mirada color miel
    sobre tus grises ojeras,
    señal de insomnios continuos.

    Tomabas el tren
    con la esperanza de descansar,
    con la visión de cosas diferentes,
    recordando hermosos momentos,
    y te alejabas, respirando
    la atmósfera de nuestros tiempos.

    Imagen: C. J. V.

  • Poemas

    EL NUDO DE LA CORBATA

    Acaricié mi imaginación
    con la vista del mar,
    con el olor de mi habitación,
    la velocidad del viento,
    el deseo de desayunar contigo,
    la incertidumbre de los diversos paseos,
    unido a la sensación de la seda
    de tu corbata gris tornasol,
    al no saber hacer el nudo
    en tu cuello perfumado,
    dando mil vueltas.
    Te reías y me enseñabas
    ¿lo recuerdas?
    Creo que todavía te amo.

    Imágenes de la red.

  • Poemas

    AL POETA CON AMOR


    ¿Acaso se puede transmitir al lector
    un placer que no se ha sentido,
    o una vivencia que no ha tenido?
    Quizás en su inventiva
    y un poco de locura imaginativa,
    puede sacar de la galera palomas verdes
    o colibríes estampados con flores,
    de esas que chupan para alimentarse.
    El poeta transmite lo que siente,
    lo que ve, lo que vive o ha vivido.
    Lleva las cinco letras (p-o-e-t-a) en su sangre, y puede
    hacer todo eso y mucho más
    cuando la inspiración lo envuelve.
    Sus versos viajan como notas musicales,
    en una marea calma con buen tiempo.
    O como aguijones tortuosos en marea alta
    en días de mal tiempo.
    A veces seduce a la vida con su alegría,
    con recuerdos de existencia sustraídos al tiempo.  
    Otras veces con contemplación fugitiva,
    se escapan de su vista
    hasta la más mínima hormiga,
    y desaparecen con el sol
    los más mínimos fragmentos furtivos.

    Imagen: M.J.T.

  • Poemas

    ACTITUD DE POETA

    Ya no arroja el poeta sus palabras con fuerza
    en versos plasmados en hojas blancas
    y a contratiempo, como olas revueltas.
    Camina, ondeando los pasos bajo la lluvia
    con la vista fija y de a ratos perdida
    en las baldosas sueltas,
    indiferente a las lentejuelas de oro y naranja
    con que el mismo sol salpica
    las ventanas de las casas.
    Un aire agrio y ventoso lo transporta
    al otro lado de la ciudad sombría.
    Reflejos de fuego en los espejados ventanales
    se mezclan con lo plateado de sus cabellos.
    Un resplandor estruendoso lo estremece  
    y una voz casi imperceptible
    le hace cambiar el rumbo.
    ¿Alguien lo sigue, lo vigila o lo cuida?
    ¡Quién sabe! Quizás ni el poeta lo sabe.

    Imagen de la red.

  • General,  Poemas

    DETRÁS DE UN CERRO

    No recuerdo cuál fue el primer día
    que comencé a observar la luna y las estrellas.
    Creo que nace ese poder de contemplación
    cuando el amor se manifiesta y corre por nuestras venas,
    entonces surge la necesidad de ir
    más allá de nuestro alrededor,
    de buscar nuevos horizontes
    y así encontrarnos con la fuente de inspiración,
    muy poderosa por cierto, la luz de la luna,
    que si bien no es suya propia,
    sabe reflejar muy bien al astro rey de la naturaleza,
    obra de la creación del universo.

    Es por eso que sufro cuando veo y siento que:
    Se ha anestesiado el poeta
    se han vuelto mudos sus versos
    sus palabras se han ahogado
    en aguas del manso río
    detrás de algún cerro.

    Y es por eso que le digo:
    Sé como el pájaro, vuela.
    Que la tormenta no detenga tu soñar.
    No pierdas el tiempo en rencores
    o en nostalgias por cosas no realizadas.
    Sé un triunfador ante todos
    vístete de sonrisas
    construye tus días con alegría
    y pinta al viento
    con tus versos en melodías.
    Recuerda que eres poeta en esencia
    y ríndele homenaje en emotiva memoria
    a aquel día cuando has escrito
    tu primer poema de amor.
    No dejes que nada ni nadie
    te quite el poder de reflejar tus deseos
    en el canto alegre de un zorzal.

    Imagen: R. E. Ch.

  • Poemas

    EL DON DE SER POETA

    Mágicas letras atraviesan el portal
    derribando cicatrices que creía curadas
    ceden paso a una lágrima al despertar  
    recuerdos adormecidos por el tiempo
    y la nada.
    Creí que era una sola
    no me di cuenta que detrás
    venían lágrimas en caravana.
    El dolor estalla
    todo da vuelta a mi alrededor
    sorbo a sorbo voy tragando
    lo amargo de la soledad no agotada.
    Caen destellos de preguntas
    ¿Por qué te has ido
    si vibrabas de juventud a los 59?
    Deshojabas dulzura
    y a pesar de que celabas de mis versos
    tus ojos siempre reflejaban
    ¡poesía!
    Y a ti, el  de las mágicas letras:
    has revuelto mi corazón  
    con tu don de ser poeta.
  • General

    LO QUE DICE ELSA

    Me dices que estos versos son oscuros, y acaso
    lo son, sin embargo, menos de lo que he querido.
    Cerremos nuestra ventana sobre la felicidad robada,
    por miedo a que entre el día,
    y vele para siempre la foto que deseaste.
    Me dices nuestro amor si es que inaugura un mundo,
    es un mundo en el que la gente gusta de hablar sencillamente.
    Deja allá a Lancelot, deja la Tabla Redonda,
    Ireo Virnana Esclarnionda,
    que por espejo tenía una espada deformadora.
    Lee el amor en mis ojos y no en las sombras.
    No trastornes tu corazón con sus antiguos filtros.
    Las ruinas a mediodía son solamente escombros.
    Esa es la hora en que tenemos dos sombras
    para mejor estorbar el arte de los románticos.
    Tendría acaso la noche más encanto que el día.
    Vergüenza para aquellos que ante el puro cielo no suspiran.
    Vergüenza para aquellos que, un niño de golpe no desarma.
    Vergüenza para aquellos que no tienen lágrimas
    para un canto callejero una flor en los prados.

    Tú me dices si tú quieres que te ame y te ame.
    Es preciso que ese retrato que vas a pintarme
    tenga como un verde nido sobre fondo de crisantemo.
    Un tema escondido en su tema.
    Y une al amor el sol que ha de venir.
     
    Autor: Louis Aragon fallecido en París en 1982 (Elsa, su esposa)