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DORONDÓN

 Lo vi con rostro vacilante, incierto como una memoria infiel. Su tez pálida, había dejado atrás el color de antes,  un rosa festivo. Su pelo plateado daba impresión de noble dux. Pero una ligera obesidad lo fatigaba hasta dejarlo dormido luego de ingerir cualquier alimento.
En contraste a eso, como los árboles que en otoño varían sus colores, pareció cambiar su esencia cuando la vio llegar temblorosa y agobiada por el dorondón. El brillo en sus ojos lo transformó y esbozó una sonrisa que le hizo quitar su amargura. Un fuerte abrazo fue el inicio de su abrigo.
La vejez a veces se manifiesta como algo moral, y no es permanente el mismo estado de ánimo. Los cambios atávicos desaparecen de un momento a otro según la situación vivida.
Hoy la niebla espesa y fría los reunió para continuar juntos en la vida.

Imagen: N.V.S.

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