• Poemas

    REGALOS VACÍOS

    Llegan las manos temblorosas,
    niños, ancianos, almas en tránsito,
    despertando una chispa de fiesta
    ante las cajas vestidas de colores.

    El papel brillante se desgarra
    como un amanecer que promete abundancia,
    y en los dibujos de frutas, cereales y pasteles
    respiran su perfume imaginado.

    Creen tocar la salvación con los dedos,
    pero al abrir la entraña de cartón
    solo encuentran un hueco frío,
    un silencio que golpea fuerte y vacío.

    La nada les estalla en los ojos,
    la ilusión cae hecha polvo sobre el suelo,
    y el llanto —viejo y nuevo—
    se mezcla con la nube de sombras al vuelo.

    Porque cada caja, tan perfecta, tan radiante,
    es apenas una sonrisa cruel disfrazada de promesa,
    una ausencia envuelta con esmero,
    un espejismo que se deshace entre sus manos.

    Y allí, en la hondura de ese vacío,
    se revela una oscuridad antigua,
    ligera como un alma cansada
    que ya partió hacia el otro lado del valle,
    dejando solo el eco
    de lo que pudo haber sido alimento,
    y fue nada.
    El hambre continúa, danza en la panza,
    y en burbujas de aire se desplaza.

    Malania

    Imagen propia                        

  • Poesía

    AMOR DE VIDA

    Si volviera a verte,
    amor de mi vida,
    sabrías que en mi pecho
    tu ausencia sigue herida.

    Me pierdo en tu silencio,
    me envuelve su dolor;
    y en él voy descubriendo
    la sombra del adiós.

    Mi vida es para ti,
    mi eterno y fiel deseo;
    soñar que estoy contigo
    alivia lo que siento.

    Quisiera así abrazarte,
    besarte como ayer,
    y darte mis anhelos,
    mis sueños de papel.

    Aquellos que tejimos
    bajo el amanecer,
    jurando estar unidos
    por siempre y hasta el fin.

    Amor, cuando te nombro
    susurro mi querer:
    tu ternura me enciende,
    tu dulzura es mi bien.

    Te amo por tu fortaleza,
    por todo lo que fue;
    aunque el tiempo nos cambie,
    jamás te olvidaré.

    Malania

    Imagen: gentileza de Ricardo G.

  • Relatos

    SI VOLVIERA A VERTE

    “Si se volvieran a ver, ella emitirá un silencio para contemplarlo.”
    Alguien escribió esa frase y me ha hecho reflexionar.
    Sinceramente, si lo volviera a ver algún día,
    depende de quien sea, seguramente reaccionaría
    de diferente manera.
    He pensado en dos personas:
    a una, la contemplaría sin emitir palabra,
    quizás con una sonrisa.
    A otra persona, correría para abrazarla.
    En fin…todo depende del sentimiento del momento
    y también, del acumulado en su ausencia.
    Mi vida ha sido sacudida por un ventarrón de cambios:
    domicilio, ocupación, costumbres.
    Gracias a Dios, las puntadas en el pecho que a veces tenía
    no eran por problemas cardíacos (según los médicos) sino por ansiedad o mala conciencia (recuerdos ingratos).

    Malania

    Imagen: Javier A. T.

  • Poemas

    AMOR IMPOSIBLE

    Hay una parte de mí
    que vive soñando contigo
    pendiente de ti.
    Cada día despierto contigo
    te siento y sonrío,
    estás lejos de aquí.
    Amor increíble
    Amor imposible
    Amor de locura
    Sintiendo sin ti.

    Tu yo, vanidoso
    se burla, altivo,
    se ríe de mí.
    Y cuando llega la noche
    te busco en mis sueños.
    Me duermo en tus brazos
    me siento feliz.
    Tu vida, ajena a mí,
    sin saber lo que siento.
    O, acaso, sabiendo,
    muy lejos de aquí.
    Caricias sin roce,
    latidos pequeños.
    Dibujos sin trazos,
    labios sin carmín.

    Malania
    Poema de El Refugio de la Playa

    Imagen: propia

  • Poemas

    SUSURRO DE AUSENCIA

    Sus ojos lo buscaron
    como quien abraza
    lo que no se puede tocar
    y en una calma agitada
    hablaron el idioma
    que solo podían entender
    el corazón y el alma.
    No hubo palabra
    que no cubriera el vacío,
    ni silencio
    que no presagiara,
    con el eco de los latidos
    un sentimiento oculto.
    El reloj, con un lento tic tac,
    devoró las horas,
    y con la última campanada
    llegó el fin del encuentro.
    En su sonrisa,
    quedó guardada la imagen,
    como un secreto dulce
    que solo el corazón conoce.
    Lo acarició con la mirada
    y sin querer herirlo
    lo estrechó
    en un interminable abrazo.
    Ella lo miró partir
    por el andén del tren
    en aquel largo subterráneo.
    Aún susurra su nombre
    cuando el silencio se hace noche.


    Malania

    Imágenes: Gentileza de A. M. N. y propia

  • Poemas

    MELANCÓLICOS DOMINGOS

     Hoy el café sabe a eco,
    a pasos que no vuelven,
    a mensajes sin enviar.

    La ciudad bosteza lento,
    como si el tiempo dudara
    en avanzar sin ti.

    Hay domingos que no son días,
    sino estados del alma:
    una canción antigua,
    una foto sin filtro,
    una ausencia con nombre.

    Me siento en el borde del sofá
    como quien espera que algo pase,
    aunque sepa que nada pasa
    cuando el corazón está en pausa.

    Hoy los minutos son suaves,
    la melancolía me invade.
    Hoy me abrazo en silencio,
    porque a veces,
    la nostalgia también es compañía.

    Malania

    Imagen: Roxana E. S.

  • Poemas

    LABERINTO ESPIRALADO

    Mi mente deambuló perdida   
    por la 9 de Julio y otra avenida.
    Caminé como en laberinto espiralado.
    Nada ya me importaba
    si no encontraba lo que yo buscaba.
    La ausencia y lejanía se presentaban
    como un enigma bajo las estrellas
    esas que yo no veía.
    Ni los destellos de los faros
    mis pensamientos iluminaban.
    Hoy las aureolas son más brillantes,
    hacen nacer corrientes
    de inspiración, como vertidas
    de un manantial transparente.
    De aquella locura inquieta y sin sol,
    esa que mi soledad rondaba,
    no quedan vestigios, hoy no existe.
    Ya no pierdo la consciencia por un amor
    que se devuelve en desamor.
    Ya no me pierdo en el laberinto de la nada,
    si el viento sonrisas me regala,
    me divierten la nieve y la escarcha.
    El rocío fresco de la mañana
    me hace respirar profundo
    llenando mis pulmones de aire puro,
    sin recuerdos amargos.
    El sonar de campanas
    los domingos a la mañana,
    o los días entre semana
    anunciando el Ángelus,
    no me traen nostalgia,
    simplemente me alegran.
    Disfruto de los árboles
    sus frutos maduros y sus flores
    porque hay vida en ellos,
    se expresan con todos sus colores.

    Malania

    Imagen: propia

  • General

    INDIFERENCIA

    De los tantos posibles tropiezos
    que hemos podido tener en la vida,
    sin querer nace la indiferencia.
    Cuántas veces nos golpeamos la cabeza
    ante un amor no correspondido,
    por no poder tomar conciencia,
    con serenidad ante la ausencia
    de atracción y compromiso del otro.
    La apatía se instala sin conciencia,
    el sentimiento de amor vuela y muere,  
    por falta de interés y con frecuencia
    el cuerpo, el alma y todo el ser,
    reaccionan sin rechazo, sin atracción,
    evadiendo  el compromiso y la pasión.
    Pero los días continúan
    y nacen otros sentimientos,
    amor por la vida, por la naturaleza
    con su extraordinaria y milagrosa belleza.
    Como el sol que se integra al río
    para acariciarlo con calor y brillo.
    Como la mascota Kiara
    que disfruta del estar alzada.
    Como el paisaje verde y aromático
    que nos saluda al pasar
    con sus ramas al viento y su canto.
    Como la luna llena
    que ilumina los campos
    y la brisa atardecida y fresca.
    No hay indiferencia,
    hay amor por la vida misma.


    Malania

    Imágenes: Rosana G. B., Roxana E. S., Yoli R. y Jorge T.

  • Cuentos,  Relatos

    MELANCOLÍA

    Omy y su mamá Elyn se iban por el mes de febrero a una cabaña alquilada en la playa mientras Alex se quedaba trabajando y se reunía con ellos los fines de semana.
    Como la mayoría de los maridos de aquel país, presumían de no tomar jamás vacaciones porque eran indispensables en sus trabajos.
    Según Elyn, esposa de Alex, era una expresión más del machismo criollo. ¡Cómo iban a renunciar a la libertad de solteros de verano que podían gozar! Además habría sido mal visto que Alex, que era médico, se ausentara del Hospital durante un mes. Pero su motivo principal, era que la playa le traía malos recuerdos, de cuando vivió muchos meses atendiendo a los refugiados en el campo de batalla y se había propuesto no volver a pisar más la arena.

    Lo que Elyn no sabía era que Alex aprovechaba la soledad de esos días para dar rienda suelta a su melancolía, esa que permanecía en el abismo de sus entrañas, en cada rincón de su cuerpo, esa que se había instalado para -quizás- no abandonarlo jamás. Se le instaló ingenuamente como un huésped descortés. Aprovechaba para fumar cigarros de esos que se fabricaban con hojas y tabaco picado como lo hacía su abuelo, y los llamaba puros.
    Entre las cenizas que caían veía sus anhelos envueltos en historias rotas y un sentimiento de derrota de la vida misma.
    Sentía una presencia callada y en su soledad notas de ausencias.
    Su cuerpo se estremecía al mínimo ruido de aviones y de trenes, que si bien no vivía cerca de las estaciones, según el sentido del viento se escuchaba. Su propia sombra a veces lo asustaba, pero era su compañía junto al sol de los buenos días. A veces le daba impresión de que el tiempo no avanzaba, que estaba detenido en el espacio, sobre todo en las noches de desesperanza, esperando la aurora y el nacimiento de un nuevo día.
    Todo volvía a la normalidad cuando Elyn y Omy volvían a la casa.

    Malania

    Imagen: propia

  • Poemas

    ENTRE TIPAS FLORECIDAS

    Y él se fue,
    entre árboles de flores perfumadas,
    donde el viento tejía memorias
    con hilos de luz en cascada.

    No miró atrás.
    Sus pasos callaban promesas
    que aún en mi pecho temblaban,
    como hojas que no quieren caer.

    El suelo, una alfombra amarilla,
    dibujaba el camino de su despedida,
    y cada hoja era un adiós
    que el otoño guardaba en su partida.

    Subió al tren sin palabras,
    como quien ya ha llorado en silencio,
    como quien se lleva la mitad del cielo
    y deja la otra mitad ni en ruinas ni suspenso.

    Yo me quedé allí,
    bajo los árboles que aún olían a nosotros,
    esperando que el perfume bastara
    para no olvidarlo del todo.

    Y él se fue,
    quizás definitivamente,
    pero su ausencia sigue llegando
    con la floración de tipas y naranjos.

    Malania

    Imágenes: gentileza de mi amiga Mariana. Bs As.