CUIDA TUS PALABRAS
Hay vocablos que se afilan
en las sombras de la lengua,
ganchos hechos de ceniza,
garfios que revientan venas;
son jaurías desatadas
en la noche del silencio,
incendios en las entrañas,
relámpagos sin consuelo.Son venenos que respiran
entre grietas mal cerradas,
punzones que se disfrazan
de caricias disfrazadas.
A veces llegan rastreras,
como serpientes ardientes;
otras, vienen como toros
que arrollan todo al frente.Precaución, extrema, siempre,
con la voz que se desquicia,
la que salta como pólvora
y se pudre en su avaricia.
Son mareas desbordadas,
tempestades en cadena,
cuervos rotos en el aire
goteando llagas ajenas;
y son tumbas que se abren
cuando estallan de rabia,
porque un verbo sin conciencia
hiere más que mil espadas.Las palabras son semillas
que germinan luz o peste:
si se lanzan sin alma
solo engendran hambre y muerte.Atiende, atiende bien
al filo oculto del verbo.
Y no solo al verbo,
también a los adjetivos
y a los sustantivos,
a las sílabas famélicas
que rondan como espectros.Malania
Imagen: de la red
LA SOSPECHA
(Tercera parte)
En se momento don Carlos se dio cuenta que, efectivamente, el Gringo, el hijo menor de la viuda, hacía tiempo que no estaba en el barrio y tampoco la Marta, la hija mayor.
– Sabe que tiene razón, doña, ni el Gringo ni la Marta.
– Ud no es buen observador, le espetó la vecina.
– Y dónde andan.
– No sabemos porque la viuda no quiere hablar de ellos. Eso fue después que la policía le dijo que Raúl no había muerto del golpe en la cabeza, sino que había sido envenenado.
Don Carlos, quedó sorprendido, ¿envenenado?, se dijo.
– Cómo es eso.
– Miré la policía le dijo eso a la viuda unos días después del entierro y no hizo ningún comentario. Solo le dijeron que Raúl habría tomado veneno de hormigas y eso era probable, ya que era un poco descuidado y nunca se lavaba bien las manos después de manipular el veneno. Y mire, don Carlos, que yo soy capaz de hacer hablar a un muerto, sin embargo, no le pude sacar una palabra a la viuda.
Se hizo un silencio no muy largo y la chismosa le preguntó casi al descuido,
– ¿Sabía que la viuda es abuela?
– -No, que iba a saber si casi no me meto con los vecinos.
– Si, es de la Marta y el nene ya tiene casi un año y medio.
– Y dónde está ella, preguntó don Carlos.
– Se fueron ella y el Gringo pocos días después del entierro. La viuda quedó muy triste, pero ya le están rondando la casa y se va alegrando poco a poco.
– Y ¿Quién es el padre?, ¿Ud sabe?
– No hay padre, don Carlos.
– ¿Cómo que no hay padre, fue el Espíritu Santo?
La chismosa no dijo nada, solo lo miró con picardía y se fue a su casa.
Don Carlos quedó pensativo. Qué raro es todo esto, pensó. Empezó a recordar detalles de aquella muerte. Fue el Ernesto el que le dijo que Raúl había muerto, pero no le supo explicar bien lo que había pasado. Don Carlos quedó pensativo. En ese momento sintió que alguien le chistaba. Se dio vuelta y el Ernesto le dijo en silencio:
– Vino la Marta con su hijo que ya tiene dos años y medio, ¿no la quiere ver?,
– Y para qué le dijo Don Carlos.
– Bueno Ud sabe, los chicos siempre delatan al padre, le dijo el Ernesto y lio miró con picardía.
Don Carlos se quedó pensativo. Así que conociendo al hijo conozco al padre…¡qué bueno!…Sus pensamientos se vieron interrumpidos por unos comentarios que alguien le hizo en voz alta. Don Carlos caminó por la vereda y se dirigió hacia donde escuchó los ruidos. Cuando llegó a la esquina giró a la derecha donde estaba la casa de la Raquel. Había bullicio porque se habían acercado para saludar a la Marta que acababa de llegar. Tenía al nene en brazos. Don Carlos sintió curiosidad y se acercó despacito hasta el grupo. La Marta lo vio y sonriendo le saludó:
– ¡Buen día don Carlos! Cómo anda.
– ¿Muy bien gracias, y vos?
– Y aquí estoy, de paseo con mi hijo.
Y al decir esto se lo presenta y don Carlos lo miró y entendió lo que le acababa de decir el Ernesto: Juliancito, era el calco del viejo Raúl. (Fin)Autor: Manuel Clemente Rodríguez
Imagen: de la red
LA SOSPECHA
Mucho tiempo pasaría desde aquel día nefasto en el que se habría de descubrir la trama urdida por el hijo menor de la viuda.
Por aquellos años solía pasar un verdulero que agitaba la calma de la mañana en el pueblo callado. Ofertaba sus verduras, sus frutas maduras y perfumadas con el aroma consabido de la estación. Naranjas, mandarinas, manzanas traídas de Rio Negro, kiwis. Al cabo de unos minutos, las vecinas salían de sus casas para comprar alguna cosa o para chusmear entre ellas las últimas novedades. El verdulero, que las conocía muy bien, tenía para cada una un comentario referido a lo primero que le llamaba la atención. El caballo, manso y paciente, esperaba la orden de seguir adelante, mientras masticaba algún mato de pasto semiseco. Ese día las vecinas estaban casi en silencio. No hablaban y don Carlos, el verdulero, sospechó que algo fuera de lo común había pasado. No dijo nada, pero sus oídos estaban sumamente atentos a cualquier comentario. Pero nada, ni una palabra. Apenas un ‘buen día’ rápido como si hablar fuera considerado una especie de delación. Eso era, precisamente, lo que flotaba en el ambiente. Escuchó un comentario que le llamó poderosamente la atención: alguien había muerto. Pero la muerte no lo había buscado con el lento carcomer de una enfermedad. Había llegado y en breves minutos se lo llevó: un asesinato.
Don Carlos no sabía cómo había venido la mano. Un crimen, se dijo pensativo. Poco a poco las mujeres se empezaron a soltar.
– Lo mataron a don Raúl.
– Pero quién, como fue, preguntó don Carlos.
– Mire hasta ayer andaba, como todos los días, caminando por el barrio. Fue a la nochecita cuando nos enteramos. Lo van a velar recién después del medio día porque la policía tiene que hacer una autopsia pues se trató de un crimen. Lo encontraron con un golpe feroz en la cabeza.
Nadie sabía nada. El barrio quedó sumido en un gran silencio.
Cuando terminaba la recorrida, don Carlos regresaba a su casa. Ese día terminó antes. Tal vez sea porque la gente quedó impresionada, se dijo don Carlos. Lo cierto fue que cuando llegó a su casa, su esposa lo primero que le dijo,
– ¿Te enteraste?,
– De qué tengo que enterarme, le dijo Don Carlos.
– Lo mataron a Raúl y parece que fue alguien de la familia.
– Si me enteré, pero nadie me dijo nada. Parece que no quieren hablar del tema.
Don Carlos se calló. No sabía muy bien por qué no quería hablar del asunto, aunque sus pensamientos volvían sobre Raúl, un buen hombre, al menos eso creía él. Se sentó para el almuerzo y prendió el televisor, pero sus pensamientos volvían sobre el pobre Raúl. Siempre pensé, se dijo a sí mismo, que no era bueno para él juntarse con la Raquel. Nunca se lo había dicho. La Raquel no es mala pero ya había estado con varias parejas y siempre sus separaciones terminaban mal. Claro, ¿qué separaciones terminan bien? Tendré que ir al velorio. Comió casi sin darse mucha cuenta de la riquísima sopa que había preparado su esposa. Del televisor ni se acordó. Lo miraba sin verlo. Cuando terminó su almuerzo fue a echar una siesta.Continuará.
Autor: Manuel Clemente Rodríguez (Manu)
Imagen: De la red
EL NIÑO Y EL PERRO
Un niño llamado José, todos los días cuando no estaba en la escuela, recorría el pueblo con su perro.
Llegaba a todas las casas que podía para preguntar si no necesitaban algo, estaba siempre dispuesto a hacer mandados.
Era muy conocido en el pueblo además de ser muy querido por todos, nunca se negaba a lo que los vecinos le pedían.
Nadie pedía algo que un niño no pudiese hacerlo, y ahí él con su perro, firmes a cumplir con lo que le pedían.
Por cada mandado o tarea le daban una moneda que no pedía y las iba juntando, al final del día se las daba a su madre, era de familia muy humilde.
Así pasaba sus días para poder ayudar en las compras de alimentos para sus hermanos pequeños.
Dónde iba, su perro lo seguía, se habían vuelto inseparables, tanto el sentimiento entre ambos, que no se los veía solos.
Si veían al animal frente a un comercio José estaba dentro realizando compras.
Una tarde fría de invierno el niño encontró a su perro agonizando e intentó todo para que mejorase.Todo lo que hizo y buscó, no dio resultado, su mascota terminó falleciendo, eso entristeció mucho al niño.
Ya no era el mismo sin su perro, con el pasar de los días se lo dejó de ver a José, y en el pueblo se preocuparon por él.
Cuando de la escuela lo fueron a ver, estaba en su casita simple muy enfermo en cama.
Llevaron a un médico que lo trató pero nada pudo hacer por él, se encontraba muy grave.Decidió que lo internaran en un hospital en la ciudad, no dio garantía de que pudiese mejorar aunque haría todo para eso.
A los cinco días el pueblo lloró su muerte y la escuela permaneció cerrada estando de luto.
Un anciano sentado frente a la sede vecinal del barrio donde el pequeño era velado miró al cielo.
Llorando dijo en voz alta para que todos escuchasen.
–Se fue el niño y el perro, nada será igual, no pasará su figura con su mascota siempre juntos–
Así todos despidieron a José que, como su perro se ganaron el cariño de todos.
Con el tiempo la única plaza del pueblo pasó a llamarse Plaza José y en ella un monumento al niño con su perro.Autor: Poeta uruguayo Miguel Márquez
Imagen: de la red
ARROGANCIA
ÍCARO Y DÉDALO
Del laberinto oscuro alzó su vuelo,
Dédalo dio a su hijo alas de engaño,
frágiles dones, sueño tan extraño,
que lo elevaron libre hacia el cielo.Mas Ícaro, embriagado en su anhelo,
despreció la prudencia del tamaño,
y en ímpetu de gloria, en tardo apaño,
buscó la llama ardiente del consuelo.El sol, severo juez de la osadía,
licuó la débil cera de su suerte,
y el mar lo recibió con agonía.Así nos deja ejemplo en su caída:
que al hombre, por querer rozar la muerte,
le cuesta cara a veces la subida.Malania
Imagen: de la red
El simbolismo:
La historia de Ícaro es una parábola sobre el peligro de la arrogancia excesiva y la ambición desmedida También simboliza la importancia de la moderación, el equilibrio y el conocimiento de los propios límites, así como las consecuencias de desafiar las leyes naturales.
LAS ROSAS DE LUISITA
Para quien florece aún en cada pétalo
En el rincón callado del jardín,
donde la luz despierta con ternura,
brotan las rosas que una vez sus manos
plantaron con amor y con dulzura.Ya no está Luisita entre nosotros,
y sin embargo, el viento trae su risa
cuando el pimpollo blanco, tibio y suave,
se abre al sol con gracia y sin prisa.Primero es un susurro amarillento,
como un recuerdo tímido en la brisa.
Luego el color se enciende, se transforma,
rosado pálido, rosado en brisa.Algunas guardan tonos matizados,
como si hablaran de su alma sencilla.
Cada flor lleva un eco de su paso,
y en su perfume vive Luisita.No hay muerte cuando el amor florece.
Ella vive en el canto de estas rosas.
En cada brote nuevo, cada espina,
su memoria se hace eternamente hermosa.Malania
Imágenes: L.M.R. (Neca) y propias



VESTIDA DE VIOLETA
Toda la ciudad se vistió de violeta.
Las hojas cedieron el paso a las flores y los árboles de jacarandá engalanaron el ambiente ciudadano.
El viento se encarga de alfombrar plazas y veredas con pétalos violáceos.
La vista del viajero no puede zafar del espectáculo primaveral.
Y más de uno se preguntará:
¿Adónde se fueron las hojas?
¿No están celosas de las flores?
¿Cedieron el paso o ellas se las sacaron?
Pero como todo vuelve…un día las flores se irán y reaparecerá el verdor de las hojas.
Ya no serán las mismas, serán nuevas y tiernas.
Y después vendrán más flores, y tampoco serán las mismas, serán otras.
Esa es la vida misma, la que continúa y la que luego da lugar a otra vida.
La muerte existe. Y por eso mientras está la vida hay que saber vivirla.Malania
Imagen: Propia
DÍA DEL PAPA
Y Día de San Pedro y San Pablo
El 29 de junio es uno de los feriados más importantes de la Iglesia Católica: se celebra el Día de San Pedro y San Pablo, coincidentemente con el Día del Pescador.
También es el Día del Papa. Por ello, en El Vaticano hay una celebración especial y congrega a muchos feligreses.
San Pedro y San Pablo son considerados por autoridades eclesiales y feligreses, como mártires y patronos de Roma por entregar sus vidas a la propagación del Evangelio. Son los dos apóstoles que acompañaron a Cristo en su misión evangelizadora y son los pilares de la Iglesia Católica, pues sin ellos no hubiese podido organizarse ni cobrar la forma que ha adquirido a lo largo de los siglos.
Pedro, fue el hombre elegido por Cristo para ser “la roca” de la Iglesia:
“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Pedro aceptó con humildad su misión hasta el final, hasta su muerte como mártir.
San Pedro, antes de ser un apóstol, fue pescador, una actividad que marcó su vida, pues luego Jesús le encargó ser “pescador de hombres”, el 29 de junio los pescadores le piden la bendición y protección a sus salidas al mar.
Pablo, el perseguidor de cristianos que se convirtió en Apóstol de los gentiles, es un modelo de ardoroso evangelizador para todos los católicos porque después de encontrarse con Jesús en su camino, se entregó sin reservas a la causa del Evangelio.
La fiesta de San Pedro y San Pablo, cuyo nombre oficial es solemnidad conjunta de San Pedro y San Pablo es la conmemoración del martirio en Roma de los apóstoles celebrada el 29 de junio.Información e imagen de la red.
SIN SENTIDO
¿Para qué remar contra la corriente?
si naufragarás en medio del mar.
¿Para qué soplar en contra del viento?
Te endurecerá el corazón, el aire polar.
Y todo, todo será dolor,
todo, todo será mentira,
no sentirás al amor,
desaparecerá en la gran vía.
La angustia se apoderará de tu cuerpo,
dormirás con rencor,
o te quitará el sueño.
Y en ese mar que un día te dio alegría,
hoy, sin la muerte, serás
solo un triste perdedor en vida.Malania
Imagen propia
MORETONES
25 de noviembre: Día Internacional de la lucha contra la violencia de género.
A Celia Raquel la llamaban Cera. Ella atribuía ese apodo a las dos primeras sílabas de sus nombres, pero los compañeros de la escuela lo asociaban con el color de la piel pálida y mustia y se lo decían sin piedad. Siempre fue de perfil bajo y muy buena en los estudios. Pero a los padres no les importaba eso, eran humildes al extremo y necesitaban que su hija trabaje a la par de ellos. Asistió a la escuela solamente hasta segundo grado, pero a pesar de eso nadie la podía engañar en cuentas de matemáticas ni en ortografía. O quizás la enseñanza de antes ¿era mejor que la de hoy día? Es algo que siempre me pregunto.
Cera tenía 15 años y cuidaba de sus hermanos menores cuando sus padres se ausentaban para vender sus productos de la chacra.
Un día sábado llegaron a su casa los padres de la novia de su hermano Mikel. Venían en son de hacer un trato entre las dos familias. Mikel quería casarse con Irena, pero los padres de la chica aceptarían esa unión únicamente a cambio de Cera, la que debía casarse con el hijo de ellos y hermano de Irena, llamado Mejailo. Como los jóvenes “no tenían ni voz ni voto”, al poco tiempo se llevaron a cabo las bodas, el mismo día para ambos. La fiesta de Irena y Mikel duró una semana completa en la casa de Mikel, mientras que la de Cera y Mejailo se realizó en la casa de este último. Como no quedaba lejos una de otra participaban en cada una en diferentes horarios. Las fiestas se caracterizaban por la música, el baile y la comida típica y casera.
Irena tuvo tres hijas mujeres mientras Cera, quien tuvo a su primer hijo al año de casada, después tuvo cuatro hijos más. Nunca contó si se casó por amor o por obligación. Nunca se vio que la pareja se diera un beso o un abrazo, ni siquiera se tomaban de la mano.
La hija menor de Cera, María Eulalia, vivía aterrorizada por el comportamiento de su padre. Cuando llegaba a su casa alcoholizado, golpeaba a su madre dejándole moretones en sus piernas, rompía lo que encontraba a su paso y la destrataba con palabras obscenas. Nunca supo por qué su padre se comportaba de esa manera con su madre, porque a sus hijos no los tocaba, nunca les hizo daño. Ella consideraba a su madre una santa, porque trabajaba todo el día en su casa para que no le faltara el pan en la mesa diaria.
Nunca contó nada a sus hijos, del tema no se hablaba en la casa. Pero sí los uniformados venían y se lo llevaban. Muchas veces fue preso por darle golpes a su madre, los vecinos se encargaban de denunciarlo ante las autoridades policiales. Pasado el día, la mujer le llevaba ropa limpia y comida, y luego lo dejaban en libertad. Quizás ella misma por lástima, pedía que lo liberaran.
María Eulalia nunca le tuvo rencor, respetaba a sus padres, aunque él haya sido un golpeador. Cuando enfermó, la madre lo cuidaba día y noche, hasta el momento de su muerte. La mujer, a pesar de haber podido reconstruir su vida con otro hombre, prefirió vivir sola el resto de su vida, por más de diez años.
María Eulalia recuerda con mucha tristeza los moretones en las piernas de su madre y el jarrito de aluminio todo magullado, sobre el brocal del pozo, colgado de un grueso clavo, con el que tomaban el agua pura del pozo de vertiente.Malania
Imagen de la red

