CUIDA TUS PALABRAS
Hay vocablos que se afilan
en las sombras de la lengua,
ganchos hechos de ceniza,
garfios que revientan venas;
son jaurías desatadas
en la noche del silencio,
incendios en las entrañas,
relámpagos sin consuelo.
Son venenos que respiran
entre grietas mal cerradas,
punzones que se disfrazan
de caricias disfrazadas.
A veces llegan rastreras,
como serpientes ardientes;
otras, vienen como toros
que arrollan todo al frente.
Precaución, extrema, siempre,
con la voz que se desquicia,
la que salta como pólvora
y se pudre en su avaricia.
Son mareas desbordadas,
tempestades en cadena,
cuervos rotos en el aire
goteando llagas ajenas;
y son tumbas que se abren
cuando estallan de rabia,
porque un verbo sin conciencia
hiere más que mil espadas.
Las palabras son semillas
que germinan luz o peste:
si se lanzan sin alma
solo engendran hambre y muerte.
Atiende, atiende bien
al filo oculto del verbo.
Y no solo al verbo,
también a los adjetivos
y a los sustantivos,
a las sílabas famélicas
que rondan como espectros.
Malania
Imagen: de la red
MATE AL ATARDECER
VIRGEN MEDALLA MILAGROSA
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