Cuentos

LA SOSPECHA

(Tercera parte)

En se momento don Carlos se dio cuenta que, efectivamente, el Gringo, el hijo menor de la viuda, hacía tiempo que no estaba en el barrio y tampoco la Marta, la hija mayor.
– Sabe que tiene razón, doña, ni el Gringo ni la Marta.
– Ud no es buen observador, le espetó la vecina.
– Y dónde andan.
– No sabemos porque la viuda no quiere hablar de ellos. Eso fue después que la policía le dijo que Raúl no había muerto del golpe en la cabeza, sino que había sido envenenado.
Don Carlos, quedó sorprendido, ¿envenenado?, se dijo.
– Cómo es eso.
– Miré la policía le dijo eso a la viuda unos días después del entierro y no hizo ningún comentario. Solo le dijeron que Raúl habría tomado veneno de hormigas y eso era probable, ya que era un poco descuidado y nunca se lavaba bien las manos después de manipular el veneno. Y mire, don Carlos, que yo soy capaz de hacer hablar a un muerto, sin embargo, no le pude sacar una palabra a la viuda.
Se hizo un silencio no muy largo y la chismosa le preguntó casi al descuido,
– ¿Sabía que la viuda es abuela?
– -No, que iba a saber si casi no me meto con los vecinos.
– Si, es de la Marta y el nene ya tiene casi un año y medio.
– Y dónde está ella, preguntó don Carlos.
– Se fueron ella y el Gringo pocos días después del entierro. La viuda quedó muy triste, pero ya le están rondando la casa y se va alegrando poco a poco.
– Y ¿Quién es el padre?, ¿Ud sabe?
– No hay padre, don Carlos.
– ¿Cómo que no hay padre, fue el Espíritu Santo?
La chismosa no dijo nada, solo lo miró con picardía y se fue a su casa.
Don Carlos quedó pensativo. Qué raro es todo esto, pensó. Empezó a recordar detalles de aquella muerte. Fue el Ernesto el que le dijo que Raúl había muerto, pero no le supo explicar bien lo que había pasado. Don Carlos quedó pensativo. En ese momento sintió que alguien le chistaba. Se dio vuelta y el Ernesto le dijo en silencio:
– Vino la Marta con su hijo que ya tiene dos años y medio, ¿no la quiere ver?,
– Y para qué le dijo Don Carlos.
– Bueno Ud sabe, los chicos siempre delatan al padre, le dijo el Ernesto y lio miró con picardía.
Don Carlos se quedó pensativo. Así que conociendo al hijo conozco al padre…¡qué bueno!…Sus pensamientos se vieron interrumpidos por unos comentarios que alguien le hizo en voz alta. Don Carlos caminó por la vereda y se dirigió hacia donde escuchó los ruidos. Cuando llegó a la esquina giró a la derecha donde estaba la casa de la Raquel. Había bullicio porque se habían acercado para saludar a la Marta que acababa de llegar. Tenía al nene en brazos. Don Carlos sintió curiosidad y se acercó despacito hasta el grupo. La Marta lo vio y sonriendo le saludó:
– ¡Buen día don Carlos! Cómo anda.
– ¿Muy bien gracias, y vos?
– Y aquí estoy, de paseo con mi hijo.
Y al decir esto se lo presenta y don Carlos lo miró y entendió lo que le acababa de decir el Ernesto: Juliancito, era el calco del viejo Raúl. (Fin)

Autor: Manuel Clemente Rodríguez

Imagen: de la red

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