Poemas

LA TOALLA CELESTE

Podrías enviarme una fotografía tuya,
envuelto en aquella toalla celeste
que aún sueña con evaporarse.
¿Lo recuerdas?
La mía era igual,
pero de un rosado que olía a crepúsculo.

A veces la olvidabas
como quien deja su sombra apoyada en una silla.
Yo sospechaba que era un ritual,
una conspiración del algodón y la piel,
una forma de que la humedad
me hablara en tu idioma.

La toalla hacía lo que el aire no se atrevía,
rozaba tus hombros hasta confundirlos con el cielo.
Tu espalda —ese mapa imposible—
se extendía como un continente recién descubierto,
y el vapor del baño inventaba fronteras que yo cruzaba sin permiso.

Me pedías que te secara,
pero lo que en verdad querías
era que el agua recordara mi tacto.
Los pies, las piernas,
ese territorio donde el deseo se derrite
y el tiempo queda suspendido,
como una gota que nunca termina de caer.

Una toalla hacía lo que yo no podía:
desaparecer en tu cuerpo
y seguir siendo objeto.
Yo, en cambio,
me quedé siendo voz,
evaporada,
en el vaho azul de esa fotografía que aún no existe.

Malania

Imagen de la red

Dejá tu comentario