Sus ojos lo buscaron como quien abraza lo que no se puede tocar y en una calma agitada hablaron el idioma que solo podían entender el corazón y el alma. No hubo palabra que no cubriera el vacío, ni silencio que no presagiara, con el eco de los latidos un sentimiento oculto. El reloj, con un lento tic tac, devoró las horas, y con la última campanada llegó el fin del encuentro. En su sonrisa, quedó guardada la imagen, como un secreto dulce que solo el corazón conoce. Lo acarició con la mirada y sin querer herirlo lo estrechó en un interminable abrazo. Ella lo miró partir por el andén del tren en aquel largo subterráneo. Aún susurra su nombre cuando el silencio se hace noche.
4 Comentarios
Anónimo
Buenísimo!!! Qué inspiración!!!
Malania Nashki
Muchas gracias por tus palabras.
A veces la inspiración brota cuando hay lectura de por medio que permite hacer esto.
Buena jornada.
Abrazo.
Anónimo
Hermoso poema. Gracias por compartirlo. Dios bendiga tu talento. Feliz día. Amén
Malania Nashki
Muchas gracias.
Bendiciones también para ti.
Feliz día.
Saludos