LOS TRES GARFOS
El asado crepitaba lento bajo el cielo abierto del campo. Entre risas y charlas distraídas, mi tenedor cayó al suelo. Un descuido, pensé. Pero casi enseguida, el de mi amiga siguió el mismo destino, y sin darnos tiempo a comentar, el de mi hijo cerró la extraña secuencia. Tres tenedores al hilo, como si el almuerzo hubiera marcado un compás invisible.
Nos miramos en silencio, sorprendidos. El campo parecía escuchar. Entonces entendí que no era torpeza ni casualidad: era una pausa que la vida nos pedía. Tres caídas para recordarnos que estábamos ahí, juntos, compartiendo algo simple y valioso. El asado podía esperar; el momento no.
Desde entonces creo que algunas señales no anuncian desgracias ni augurios, sino que nos invitan a bajar el ritmo, a volver al presente. Porque a veces, hasta un tenedor que cae tres veces seguidas, solo viene a decirnos: deténganse, miren, disfruten.
Malania
Imagen de la red
HOMENAJE
EL HORIZONTE
También te puede interesar
RUTINA
enero 25, 2021
NEBLINA
julio 6, 2024