Poesía

PACHAMAMA

Ya canta el monte temprano,
despierta el río al pasar;
agosto llega silbando
con perfume de chañar.

Se arrodilla la mañana
sobre el vientre del terrón,
y la Pachamama espera
nuestro humilde corazón.

No es un día cualquiera,
lo sabe el cielo y el sol;
la tierra viste de fiesta
con su poncho de color.

Se abre el patio de la casa,
se enciende el fuego ancestral;
la memoria de los viejos
vuelve a hacerse carnaval.

Corre la caña con ruda
como un rezo en la reunión;
cada sorbo es un “gracias”,
cada trago, una bendición.

Dicen que espanta las penas,
que al mal lo deja partir,
y que fortalece el alma
para volver a vivir.

¡Salud, Madre de los montes,
de la espiga y el mistol!
Que nunca falte tu abrazo,
ni la lluvia, ni el farol.

Porque el hombre es solo un hijo
de tu inmensa voluntad;
quien cuida la tierra, cuida
su propia eternidad.

Que florezcan los caminos,
que haya cosecha y calor;
y que agosto nos recuerde
vivir sembrando el amor.

Levantemos nuestras copas
mirando el amanecer;
por la Pachamama eterna,
¡gracias por tanto ofrecer!

Y que la caña con ruda,
como enseñó la tradición,
nos encuentre cada agosto
con fe, respeto y unión.

Que nunca muera la costumbre,
ni el respeto al vegetal;
porque quien honra a la Tierra
siembra un mañana ancestral.

Brindo por la Pachamama,
por su infinito verdor;
que el primero de agosto
nos encuentre con amor.

Malania

Imagen de la red

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