• General

    LECTURA DE LIBROS

    La lectura no solo amplía el vocabulario, también corrige la ortografía; ensancha la manera de pensar, afina la mirada y despierta preguntas que antes no existían.
    Sin embargo, resulta inevitable notar cómo el interés por los libros físicos se ha ido diluyendo con el tiempo, aunque muchos continúen leyendo en formatos digitales. Y aunque esa forma también me acompaña, siento que no es lo mismo.

    Hay algo casi ritual en entrar a una librería, recorrer estanterías, elegir un libro y sentir su peso entre las manos, o en pedirlo prestado en una biblioteca, donde el silencio parece custodiar miles de historias. El libro físico no es solo un objeto: es presencia, pausa, compañía.

    Visitar librerías y bibliotecas se convierte entonces en un acto de resistencia y de refugio, un escape sereno frente al ruido constante de la ciudad. En medio del caos, leer así es una manera de recuperar la calma, de habitar el tiempo con sentido y de encontrarse, aunque sea por un instante, con uno mismo.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Poemas

    ACHIRA

    La flor, a gusto no se sentía,
    pensaba cómo embellecer su imagen.
    Consultó con el verde de las hojas
    y con la tierra caliente a mediodía.
    Cuando se despertó,
    en un soleado día,
    el amanecer la sorprendió:
    unos de sus pétalos
    vestían de otro color.
    Quizás la tierra roja
    y un rayo de sol
    forjaron en ella ese otro color.
    La flor agradeció
    y por mucho tiempo
    erguida y esbelta, permaneció.
    Ni el calor de mediodía
    esta vez la sofocó.

    Malania

    Imagen: propia

  • Efemérides

    DÍA NACIONAL DE LA ANCIANIDAD

    28 DE AGOSTO

    Cada 28 de agosto, en Argentina, se celebra el Día Nacional de la Ancianidad, que tiene como objetivo reivindicar los derechos de las y los ancianos.

    Por qué se conmemora en esta fecha el Día Nacional de la Ancianidad:

    La fecha fue elegida debido a que, un 28 de agosto de 1948, Eva Perón proclamó los derechos de los ancianos a la asistencia, el cuidado y el esparcimiento; garantías que luego formarían parte de la Constitución de 1949.

    Esta visión significó una serie de avances sociales, entre los que destacaba el derecho a la asistencia, que tiene como finalidad la protección integral del anciano por cuenta de su familia y, en caso de desamparo, por el Estado.

    Cuáles son sus derechos:

    Las y los ancianos tienen derecho a: – Respeto – Asistencia – Esparcimiento – Vivienda – Alimentación – Vestido – Salud física – Salud moral – Trabajo – Tranquilidad

    Información de la red.

    Imagen: de la red

  • Minicuentos

    TIRA Y AFLOJA

    Había una vez un burro que siempre acompañaba y ayudaba a su dueño. Pero un día se empacó y no quiso avanzar hacia donde su dueño lo quería llevar. Empezaron a tironear cada uno por su lado y el burro, cansado de tanto esfuerzo, alzó las orejas y se detuvo. Su dueño, frustrado, lo miró y le dijo: “¿Por qué no quieres ir conmigo? ¡No es tan difícil!”

    El burro, con una mirada pensativa, respondió: “No es que no quiera ayudarte, es que siento que siempre me haces ir por el mismo camino, sin preguntarme qué quiero hacer. A veces, me gustaría seguir mi propio rumbo.”

    El dueño, sorprendido por la respuesta de su burro, se detuvo a pensar. Recordó cuántas veces había tomado decisiones sin considerar cómo se sentía su fiel compañero. Con una sonrisa, se agachó y le acarició las orejas.

    “Lo siento, amigo. No me había dado cuenta de que también tienes tus propios deseos. Vamos, tomemos un camino diferente, a ver adónde nos lleva.”

    Y desde ese día, el burro y su dueño comenzaron a explorar nuevos senderos juntos, siempre escuchándose y aprendiendo el uno del otro.

    Malania

    Imagen de la red. Gentileza de Patricio M.

  • Poemas

    DE FIESTA LOS SENTIDOS

    El aroma dulce de la crema
    de las medialunas y el café,
    con el sabor perfecto,
    y la vista contemplativa
    de los altos edificios,
    hicieron que sus sentidos
    estuvieran de fiesta.
    De a ratos sentía
    que sus pies no pisaban tierra firme,
    sino que lo hacía sobre nubes o algodones.
    Tenía la sensación de que flotaba.
    La ciudad ruidosa pero bonita, tenía
    esos regalos para sus habitantes:
    calles con adoquines, árboles gigantes
    parques con mucho verde y flores.
    Con ojos cristalinos por la emoción
    andar por los mismos lugares
    le causaba fuertes y extrañas sensaciones.
    No fue una idea descabellada
    visitar Buenos Aires una vez más.

    Malania

    Imagen: de la red

  • Relatos

    TORMENTAS

    En “algo más que palabras” su autor Patricio escribió:
    “Donde las palabras se llaman a silencio y en el alma refugian su sentir”

    Al leer la frase y ver la imagen con la que ilustró, recordé a mi tía Irene, hermana de mi padre. La llamaban “Irena”, descendiente de ucranianos y así era el nombre en su país.
    Cuando el tiempo estaba feo, con truenos y relámpagos, tenía tanto miedo que se quedaba muda y hasta su alma temblaba. Me gustaba ir a visitarla cuando vivía en el campo con mi tío Miguel (Mijailo). Él trabajaba todo el día como jefe de cocineros en un colegio religioso de pupilos. Sabía cocinar muy bien y ella también. Cuando sabía que yo iría a pasar el fin de semana en su casa, preparaba ricota casera y con eso, varenikes o varenekis (perogui o perohé) y los cubría con crema de leche. Además hacía budín de pan y crema pastelera con caramelo, porque sabía que me gustaba todo eso. Ella misma ordeñaba las vacas muy temprano, antes de la salida del sol. Mientras cocinaba me contaba historias de su vida. Lo quería mucho a mi tío y él a ella. Entre otras cosas me contó que sus padres no hubiesen permitido casarse si los padres de Miguel no hubieran autorizado que Ana, mi madre, se casara con el hermano de Irena, también llamado Miguel. Entonces se realizó el “matrimonio cruzado”, hermano  y hermana casados con hermana y hermano. Mi madre tenía 16 años y mi padre 22.
    La tía le contó a mi madre que cuando llovía, tronaba y había muchos relámpagos, era tanto su miedo que hasta llegaba a esconderse debajo de la cama. Por supuesto, eso hacía cuando todavía era joven y soltera. No podía pronunciar palabras, su miedo la dejaba petrificada pero el corazón le latía tanto que temía, le saltara por la boca. Decía que no le daba vergüenza recordarlo, le daba risa y era una de sus anécdotas de la vida.

    Malania
    Tomado de la vida real.

    Imagen propia y de la red.