Poemas

EL RELOJ INTERIOR

Hubo un tiempo en que corría,
como si la vida premiara al primero en llegar.
Creía que la prisa era el idioma de los sueños,
y que detenerse era perder y llorar.
Pero el camino, sabio en sus silencios,
me habló con la voz de las caídas y las tormentas.
Me enseñó que no toda carrera
se conquista con velocidad,
y que a veces el paso más valiente
es aquel que sabe esperar.
Aprendí a caminar sobre cáscaras de huevo,
con el alma despierta y los sentidos abiertos,
descubriendo que no toda sonrisa nace del corazón,
ni todo elogio es reflejo de la verdad.
Hay palabras que abrazan de frente y,
al darse vuelta, se convierten en sombras.
Hoy camino despacio.
Ya no persigo las horas, ni discuto con el reloj.
Solo escucho el compás que marca mi pecho,
ese latido sincero que conoce los senderos
antes que mis propios pasos.
Porque el corazón,
cuando aprendemos a oírlo,
es el único mapa que casi nunca se equivoca.
Y en su calma he encontrado el destino
que la prisa jamás pudo mostrarme.

Malania

Imagen: propia

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