Poesía

IMPRONTAS

Ella heredaba los gestos de su madre,
pasos medidos,
la palabra justa,
esa costumbre de hablar en hilos breves
como quien teme abrir puertas antiguas.

Del pasado prefería el silencio,
y de su vida íntima,
apenas un borde,
un leve resplandor que no quemara.

El amor había acabado hacía años,
un fuego que alguna vez la sostuvo
y que luego ardió hacia dentro,
dejando una nostalgia tibia,
cada vez más tenue,
deslizándose lenta
a la zona gris de la memoria
donde lo vivido pierde nombre.

Allí buscaba sentido
como quien palpa un objeto en la penumbra:
no hallaba un cariño firme,
ningún ancla que la reclamara.

Y así,
uno a uno
los fantasmas del amor—
sus sombras, sus ecos,
sus viejos remansos—
se fueron desvaneciendo
como humo que reconoce el viento
y por fin
se deja ir.

Malania

Imagen: de la red

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